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Perfil | Alfonso Paz-Andrade Rodríguez

El humilde aventurero, un empresario irrepetible

“Algo tiene el agua cuando la bendicen, pero nada importante se hizo en el mundo sin pasión y trabajo”, me escribió en 2016

Alfonso Paz-Andrade

Conversábamos un amigo y yo, hace unas semanas, de aventuras empresariales. De las que llamamos aventuras no porque tengan un relato triunfal, de sonrisas y brindis; más bien porque las podría haber escrito Blanco Amor. De las de esmorga, con personajillos, de las que no salen bien ni por coincidencia. ¿Cómo es posible que, otra vez, estuviésemos hablando de otra crisis colosal en el astillero Barreras?

Y me decía él.

O zoqueiro, por moi ben que faga os zocos e as galochas, que non pretenda facer mocasines, que non se saia do dil, sen investigar e poupar experiencia. E querer ser máis listo que os demáis.

Se llamaba Alfonso Paz-Andrade Rodríguez. Como me pasaba –y pasa– con mi familia, a mí Alfonso me hablaba en gallego cuando tenía que soltarme una periquita. Una lección pero con sorna, que así se recuerdan mejor. Las repartió siempre, con una mirada tan emocional como anglosajona, y una generosidad inmensa.

Gloria de abogados e auditores, pero escasas posibilidades pra sacar adiante un proxecto empresarial. Humildade, serenidade, habilidade e coñecimento sectorial.

La vida de su padre, Valentín Paz Andrade, fue “novelesca”, como recordaba. “La última vez que estuvo en prisión yo tenía 16 años, me estaba examinando de reválida de Sexto. La gente me señalaba, claro, de aquella otros que estaban en la cárcel no tenían hijos estudiando bachillerato”. La suya no se vio tan cercenada por la represión franquista, pero no fue menos azarosa e intensa, y peleó duro por honrar la memoria de los repudiados y paseados. En su despacho de Policarpo Sanz, piel con piel con su querida revista Industrias Pesqueras, quedan cuadros y escritos de ilustres amigos de su familia. Como una figurita hecha por Castelao, de escasos quince centímetros, presumida y frágil. Y una esquinera, antes tapiada, donde don Valentín escondía propaganda crítica con el régimen. O solamente buenos libros.

Alfonso Paz Andrade Ricardo Grobas

Alfonso Paz-Andrade vivió y actuó como galeguista de convicciones profundas, dentro y fuera de España. Reclutado para Pescanova por su fundador, José Fernández López, entró en plantilla antes que Manuel Fernández de Sousa. A tejer la gran aventura pesquera. “Originariamente, nuestra primera apuesta exterior fue Argentina y Ciudad del Cabo, con el Lemos y el Andrade. Y la primera base, Cape Town”. Con Alfonso siempre era bueno tomar notas. Esta es del 18 de abril de 2016, de una de tantas clases. Por suerte no he tirado mis apuntes. No estos.

“También fue para allí el Habana, teníamos veinte o treinta barcos trabajando para él. Como había que hacer reparaciones, se compró Herper Engineering”, una de las filiales africanas. Después vendría una consignataria y una de aprovisionamientos de barcos. Pescanova fue medrando por todos los mares del mundo, con Paz-Andrade como negociador y explorador. Solo los más veteranos en la empresa recuerdan que la pesquera comenzó a vender guisantes importados directamente de un proveedor británico que hizo fortuna en su pueblo. La recolección se hacía a una hora determinada para garantizar que estas legumbres pudieran ser ultracongeladas sin perder calidad por la elevada cantidad de almidón.

Sí, también lo firmó Alfonso. “Hemos sido los únicos forasteros en entrar en Australia. ¿Te acuerdas de lo del Golfo de Carpentaria?” . De casualidad; era él el de la memoria prodigiosa. Enumeraba el nombre de los socios (los Kailis) y de sus hijos. “Cuando vino Fidel (Castro) se quedó en su casa”, me contó, en otra ocasión, de Américo Amorim, el magnate luso que no pudo comprar la filial Pescafina. Intuyo que recordaba mucho más que el detalle del alojamiento.

Alfonso observaba con pena el devenir de muchas empresas gallegas, en días grises.

“Chegan os forasteiros con ilustres apelidos emprestados a inventar a pólvora”

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Chegan os forasteiros con ilustres apelidos emprestados a inventar a pólvora e non botan man da xente coñecedora do sector. A impresión dende fora é de preocupación. E pretenden consumir crédito local.

Tuvo planes y proyectos hasta el final. Y alguna idea peregrina, que incluso tuvo el cuajo de plantear en los descansos del juicio de Pescanova. Su injusta pena de telediario.

“Non podería facer esas falcatruadas. É a verdade que defenderei”

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Non podería facer esas falcatruadas. Este comentario e só pra ti, Lara, como amiga. É a miña creencia e a verdade que defenderei.

Me veo rebuscando entre mensajes, libretas y correos para refrescar la memoria. Deja un legado irrepetible, incomparable.

“Algo tiene el agua cuando la bendicen –me escribió en diciembre de 2016–, pero nada importante se hizo en el mundo sin pasión y trabajo”.

Nos faltó esa copa de Peitieiros, amigo.

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