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El paro baja a niveles de 2008 en Galicia tras crear casi 36.000 empleos en verano

Imágenes de fondo derecha, una trabajadora de la residencia Os Gozos en Pereiro de Aguiar; izquierda, una dependienta en una tienda en Ourense Brais Lorenzo / Iñaki Osorio / FDV

En los 21 días siguientes a la declaración del primer estado de emergencia para frenar la expansión del entonces desconocidísimo SARS-CoV-2 se destruyeron en España tantos empleos con en los tres meses y medio, de septiembre de 2008 a marzo de 2009, que inauguraron la doble recesión financiera. La pandemia pilló a Galicia recuperándose aún del gran pinchazo global. Con la ola inicial del coronavirus se fueron unas 42.600 afiliaciones a la Seguridad Social. Por su rapidez y por la intensidad, es una crisis económica sin precedentes, también porque nunca antes la ocupación aguantó mejor la estocada que el Producto Interior Bruto (PIB). Los ERTE y las prestaciones para los autónomos sirvieron de colchón para que el mercado laboral siguiera ahí, con el mínimo daño posible, en el momento de salir otra vez a las calles. Un año y medio después de la irrupción del COVID-19, la ocupación en Galicia supera con creces las cifras previas al colapso sanitario y toca máximos desde 2010, mientras el paro retrocede a niveles de 2008.

Con la campaña de verano, mucho más efusiva que la del pasado ejercicio, Galicia llegó a los 1,112 millones de ocupados. Entre julio y septiembre se crearon 35.800 puestos de trabajo, según la Encuesta de Población Activa (EPA) publicada ayer por el Instituto Nacional de Estadística (INE) y su homólogo en la comunidad, el IGE. Hacía década y media que la región no incrementaba tanto el empleo en un trimestre, impulsado por la relajación de la situación sanitaria y el fin de las limitaciones a las actividades con mayor interacción social. No es habitual que la evolución de la ocupación en la EPA, elaborada a partir de entrevistas, coincida con los datos oficiales de afiliación a la Seguridad Social, pero esta vez la diferencia es sustancial: la comunidad ganó 12.500 cotizaciones en la media del tercer trimestre y alrededor de 9.200 si comparamos el último día de junio con el último día de septiembre.

Del total de ocupados en Galicia, casi 203.000 no trabajaron ni una hora en la semana previa a contestar la entrevista. La inmensa mayoría porque estaba de días de permiso o de vacaciones. Los afectados por un parón por razones técnicas o económicas y los inmersos todavía en algún ERTE se desploman hasta los 2.200 y los 2.600, respectivamente.

La ocupación se expandió en prácticamente todo el país en los meses estivales, sobre todo en los archipiélagos, que también sufrieron más la sangría laboral por su dependencia del turismo. El empleo en Baleares subió un 8,5% y un 6% en Canarias. Las dos excepciones fueron Andalucía, donde se redujo un 0,2% y La Rioja, con un descenso del 1,5%. En toda España se sumaron 359.300 nuevos empleos, un alza del 1,8%, lo que permitió saltar la barrera de los 20 millones de ocupados, algo que no sucedía desde 2008, antes de la recesión financiera.

¿Cuáles fueron las actividades más dinámicas en el mercado laboral gallego? El comercio despega después de meses muy duros por las restricciones. Su ocupación aumentó un 17% entre julio y septiembre con la incorporación de 6.200 trabajadores. Las empresas de protección y seguridad ficharon a 4.400. Hay 4.300 trabajadores más dedicados al cuidado de personas en servicios de salud; los mismos que entraron en la ocupación como personal de limpieza. La plantilla de los servicios personales (como peluquerías, equipos de azafatas, conserjes o supervisores de mantenimiento) aumentó en 3.600 personas en la comunidad; en 3.100 el sector de los cuidados (a domicilio o efectivos de guarderías); y en 2.900 los operadores de instalaciones y maquinarias fijas.

Entre los que siguieron destruyendo empleo sobresalen las actividades ganaderas, que perdieron 2.900 trabajadores cualificados; la construcción y la minería, con 2.700 peones menos que en junio; el empleo doméstico (2.600); los servicios contables y financieros (2.500); los profesionales de apoyo a servicios jurídicos, sociales, culturales y deportivos (2.100); y los puestos de peón de manufacturas (2.000). La industria, de hecho, deja los datos más preocupantes. A pesar de una subida trimestral de 3.100 ocupados, en el último año arrastra una caída de casi 9.000 empleos y de más de 13.000 en comparación con el tercer trimestre de 2019, la vieja normalidad.

El otro dato que desluce el despegue del mercado laboral de Galicia es el incremento de la temporalidad. El 70% de los nuevos asalariados son eventuales. De cada 100 trabajadores ahora mismo en Galicia, 26 no tienen un contrato indefinido. Una tasa que roza el 30% en las administraciones públicas.

La tasa de paro baja del 12,4% al 10%. Hay en Galicia cerca de 127.000 personas a la espera de una oportunidad, 25.700 menos que en el anterior trimestre y la menor cifra desde finales de 2008. Por eso también el número de hogares con todos sus miembros en paro mermó un 21%: 46.100.

Desde la CIG destacaron ayer el incremento del empleo temporal, “el peor pagado”. Su secretario confederal de Negociación Colectiva, Emprego e Industria reclama a la Xunta “la inmediata puesta en marcha de un Plan Galego de Recuperación”. El mercado laboral en la región se asienta “en la precariedad”, según Maica Bouza, que pide la apuesta “por un nuevo modelo productivo orientado a actividades de mayor valor añadido”. UGT lamenta “el escaso dinamismo” del empleo en Galicia, que arrastra una tasa de actividad del 53%, frente al 60% del Estado. 

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