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Faro de Vigo

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La pandemia dispara la pobreza severa en Galicia al nivel de la doble recesión de 2008

Gente recogiendo comida en una institución benéfica de Ourense el pasado noviembre. // Brais Lorenzo

El Centro Nacional de Microbiología confirmó el primer caso de coronavirus en España pasadas las diez de la noche del 31 de enero de 2020. Fue un turista alemán de vacaciones en La Gomera que había tenido contacto con un enfermo en Alemania antes de viajar a la isla canaria. Entre ese histórico momento y la aprobación del estado de alarma para afrontar la ola inicial de contagios pasaron exactamente 43 días, poco tiempo en circunstancias normales, pero la sensación es de una vida entera por los muchos que la perdieron y todas las cosas que cambiaron. La fortísima crisis sanitaria desembocó en una crisis económica igual de intensa porque la única forma entonces de cuidar la salud era cerrar cualquier actividad que no fuera esencial y limitar al máximo la movilidad de las personas.

A pesar del escudo social impulsado por el Gobierno para frenar el golpe en los hogares y las empresas –casi 130.000 millones de euros en avales del ICO y 43.700 millones en prestaciones de paro y para afectados por un Expediente de Regulación Temporal de Empleo (ERTE)– y de los máximos históricos del ahorro, la situación ahogó todavía más a esa otra parte de la población que vivía con el bolsillo asfixiado. Se intuía con las colas del hambre en instituciones benéficas y bancos de alimentos y la Encuesta de Condiciones de Vida publicada ayer por el Instituto Nacional de Estadística (INE) lo confirma con un incremento disparado en Galicia de la pobreza severa.

Tres de cada diez

Casi tres de cada diez residentes en la comunidad, unos 773.000, sufrían a finales del pasado año algún tipo de carencia material en cuestiones básicas. ¿Cuáles? Comer carne, pollo o pescado al menos un par de veces por semana, mantener la vivienda con una temperatura adecuada, capacidad para afrontar gastos imprevistos, pagar a tiempo los recibos de la casa, disfrutar de una semana de vacaciones y disponer de coche, teléfono, televisor en color o lavadora. El porcentaje creció más de tres puntos en comparación con el año anterior, cuando el 24,3% de los gallegos no podía permitirse al menos dos de esas cosas. Los que tuvieron que renunciar a tres de ellas aumentan todavía más, del 10,5% al 16,5% (446.000 personas); y los que arrastran una carencia en cuatro de esos conceptos se dispararon un 44%. Son la cara de la pobreza severa, 140.500 gallegos, el 5,2% de la población.

“Los datos son muy coherentes con lo que empezamos a ver en la etapa previa a la pandemia”, apunta Xosé Cuns, director de la Rede Galega contra a Pobreza (EAPN-​Galicia). “El panorama empeora para los que estaban peor antes –continúa–. Es un aviso muy grave”. De hecho, la incidencia de la pobreza severa alcanza en Galicia cotas que no se veían desde la anterior doble recesión financiera, a imagen y semejanza de lo ocurrido en el mercado laboral. La destrucción de empleo en Galicia –los dos primeros meses de pandemia se llevaron por delante 42.600 afiliaciones a la Seguridad Social– se concentró en puestos temporales y a media jornada, afectando de lleno a jóvenes y mujeres, los colectivos más precarizados.

"El panorama empeora para los que ya estaban peor antes"

Xosé Cuns - Director de la Rede Galega contra a Pobreza (EAPN-Galicia)

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La tasa sube del 4,7% al 7% en el conjunto de España. Unas 3,3 millones de personas sobreviven sin buena parte de esas condiciones mínimas. Melilla, Comunidad Valenciana y Canarias registran las peores cifras de la pobreza severa, que ataca al 13,9%, el 11,5% y el 10,7% de sus habitantes; mientras que los territorios en mejor situación son Aragón (1,7%) y La Rioja (2,3%).

La publicación del INE recoge también la evolución de la tasa general de riesgo de pobreza, aunque en este caso se tiene en cuenta la renta del ejercicio anterior, la de 2019. Y, aún así, en Galicia pega una fuerte estirón de casi dos puntos. Se sitúa en el 22,1%, un volumen del que no hay precedentes en toda la serie que va hasta 2008 y se pone por encima de la media estatal (21%). Antes ya de la pandemia había en Galicia casi 600.000 personas pobres o a punto de serlo y 694.000  (25,7% de la población) en esa tesitura o en riesgo de exclusión social.

De 35.000 gallegos que no podían comer carne y pescado en 2018 a más de 400.000 en 2020


La imagen de las despensas llenas en muchos hogares por el cierre de la hostelería y, sobre todo, por el temor a un desabastecimiento en los días previos al confinamiento estricto del inicio de la pandemia, fue una entelequia en esa otra parte de la sociedad que a menudo pasa desapercibida. El 15% de los gallegos, más de 400.000 personas, admite que en 2020 no pudo permitirse comer pescado o carne al menos dos días a la semana. El número se duplicó con respecto a 2019 (el 9%, unos 240.000) y se multiplicó por once en comparación con 2018 (1,3% de los habitantes), según el INE. 

“Y eso que en Galicia la Xunta puso en marcha la tarjeta básica, pero mucha gente recorta el gasto en alimentación para poder hacer frente a los costes de la vivienda”, advierte Xosé Cuns. Desde EAPN-​Galicia insisten en “el grave problema” que hay en Galicia con el acceso a la vivienda, un “aspirador de rentas”. “El problema de la pobreza no debería afectar solo a la Consellería de Política Social que, como dijo nuestra presidenta en el Parlamento, no es la Consellería de la Magia, ni a los servicios sociales municipales –incide Cuns–. Es una tarea de todas las consellerías”. 

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