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Abanca eleva más de un 8% su beneficio y mantiene a raya la morosidad pese a la pandemia

El resultado alcanza los 137 millones el primer trimestre, muy cerca de los 160 millones de ganancias en todo el pasado año

Dos mujeres sacando dinero en una sucursal de Abanca. // Gustavo Santos

Dos mujeres sacando dinero en una sucursal de Abanca. // Gustavo Santos

La crisis del coronavirus pilló al sector financiero con los márgenes asfixiados por el largo periodo de tipos de interés en mínimos históricos y los balances impolutos tras una década larga de digestión del lastre del ladrillo. A diferencia de la doble recesión, esta vez la banca pudo abrir el grifo del crédito. Solo en operaciones con el aval del Instituto de Crédito Oficial (ICO) se inyectaron al tejido productivo unos 110.000 millones de euros. Abanca supera los 3.200 millones, de los que 1.800 fueron para pymes y autónomos y otros 1.400 para empresas.

La primera entidad de Galicia cruza la barrera de los 100.000 millones de volumen de negocio tras un año transcendental, y no solo por la pandemia. Integrada ya Bankoa y con la reciente adquisición de la red española de Novo Banco, el grupo presidido por Juan Carlos Escotet saca provecho de su principal mercado y de la calidad de su cartera para capear el temporal. El beneficio durante el primer trimestre del actual 2021 subió un 8,2%, hasta los 137 millones de euros, muy cerca de los 160 millones de todo el pasado ejercicio.

SIMÓN ESPINOSA | Pincha en en la imagen para ampliar

Ingresos recurrentes

El margen de intereses, que recoge la diferencia entre lo que Abanca ingresa por sus créditos y lo que le cuesta la financiación para darlos, llegó a los 164,1 millones, un 9,5% más que en el primer trimestre de 2020. Por prestación de servicios obtuvo cerca de 70 millones después de un incremento del 13,7%. El margen básico aumentó así un 10,7%, con 231 millones, lo que, según Abanca, refleja su “capacidad de generación de ingresos recurrentes”. “Este buen desempeño se vio complementado por la mejora de la eficiencia”, añade la entidad, que redujo un 7,9% los costes ordinarios, sin tener en cuenta la absorción de Bankoa, “gracias a los proyectos de racionalización y a las sinergias de las integraciones de negocios realizadas”.

La cartera del crédito a corriente de pago pasó de 37.166 millones en marzo de 2020 a 40.343 millones un año después –42.068 millones con Bankoa–, con un 83% de cobertura para blindarse ante cualquier problema. De momento, la inversión de Abanca esquiva la crisis del COVID-19: los activos dudosos se redujeron en más de 200 millones desde marzo de 2020 y la morosidad sigue en el 2% que ya registró en diciembre, la tasa más baja del sistema español. “Esta elevada calidad crediticia tiene una de sus bases en la diversificación sectorial, algo especialmente relevante en el actual contexto económico –explica–. Además, el principal mercado de la entidad, Galicia, continúa mostrando un mejor comportamiento que el conjunto de España tanto en términos de indicadores macroeconómicos como de evolución de la pandemia”.

De los 1.268 millones de euros en moratorias para los colectivos que más sufrieron el impacto del parón por la crisis sanitaria, el saldo vivo aún ronda los 816 millones. Para otros 453 millones venció la flexibilización y únicamente “menos del 2% de las moratorias vecinas se han tenido que reclasificar como dudoso”.

Se nota el récord histórico del ahorro por la incertidumbre del consumidor y las restricciones a la movilidad. Abanca toca los 43.000 millones en depósitos (44.551 con la aportación de Bankoa), un 11% por encima de marzo de 2020.

La vicepresidenta segunda, Nadia Calviño, ayer en el Congreso. // Europa Press

Calviño critica los “bonus y altos sueldos”


Tras el anuncio del mayor ERE de la historia de la banca –8.200 salidas en Caixabank, 90 en Galicia–, y el que prepara BBVA, la vicepresidenta segunda del Gobierno, Nadia Calviño, pidió ayer a los bancos “responsabilidad” para buscar todas las alternativas que minimicen el impacto frente a “altos sueldos inaceptables y bonus pagados a directivos”, que “no se corresponden con la situación económica del país y aun menos en entidades” con “fuertes recortes”.

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