Nueva tregua temporal entre EE UU y la Unión Europea. Los representantes de la Administración que dirige el demócrata Joe Biden y la Comisión Europea han acordado abrir negociaciones sobre el exceso de capacidad de acero y aluminio a nivel mundial, que amenaza sus respectivas industrias, con el objetivo de lograr una solución antes de finales de año. Bruselas y Washington dan así otro paso para terminar con una disputa comercial que enfrenta a ambas potencias desde la época del expresidente Donald Trump. En este contexto, y como gesto de buena voluntad, Bruselas ha anunciado que renuncia a aumentar los recargos tarifarios que deberían entrar en vigor el 1 de junio.

En 2018, con Trump en la Casa Blanca, la Administración estadounidense decidió imponer por motivos de “seguridad nacional” aranceles del 10% a las importaciones europeas de aluminio y un 25% a las del acero, que también aplica a China, India o Rusia. La UE respondió a aquella decisión imponiendo a su vez un recargo a decenas de productos estadounidenses que supuso, por ejemplo, elevar el arancel de las motos Harley-Davidson de un 6% a un 31%. Este recargo debía elevarse de nuevo a partir del 1 de junio lo que hubiera supuesto un nuevo golpe comercial para decenas de productos estadounidenses como las motos o el bourbon que hubieran visto duplicarse los aranceles.

Como gesto de buena voluntad, el Ejecutivo comunitario ha decidido congelar la subida durante los próximos seis meses. “En nuestro esfuerzo por relanzar las relaciones trasatlánticas, la UE suspenderá temporalmente el incremento de las contramedidas por los aranceles al acero y aluminio. Esto nos dará margen para encontrar soluciones conjuntas a esta disputa y a abordar el exceso de capacidad global”, explicó el vicepresidente y responsable de comercio de la Comisión Europea, Valdis Dombrovskis, que justifica la decisión en la determinación europea de encontrar “soluciones conjuntas”.

De hecho, Bruselas y Washington, un comunicado conjunto, recuerdan que el problema deriva del exceso de capacidad global de terceros países y las distorsiones que generan en el mercado estadounidense y europeo, algo que amenaza a industrias y trabajadores. Ambas partes subrayan también que son “aliados y socios” que comparten “intereses de seguridad nacional similares” como “economías de mercado democráticas” y cierran filas para defender “estándares elevados” y “preocupaciones compartidas” respecto a países como China, que apoyan prácticas que “distorsionan” el comercio.