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La otra razón de la precariedad laboral en los jóvenes gallegos: uno de cada tres no tiene formación

Casi 100.000 activos menores de 35 años solo cursó enseñanza básica, donde está la mayor tasa de paro en la región

Alumnos haciendo los exámenes de la ABAU en Vigo.

Alumnos haciendo los exámenes de la ABAU en Vigo. Alba Villar

La sociología, pero sobre todo el marketing, tienen un nombre para cada generación, construido básicamente a partir de sus usos y costumbres y la actitud ante los tiempos que les toca vivir. Ahora se empieza a hablar de la T para los nacidos desde 2010, digitales por los cuatro costados y sucesores de la gran transición al mundo hiperconectado que ya protagonizaron los miembros de la Generación Z y los Milenials. En estos dos grupos con la mayoría de la población joven está por ver cuántas de esas características que en teoría les definen cambian por sufrir con especial virulencia y en muy poco tiempo dos parones económicos.

Los efectos de la crisis del coronavirus en el mercado laboral se cebaron con muchas de las víctimas que todavía no se habían recuperado de la doble recesión financiera o andaban en eso, haciendo equilibrios entre la elevadísima temporalidad, jornadas reducidas y salarios contenidos. Precisamente por eso, por la precariedad de sus contratos y la dependencia de los sectores más afectados por las restricciones para contener el COVID-19, las afiliaciones a la Seguridad Social de menores de 35 años en Galicia se desplomaron casi un 10% durante los dos primeros meses de la pandemia –mientras que en el resto de edades la caída fue de solo el 2,8%– y el paro saltó por encima del 20%, ocho puntos más que la tasa de desempleo del conjunto de la comunidad. ¿Hay un problema de precarización en el colectivo? Sí. ¿Y cuáles son las razones? Pues varias y entre ellas está, aunque parezca mentira, la falta de formación.

Tasas de paro en Galicia por edades en 2020. // Simón Espinosa

Tasas de paro en Galicia por edades en 2020. // Simón Espinosa

Entre los 458.000 gallegos de entre 16 y 34 años que había en 2020, un porcentaje muy relevante, el 42%, se declaró inactivo. Ni trabajan ni buscan un empleo porque en esa franja está la principal etapa de formación. Sí ocupaban un puesto o querían hacerlo unos 264.000. Los activos con menos de 35 años aumentaron en la comunidad un 4% el pasado ejercicio. Y no es lo normal porque el invierno demográfico lleva mermando el colectivo sin descanso desde 2005. De ellos, 211.700 tenían un trabajo, un 3,9% más que en 2019; y 52.400 estaban en paro tras una subida del 5%, según el balance que acaba de publicar el Instituto Galego de Estatística (IGE) con la letra pequeña de la Encuesta de Población Activa (EPA).

Como sucede en el resto de la población en la comunidad, entre los activos de 16 a 34 años la tendencia era clara: cada vez había gente más y mejor formada. Pero esa transformación en el perfil de se frenó el año pasado. La cifra se estancó alrededor de los 94.000. O, lo que es lo mismo, más de un tercio de los jóvenes que trabajan o están en disposición de ocuparse únicamente tiene formación general, formación básica de adultos y habilidades personales, que es el tipo de educación que arrastra la mayor tasa de paro.

Las otras tres familias educativas donde hay más activos jóvenes en Galicia son la mecánica, la electrónica y el resto de formación técnica vinculada a industria y construcción (14,5%); los negocios, la administración y el derecho (12,3%); y la salud y los servicios sociales (10,2%). Las que menos son el sector primario, donde apenas está formado un 1,5% del total; ciencias sociales, periodismo y documentación y ciencias naturales, químicas y matemáticas, en ambas ramas alrededor del 2,5%; y las tecnologías de la información y la comunicación (TIC), con un 4,6%.

Tasas de ocupación y paro por formación en Galicia en 2020. // Simón Espinosa

La realidad del mercado es otra diferente. La tasa de ocupación en Galicia –el porcentaje de ocupados sobre el total de habitantes de más de 16 años– no llega ni al 46%, pero en la población con formación en tecnologías de la información y la comunicación roza el 80%, según el IGE. A pesar de las buenas perspectivas de empleo y de que la pandemia abre todavía más puertas por el acelerón de la digitalización de la actividad, tanto entre los jóvenes como en el resto de la población Galicia está perdiendo activos con ese perfil educativo. En 2020 eran 36.800 profesionales, 700 menos que el ejercicio anterior.

La tasa de ocupación en los gallegos con estudios de sanidad y servicios sociales supera el 74%; el 72% en los formados en mecánica, electrónica y otras disciplinas técnicas; y el 70% en el sector primario, incluida la veterinaria. La otra cara de la moneda es la formación básica, donde el porcentaje se sitúa en el 32% y, además, registra la mayor tasa de paro: 14,6%.

Sanidad y servicios sociales

En plena pandemia, ¿cuál fue la rama educativa con menor problema de desempleo durante 2020? Era fácil intuirlo: salud y servicios sociales, un 6,8%, la mitad que la tasa de paro total en la comunidad. En formación mecánica y electrónica fue del 8,1% y por debajo del 10% tanto en ciencias sociales como en educación, aunque en este caso la tasa se disparó cerca de seis puntos respecto a 2019. La otra gran subida de tres puntos y medio fue en ciencias naturales, física y matemáticas (14,5%).

En su reciente informe sobre la empleabilidad de los jóvenes, el Consejo Económico y Social (CES) de Galicia recuerda que la experiencia laboral es una característica “habitualmente diferenciadora” del paro juvenil y el adulto. “No tener un empleo previo en el proceso de búsqueda de trabajo es un obstáculo tradicional que genera un círculo vicioso. La persona joven que no trabajó nunca no tiene experiencia laboral y, por tanto, no es un candidato idóneo para múltiples empleos en los que en la selección de personal prima la experiencia previa”, indica el documento firmado por los economistas y profesores Juan Ares, Iria Dios, Alberto Meixide y Yolanda Pena.

"No tener un empleo previo en el proceso de búsqueda de trabajo es un obstáculo tradicional que genera un círculo vicioso"

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El peso relativo de los parados por nivel formativo “cambió sensiblemente desde 2014”. “Si en ese año el prototipo de persona desempleada entre 16 y 29 años era un joven con un nivel formativo que no superaba la educación secundaria en la primera etapa, cinco años más tarde varió hacia los desempleados con educación secundaria de segunda etapa o superior y ya en los tres primeros meses de 2020, el mayor número de desempleadas y desempleados juveniles se concentra en el colectivo que posee educación superior”, resaltan los expertos.

Las estadísticas “confirman la bondad de la formación para alcanzar un mayor éxito en un mercado labora juvenil, como el gallego, cada vez más raquítico”. Lo que no quita que las diferencias cuantitativas entre aquellos con educación secundaria hasta segunda etapa y los de formación superior “no son muy significativas”. En ambos casos aumentó la ocupación entre 2014 y 2019 y el número de parados se redujo a la mitad. “Aunque el mercado no sea capaz de retener al personal joven educado en Galicia, actualmente estar más formado –subraya el estudio– supone una mayor posibilidad de incorporarse al mercado de trabajo y una menor de estar desempleado”.

Gallegos que hacen cursos no reglados. // Simón Espinosa

Casi 150.000 gallegos estudian para mejorar en su trabajo, buscar otro o interés personal


Por si quedaba alguna duda, la pandemia demostró también que lo que un profesional sabe hoy de su trabajo puede quedarse corto por mucha experiencia acumulada que tenga. La economía que viene no es nueva solo por los sectores emergentes al calor de la transición energética y digital. Sobrevivirán muchísimas otras actividades, pero con cambios profundos porque el consumidor no es igual ni tampoco lo son las formas de producir. La moda es un buen ejemplo: perfiles cada vez más técnicos, de mayor valor añadido, volcados en el ecommerce y con los oficios manuales en retirada. En todo este cambio de paradigma, es imposible concebir la formación como una etapa concreta en un momento de la vida profesional. De ahí el incremento constante en los últimos años de los gallegos que cursan estudios no reglados. Eran casi 150.000 en 2020 tras un incremento anual de casi el 9%. La mayoría, unos 75.000, opta por formación vinculada a su empleo actual; otros 57.200 para buscar otro trabajo; y 15.000 por interés personal.

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