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La rotura de “stock” atiza al mueble

Una empleada prepara un pedido a clientes de Muebles Ibárrez, ayer

Una empleada prepara un pedido a clientes de Muebles Ibárrez, ayer Alba Villar

El coronavirus y el teletrabajo alimentan una inquietud por ciudar los detalles dentro del hogar. El sector del mueble experimenta un revulsivo en las ventas que le da aire tras los años de asfixia que dejó como legado la crisis inmobiliaria. Pequeños negocios gallegos y gigantes como Ikea sufren de desabastecimiento de productos, que se traduce en largas esperas para el cliente porque los centros de producción no tienen capaciadad para satisfacer la demanda

En el vaivén de las inesperadas derivas humanas provocadas por la pandemia, el hogar se ha convertido, primero en refugio, luego en templo. El gasto que con tanto mimo se derrochaba en las calles y locales de restauración y ocio recondujo su recorrido. Y los meses observar y reflexionar sobre cada esquina entre las cuatro paredes de una casa han dado paso a un ansia por los hasta entonces mundanos equilibrios de la decoración. Tanto, que la elevada demanda de muebles ha dejado sin stock disponible a grandes y pequeños negocios del sector, incluidos gigantes como Ikea.

El sector registra un repunte de las ventas de hasta el 30% por la pandemia, pero los ciclos productivos no son capaces de responder a la demanda de los clientes a tiempo

Para entronarse reyes de su propia guarida y presidentes de la república independiente de su casa, los consumidores se lanzaron a por sofás y colchones nuevos.

“El confort en el descanso es lo que más se busca. Es lo que más consumen cuando estás en casa y se han dado cuenta de que necesitaban un cambio”

Fernando Sanpaio - Gerente de muebles Sanpaio.

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Una reflexión transversal a todos los hogares que, a fin de cuentas, se ha traducido en un impulso de las ventas del sector entre un 20% y un 30% desde que hace un año irrumpió el coronavirus en escena.

Lejos de experimentar la caída en picado que se esperaba, el mueble se convirtió en deseo y obsesión. “Los consumidores se han empeñado en gastar más dentro que fuera de casa”, apuntan fuentes de Muebles Room.

“La gente con ahorros para ir de vacaciones los invirtió en cambiar la cocina o el dormitorio”

Gerente del Clúster da Madeira e do Deseño de Galicia - Ricardo González

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De improviso, el sector experimentó un revulsivo para el que no estaba preparado, no sólo por el nuevo modelo de producción personalizado sino por esa destrucción de fábricas que dejó como legado la crisis del ladrillo. La rotura de stock ha convertido en norma la espera de hasta un mes por el pedido. “Las fábricas no dan abasto, ha llegado un tsunami de pedidos que no podían afrontar”, señalan desde Muebles Room.

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Esta rotura de stock es generalizada. Mayor en productos con telas, espumas o metales y menor en los de madera, véase mesas o estanterías. Y eso que el teletrabajo ha impulsado sobremanera la demanda de sillas giratorias y, de paso, de escritorios. “Venimos de una época de caída libre. Desde la burbuja inmobiliaria han cerrado muchas empresas fabricantes del sector y la capacidad productiva es la que es, por eso se producen retrasos. En tan poco margen de tiempo las empresas no pueden ampliar su capacidad productiva”, analizan fuentes del sector.

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A ello se suma que “antes las fábricas tenían 100 personas trabajando y ahora tienen 50. Cada poco tiempo cambian las modas, como en la ropa”, apunta Mari Carmen Ibárrez, gerente de Muebles Ibárrez.

En ello tiene que ver, además, la irrupción de un nuevo modelo productivo. “El stock no genera valor, lo que genera es un gasto financiero”, introduce González.

“En el sector llevamos años trabajando en el modelo de gestión Lean, que persigue optimizar la producción y eliminar aquello que no genera valor”

Mari Carmen Ibárrez - Gerente de Muebles Ibárrez.

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Mari Carmen Ibárrez, con un sofá en exposición, uno de los muebles más demandados en la pandemia Alba Villar

A efectos prácticos, esto se traduce en que los fabricantes de muebles han cambiado su modelo de producción para acercarse a los inventarios pequeños. “Intentan trabajar en base al pedido único y de forma personalizada. Pero como no hay tanto inventario el stock se rompe”, concluye González.

Muebles listos para el envío a domicilio en Muebles Ibárrez Alba Villar

Esto le ha pasado a los pequeños negocios del entorno gallego pero también a gigantes como Ikea que este mismo verano sufría las consecuencias de una rotura en la cadena productiva que dejaba al mercado europeo desabastecido y a la espera.

En todo caso, apunta Ibárrez, el aumento de ventas no ha llegado a compensar esa debacle de los años posteriores a la crisis inmobiliaria. Los distribuidores consultados auguran que una vez se libere de restricciones el consumo, volverán a atestiguar una caída de la demanda y posan sus esperanzas en esa tendencia a comprar nuevas casas más espaciosas tras la pandemia. En un paso más, las empresas se suben al carro de la digitalización, lo que promete, a juicio de González, que se vuelvan más competitivas, ágiles y que puedan fabricar más rápido, “para personalizar productos”.

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