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Dos proveedores de Stellantis van a la huelga en plena crisis de los chips

La planta de asientos de Faurecia en Valladares. Marta G. Brea

Los tambores de huelga regresan a la automoción viguesa en plena debacle por la crisis mundial de los semiconductores (microchips). Dos conflictos colectivos que nada tienen que ver entre sí en las plantas de Valadares y O Caramuxo (ambas en Vigo) de la multinacional francesa de componentes Faurecia acabarán en sendas huelgas indefinidas a partir del próximo jueves 9 de septiembre, unos paros que de dilatarse harían imposible el engranaje que permite a la planta de Stellantis Vigo (antes Grupo PSA) ponerse en marcha.

El primero es por la negociación del convenio colectivo en Asientos de Galicia, en el que los representantes sindicales de los trabajadores quieren recuperar parte de lo perdido salarialmente y en derechos laborales con los ajustes acometidos tras la pérdida de las furgonetas K9 primero y para poder adjudicarse el todocamino V20 después, mientras que el segundo es una llamada de socorro para que Faurecia cumpla su compromiso de mantener viva la actividad del centro de escapes ante la redirección de las inversiones a la macrofactoría que el grupo galo tiene en Bragança “mucho más moderna y con mayor capacidad” y el próximo veto a los coches de combustión en 2035 en Europa, que amenaza con cargarse este segmento de negocio (los coches eléctricos no necesitan sistemas de escape).

Después de meses de negociaciones entre las respectivas direcciones de empresa y comités, el acuerdo no fue posible y, salvo un cambio brusco en las posturas de una y otra parte, habrá huelga indefinida a partir del 9 de septiembre. El comité de Asientos de Galicia (4 CIG, 3 UGT, 2 CC OO, 2 CGT, 1 CUT y 1 CSIF) ha convocado una asamblea de trabajadores para esta tarde para exponer las razones de la ruptura de las negociaciones, aunque el preaviso de paro ya se ha cursado. Esta planta quedó fuera del reparto de componentes para la nueva generación de vehículos comerciales ligeros de Stellantis (los K9), con un impacto brutal en la producción que llevó a encadenar varios ERTE y a un plan de competitividad industrial que afectó a los ingresos de los trabajadores para olvidar el fiasco de los K9 y poder adjudicarse los asientos del nuevo Peugeot 2008. Comité y trabajadores consideran que es el momento de recuperar parte de lo perdido.

La situación en O Caramuxo es diferente. El grupo galo apostó desde un principio por la planta de Bragança frente a la Vigo, sobre la que planea la sombra del cierre desde hace años. Los sindicatos (6 CC OO, 2 CIG y 1 UGT) temen que Faurecia no cumpla lo pactado y garantice la continuidad de la actividad en esta histórica factoría, sobre todo ahora que los coches de combustión y todos los proveedores asociados a la cadena de valor de los motores de gasolina, gasóleo o híbridos tienen los días contados.

Balaídos, un “arranca-para” que no cesa

Las huelgas de Faurecia Asientos y Faurecia Escapes llegan en plena crisis mundial por el desabastecimiento de microchips. Aunque se preveía cierta estabilidad en la producción a la vuelta de las vacaciones de agosto, lo cierto es que Stellantis sigue envuelta en un tedioso “arranca-para” que tiene mareados a trabajadores y proveedores por igual, y para el que no hay solución hasta bien entrado el segundo trimestre del próximo año, según fuentes del sector. Este malestar alimenta un caldo de cultivo para los conflictos laborales en aquellas empresas a las que les toca negociar el convenio colectivo: cerca de una decena con más de 3.000 trabajadores directos, entre ellas, las dos de Faurecia que irán a la huelga. También el centro de Porriño del grupo galo, la antigua Lignotock, estuvo a punto de ir a un paro indefinido por la falta de acuerdo entre el comité y el nuevo propietario de las instalaciones, el fondo Callista Private Equity, aunque al final llegaron a un entendimiento entre ambas partes.

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