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El largo y duro invierno del gas

El desplome de reservas, la alta demanda y las restricciones de oferta y en gasoductos dispararán el precio de la electricidad durante meses

La política de choque que está intentando lanzar el Gobierno para atajar la vorágine del precio de la electricidad trata de crear un cortafuego para desvincular parcialmente el recibo que pagan los consumidores del precio mayorista, sobre el que no tiene capacidad de intervenir, y cuya espiral alcista está descontrolada a causa de factores internacionales de oferta y de demanda. La decisión del consejo de ministros del martes es a su vez un intento de movimiento anticipatorio y preventivo ante lo que se avecina: un invierno duro y largo de ascenso muy acusado de los costes energéticos a causa del mercado global del gas, que en el caso español se puede agravar por las incidencias en el suministro a través de los gasoductos procedentes de Argelia.

Gasoductos argelinos

La ruptura de relaciones argelino-marroquíes va a bloquear el gasoducto Magreb-Europa, que transita desde Argelia a través de Marruecos y llega a España por Tarifa, y que transporta el 30% del consumo nacional. El contrato entre Argelia y Marruecos vence en octubre y su cancelación no sólo afectará a España sino que dejará sin gas canalizado a Portugal. La alternativa, el gasoducto Medgaz, que contacta directamente Argelia con Almería, seguirá operativo pero no bastará para suministrar todo el gas argelino que precisa España. Esto obligará a España a recurrir a un mayor aprovisionamiento por vía marítima, lo que agrega costes y deja a España mucho más expuesta a la fortísima especulación internacional. China, Japón y Corea del Sur están acaparando gas natural licuado ofreciendo precios muy altos y, como ocurrió en enero con la borrasca Filomena, los buques metaneros que lo transportan viran en alta mar en plena navegación y enfilan sus proas hacia los países que más pujen por el cargamento a golpe de talonario o de orden electrónica. El presidente de Enagas, Antonio Llardén, desveló la semana pasada que se han puesto en marcha nuevas subastas mensuales de tiempos de descarga de barcos (“slots”) con destino a las plantas españolas de regasificación.

El gas de Rusia

Ahora, la esperanza de España y Europa es que Rusia materialice antes de fin de año, como pretende, la entrada en servicio del gasoducto Nord Stream 2, que surca el mar Báltico hasta Alemania eludiendo el paso por territorio ucraniano, lo que, si se acompaña de un aumento del bombeo de gas ruso, podría permitir un abaratamiento inesperado de este combustible fósil y relajar los mercados mayoristas de la electricidad. Pero esto no es lo que aventuran los indicadores adelantados y los contratos de futuro.

La fuerte demanda

En el mundo hay una demanda desorbitada de gas. A causa de la dureza y prolongación del último invierno y las bajas temperaturas causadas por Filomena en enero, más la ola de calor que golpeó este verano a Asia, Europa, Canadá y otros territorios, los almacenamientos están muy por debajo de la media de los últimos cinco años. En Europa se estima que el “stock” está en el 68% de la capacidad cuando el año pasado por estas fechas se situaba en el 90%. Ante la cercanía del invierno, todos los países en el hemisferio norte (y de modo preferente Asia) tratan de reponer existencias al mismo tiempo. La intensa recuperación económica tras la pandemia también está intensificando la apreciación del combustible fósil (al igual que ocurre con la generalidad de las materias primas), sobre todo por las necesidades de abastecimiento de los sectores industriales más intensivos en consumo de gas. La tendencia alcista del precio y las proyecciones que apuntan a un precio muy superior en las próximas semanas está llevando a muchos países –incluida España– a ser más ambiciosos en sus objetivos de dotar las reservas estratégicas nacionales, lo que contribuye a su vez a alimentar aún más la espiral de precios.

Restricciones de oferta

El ascenso de la demanda se ha encontrado, como fenómeno multiplicador del precio, con restricciones de oferta en diversos países. Por razones geoestratégicas, ha habido reducción de suministros del gas ruso a Europa a través de Ucrania, lo que también se vincula a presiones de Moscú para disuadir los intentos de EE UU de imponer sanciones para frenar el gasoducto ruso bajo el Báltico. A estos fenómenos se sumó una reducción de los flujos de gas procedentes de Noruega por trabajos de mantenimiento en diversos yacimientos y por algunas incidencias imprevistas, y lo mismo ocurrió con el gas británico por las paradas programadas en plantas de Reino Unido, lo que redujo los suministros en un país en el que la producción ya se había reducido el 28% este año.

La influencia del carbón

La alta demanda de gas ha contribuido a encarecer el carbón y la carestía insólita de este mineral –en línea con lo que está ocurriendo con otros productos básicos– está a su vez tirando al alza del precio del gas. Todo ello ha llevado al gas natural a multiplicar por más de cinco su precio en apenas un año. La consultora British Gas comentó la semana pasada a “Financial Times” que estamos ante una “crisis global de abastecimiento”.

CO2 y sistema marginalista

Aunque menos penalizado que el carbón por sus emisiones de efecto invernadero, el gas natural tiene que asumir un sobrecoste adicional por el desorbitado auge alcista que también está experimentado el mercado europeo de derechos de emisión. Desde enero, el precio de los créditos de carbono casi se ha duplicado pese a que ya había protagonizado en los años previos una fortísima revalorización, en parte de naturaleza especulativa. El gas natural tiene un efecto amplificador sobre el coste de la electricidad. Para producir una unidad de electricidad se necesitan dos de gas, por lo que cada euro que se encarece este combustible supone un alza de dos euros en el coste de la energía eléctrica. El sistema marginalista del mercado mayorista de electricidad hace el resto: las energías fósiles (las tecnologías más caras) que entran en las subastas diarias determinan la remuneración de todas las demás.

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