Lo temía el sector y los agentes sociales: la escasez global de semiconductores se ha recrudecido y no se espera que la situación se normalice hasta el tercer trimestre del año que viene. Y, al igual que otras factorías de automoción –Stellantis Zaragoza, Renault Valladolid, Hyundai Brasil o Scania (Suecia, Francia y Países Bajos)–, la de Balaídos se ha visto obligada a suspender un turno completo. Sine die. “Hasta que la situación lo permita”. Se cae así temporalmente el equipo de fin de semana del Sistema 2, que ensambla los comerciales ligeros (furgonetas), y que está compuesto por unos 700 operarios. La dirección de la planta iniciará en los próximos días un proceso de negociación para determinar la situación de esta parte de la plantilla, compuesta principalmente por personas con contratos eventuales o parciales y, por tanto, no amparada por el Expediente de Regulación Temporal de Empleo (ERTE) con el que Stellantis Vigo ya trató de adaptar su producción a la frágil cadena de suministro de microchips.

Fuentes de la empresa descartaron ayer la adopción de medidas traumáticas en el empleo. El objetivo pasa por recolocar en siete equipos de producción a una plantilla que ha estado distribuida en ocho. Las centrales temen que parte del ajuste pase por la no renovación de los contratos eventuales conforme vayan expirando, aunque confían en una polivalencia de buena parte de los empleados. “Tomar una decisión como esta no es fácil, pero va a ser mucho más difícil recuperar este turno”, lamentó UGT. “El impacto social que implica esta decisión en la comarca es muy duro”, ahondó CC OO en una nota interna. “Los más beneficiados por este desmantelamiento del 4º equipo serán el resto de fábricas del Grupo, ya que en Vigo dejaremos de consumir piezas en el fin de semana, que se repartirán entre todas las fábricas del grupo en Europa. Nuestras paradas seguirán estando vinculadas a la falta de piezas por parte de proveedores, no tendremos más stock, no acumularemos las que no gastemos en el 4º turno”, interpretó la misma central.

La apertura de la mesa de negocaciación todavía no tiene fecha.

En un informe elaborado por el Clúster de Empresas de Automoción de Galicia (Ceaga), con datos de IHS Markit, apunta que “las últimas previsiones apuntan a un nuevo retraso para la estabilización y solución de la crisis hasta mediados de 2022, y con efectos que pueden llegar hasta 2023”. Como publicó este periódico el domingo, las proveedoras analizan ya una extensión de los ERTE para el año próximo, dada la dimensión del problema. La extensa cadena de fabricantes de componentes gallega es multimarca, en mayor medida, pero la disrupción ha impactado a todas las plantas de ensamblaje de vehículos, y es también multifactorial. A la ingente demanda de microchips –se utilizan en automoción, pero también para teléfonos móviles, videoconsolas, electrodomésticos u ordenadores–, incapaz de ser abastecida a día de hoy, se suma el impacto del COVID o los huracanes.