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La economía gallega espanta el pesimismo

Gente de compras por la calle Príncipe, en Vigo

Gente de compras por la calle Príncipe, en Vigo Alba Villar

Los 49 días de confinamiento estricto, con una semana larga de hibernación en toda actividad no esencial para contener la primera ola del coronavirus, y los 37 siguientes de duras restricciones a la movilidad hasta que el 8 de junio finalizó el veto a los desplazamientos entre provincias, se comieron 137 millones de horas de trabajo y casi 3.000 millones de euros del Producto Interior Bruto (PIB) de Galicia.

Producción industrial, exportaciones, empleo y consumo se aceleran y empujan al PIB regional por encima de las previsiones | El Foro Económico y Abanca consideran posible un crecimiento de hasta el 7% durante este año

Como si la agricultura, la ganadería y la pesca no existiesen en la comunidad durante un año entero. La pandemia provocó una crisis inédita. De una intensidad y rapidez propia de tiempos de guerra, pero sin daños a las infraestructuras ni la típica retahíla de desequilibrios que, por ejemplo, desencadenaron la gran recesión financiera. La difícil situación sanitaria y las limitaciones para analizar lo que estaba pasando contagiaron el pesimismo a las predicciones económicas.

El Banco de España publicó el 27 de mayo de 2020 un primer informe sobre el desigual impacto del COVID-19 en Europa y dentro del país, “reflejo de las diferencias tanto en la severidad y duración del periodo de restricciones a la actividad y a la movilidad de las personas como en las características estructurales de cada una de las economías”. El supervisor alejó del huracán a Cataluña, Comunidad Valenciana y Andalucía y situó el epicentro en Baleares y Canarias por el cierre total del sector turístico y, en menor medida, en Madrid, dada la relevancia del transporte y la distribución. “El efecto arrastre o indirecto, que recoge la propagación del shock a lo largo de las cadenas de producción, intensifica su impacto director a través de los vínculos intersectoriales –advertía–. Este impacto es particularmente elevado en las comunidades en las que la fabricación de automóviles tiene un peso más alto”.

Un año después, el problema de la industria del motor en Galicia es otro bien distinto. Hay tanta demanda de chips por la reactivación de la actividad y los pedidos para la electrónica de consumo, que el mercado está desabastecido.

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Y, aún así, la automoción gallega aguanta en récord de producción y negocio exterior. “A la profunda depresión de los meses de marzo, abril y mayo de 2020, le sigue una fortísima recuperación de la producción y las ventas, sobre todo exportaciones al extranjero, que dejan el conjunto del año como un buen ejercicio”, destaca Santiago Lago, catedrático de Economía Aplicada, en el balance provisional de las consecuencias de la pandemia en la economía regional incluido en el nuevo Informe Ardán de Zona Franca.

La planta viguesa de Stellantis firmó en septiembre un máximo histórico mensual (59.900 vehículos) y acabó el pasado año con un incremento de más del 20%: 497.000 unidades. Una “evolución extraordinaria”, como subraya el también director del Foro Económico de Galicia, que, junto a la aportación de la industria agroalimentaria y la menor dependencia del turismo extranjero, amortiguaron la caída del PIB regional al 8,9%, por debajo del conjunto del Estado (10,8%) e incluso de los tres territorios que el Banco de España consideraba más resilientes: Cataluña (11,5%), Valencia (10,7%) y Andalucía (10,3%).

Ahora está pasando justo lo contrario. El indicador de coyuntura elaborado por el Foro Económico y Abanca estima que el incremento interanual del PIB gallego en mayo fue del 18,4%. No es suficiente para compensar el desplome de ese mismo mes en 2020 –una caída del 20,2%–, pero evidencia “la consolidación de la recuperación” con “todas las variables en crecimientos muy positivos”. La producción industrial acumula un ascenso del 19,3%, con la confección de ropa en el 74% tras su catastrófico año y un 51% la automoción. Las exportaciones volvieron a cifras prepandemia con un incremento de más del 41%. La facturación del sector servicios rebotó un 19% y un 27% la compraventa de viviendas.

El grupo de investigadores y empresarios dibuja dos escenarios posibles: el pesimista, un avance del PIB del 4,8%, y el optimista, del 8,8%. “Estamos más próximos al optimista, en el entorno del 6,5%-7%”, comentaba Lago en la presentación del Ardán. El presidente del primer banco de Galicia lo rubrica. “La mayoría de los calificadores oficiales prevén una subida del 6% o 7% y yo veo factible que sea incluso algo mejor, dependiendo de la evolución de la pandemia y los efectos en el turismo”, aseguró Juan Carlos Escotet la pasada semana.

El buen ritmo de la vacunación –España supera a Israel en pauta completa y Galicia acaba de alcanzar la doble dosis al 70% de la población diana– permite gestionar la pandemia de otra forma muy diferente a pesar de la virulencia de la quinta ola por culpa de la variante delta. En lo sanitario, pero también en lo económico.

Entre abril y junio, coincidiendo con el fin del segundo estado de alarma, la comunidad sumó 25.620 afiliaciones a la Seguridad Social, a una media diaria de 281. La ocupación desde la etapa de hibernación de la economía creció un 4,8%, los afectados por ERTE siguen reduciéndose –quedaban 18.779 frente a los 175.572 registrados en el pico de la crisis– y hay un 3,1% más de trabajadores que en junio de 2020, aunque en comparación con el arranque del verano de 2019, sin coronavirus de por medio, la región arrastra un descenso de 8.700 puestos. Los sector peor parados son las actividades de creación, artística y espectáculos, donde se destruyó uno de cada cuatro empleos respecto a los niveles precoronavirus; y la hostelería, que da trabajo a 11.000 personas menos que en junio de 2019.

El martes se conocerán los datos de empleo de julio y las expectativas son muy buenas, incluso para la restauración, que, según el último balance del Observatorio Abanca by Ieside con la información de las 875.000 tarjetas del banco y los TPV de cerca de la mitad de los negocios de Galicia, elevó un 16% su facturación sobre la cifra ya de 2019 gracias a que el gasto local compensa la todavía tímida llegada de visitantes. Pese a la mejora, las ventas del comercio minorista siguen un 7% por debajo de hace dos años, básicamente por la todavía lenta recuperación de la moda y los complementos que grandes grupos como Inditex, Bimba y Lola y Adolfo Domínguez notan ya. El histórico escudo del empleo y los negocios impulsado por el Gobierno con los ERTE y los ICO ha blindado buena parte de la renta, revulsivo ahora para el tirón de la demanda con el apoyo de los 5.500 millones de ahorro atesorado por familias y empresas en plena pandemia.

“Si la gestión macroeconómica de la crisis financiera internacional que dio lugar a la Gran Recesión fue muy criticada por lenta e insuficiente, la reacción ha sido rápida y contundente en pandemia”, esgrime Santiago Lago, en referencia a la batería de decisiones en el seno de la UE, incluidos los fondos de reconstrucción del Next Generation y la apuesta comunitaria por la digitalización, la reindustrialización y la transición energética. “Tenemos que enfocar el sector en toda su amplitud”, apela el catedrático, ante “la existencia de activos valiosos en Galicia y tradición, con empresas y capacidades de investigación complementarias que nos proporcionan ventajas competitivas”.

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