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Íñigo Echenique | Ingeniero naval responsable del “Sea Cloud Spirit”

“La entrega del ‘Sea Cloud’ reforzará el mercado de los cruceros y yates en Galicia”

Íñigo Echenique, con el "Sea Cloud Spirit" a sus espaldas, ayer en Metalships.

El ingeniero naval Íñigo Echenique (Vigo, 1957) concibió el Sea Cloud Spirit y lo ha visto crecer durante 16 años. Desde la desparecida Factoría Naval de Marín hasta el astillero vigués Metalships & Docks, pasando por la maraña de bancos, fondos e intereses varios, el crucero de lujo de 138 metros ha logrado salir a flote. Y en este largo viaje, el buque estuvo acompañado por Echenique, primero con su ingeniería Acubens y, ahora, con Seadrone. “Siempre procuramos que el barco se quedase aquí, aunque no era la intención de todos”, recuerda.

–Después de 16 años, ¿qué significa para usted que el “Sea Cloud Spirit” sea por fin una realidad?

–Es muy emocionante y me hace una ilusión enorme. Son muchos años detrás del barco y nunca me he desvinculado de él, ni desde el punto de vista emocional ni desde el punto de vista del trabajo y seguimiento. Poder navegar en él con todas las velas desplegadas, con tanto esfuerzo... Es que hubo momentos en los que no se sabía si se iba a terminar o si se iba a hacer aquí. Es el barco más grande que he diseñado y en él he puesto muchísima atención. Estoy encantado con el resultado del barco.

"Es el barco más grande que he diseñado y en él he puesto muchísima atención. Estoy encantado con el resultado del barco"

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–¿Cómo llega el segundo velero más grande del mundo (el primero en su momento) a Vigo?

–En el año 97 vinieron a España los armadores e hicieron un barco en Astilleros Gondán, el Sea Cloud II. Estuve muy involucrado, ya que hice una parte del proyecto, ayudando mucho en la construcción y con muchas dificultades por la inexperiencia, las exigencias feroces y demás. Fue duro, pero se entregó en el 2000 y los armadores quedaron satisfechos. Luego a principios de 2006 el director general de Sea Cloud Cruises volvió a España y expresó su intención de hacer un barco clásico a motor. La intención era hacerlo en Gondán, pero no se podía por eslora. Poco después le propuse que se hiciese a vela, hice el anteproyecto para poder presupuestarlo y les gustó. A partir de ahí les propuse pedir presupuesto en España. Yo conocía a uno de los inversores en Factoría Naval de Marín, con Nodosa a su lado para los aceros, y se firmó allí.

–Pero llegaron los problemas en Marín.

–Cuando Factoría Naval quebró el barco se quedó empantanado. Lo tuvo una gestora durante un tiempo porque había suspendido pagos, con muchas auxiliares colgadas. Bueno, entre otros a mí, que tuve el estudio desde el año 91 y se quedó temblando. Seguí haciendo algunos trabajos para Factoría, de valoración, del estado del barco para posibles inversores, etc. Los armadores ejecutaron el aval y pasó a ser propiedad del banco, Bankia. Luego entre los años 2013 y 2014 estuve trabajando con Bankia asesorando técnicamente y llevando la inspección del mantenimiento del barco y trabajando con las valoraciones de los inventarios, porque había muchas compras hechas, muchos equipos que estaban en el astillero.

Echenique, en la popa del crucero. Ricardo Grobas

–¿Pensaba que a lo mejor no se acabaría nunca el barco?

–E incluso después también lo seguí pensando. En ese momento estaba difícil porque es un barco muy singular, con un mercado muy pequeño. Luego es un barco muy grande, con pocos pasajeros, solo 135. Hubo contactos con posibles armadores y hasta le buscamos destinos distintos del barco de vela, incluso convertirlo en un crucero clásico a motor, en un yate de charter para 36 pasajeros. Cosas que abrían mucho el mercado y había algunos interesados.

–¿Y después de Bankia?

–Tomaron posesión los fondos a los que Bankia vendió una serie de activos, entre otros el barco. Los fondos me llamaron y estuve trabajando para ellos también. Ahí lo botamos y se trajo remolcado para ahorrar costes de estancia. Lo habían mantenido perfectamente en Nodosa y estuvo en Moaña fondeado tres años. En ese tiempo vinieron a verlo distintos armadores, potenciales brokers de diferentes países. En su día incluso se planteó el vendérselo a una universidad americana. Los fondos querían deshacerse del activo, pero no a cualquier coste. Hubo interesados italianos, estadounidenses, griegos...

"En su día incluso se planteó el vendérselo a una universidad americana"

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–¿Cuándo volvió a manos de Sea Cloud Cruises?

–Los llamé. En aquellos años también estuvo interesado Royal Clipper y hubo bastantes contactos con ellos. Querían un barco más largo y se estudió la posibilidad de alargar este sensiblemente, hasta los 160 metros. Al final, entre el coste que suponía eso y la complicación, pues no se hizo. Ellos empezaron otro barco de 165 metros en Croacia, el que ahora es el barco más grande a vela [Golden Horizon]. Ya con Sea Cloud Cruises se le pidió presupuesto a varios astilleros, Metalships entre ellos. Sé cómo trabajan, ofrecen confianza técnica y financiera y están acostumbrados a hacer barcos complejos. El barco se trajo aquí al dique en 2016 para una due dilligence y ya a finales del 2018 se puso en marcha. Y hasta hoy.

–Cuando este barco salga por la ría, ¿debe quedar la sensación en el naval de que nunca hay que perder la fe?

–Francamente sí, porque ha habido que hacer muchas concesiones por todos lados para que el barco pueda salir adelante. Tuvo muchos altibajos. Si hubiésemos perdido la esperanza el barco no estaría aquí. Ha sido realmente como El parto de los montes.

–¿Qué va a significar su entrega para esta industria viguesa y gallega?

–Es algo muy bueno porque por un lado genera un nuevo mercado, el de los cruceros de 5 estrellas con un tamaño asequible; por otro; un mercado que es interesantísimo y es una pena que Galicia no esté ahí, que es el de los yates grandes. Es positivo a más no poder para el astillero primero y para Galicia también, porque se benefician otras atarazanas y la red enorme de auxiliares. Alguna vez he comentado sobre las horas de trabajo que ha dado este barco y es una enormidad, de unos dos millones de horas. Y eso, ojo, son muchas familias y muchas empresas que han sobrevivido gracias al barco también. Muchísima gente ha trabajado en él durante mucho tiempo.

“Estamos con un nuevo crucero y la intención es hacerlo aquí”

–Cuando hubo problemas, ¿se llegó a considerar el desguace?

–Si eso no se llevaba a cabo había un participante en la operación con relevancia que estaba por la opción de achatarrarlo, lo cual me hubiese obligado atarme a la vía [risas] porque para mí era una cosa terrible.

–¿Es el culpable, ya no sólo del diseño, sino de que se hiciera aquí?

–Aposté absolutamente por Galicia.

–¿Y qué acabó de convencer a los armadores originales?

–El barco desde siempre les había les había interesado, porque el negocio les iba muy bien y necesitaban otro barco. Nunca se olvidaron de él, porque cuando estuvo abandonado, entre comillas, fue solo por las circunstancias económicas. Luego vinieron, el astillero les convenció con las garantías suficientes. Todo esto con un tira y afloja intensísimo entre los fondos, los bancos que tenían que dar las garantías... En fin, que había un montón de agentes involucrados: parte técnica, financiera, contractual, comercial... Al final felizmente se pudo firmar el contrato y hoy está acabado, lo que es una satisfacción enorme para mí y para todos los que han trabajado en él. Metalships ya hecho una excelente coordinación, un trabajo muy bueno. Y, además, yo creo que una cosa importante es que no han escatimado, han puesto mucho esmero tanto ellos como gran parte de los subcontratistas. Mucho empeño en que el barco salga bien. Creo que ha aglutinado mucha ilusión y realmente ahora es una satisfacción, ya que la armadora está contenta y al astillero le abre un mercado.

–¿En qué está trabajando ahora con Seadrone?

–Aparte de los barcos no tripulados, estamos con el diseño del anteproyecto para un nuevo crucero, pequeño, y la intención es hacerlo aquí. De hecho, de no ser por el COVID ya estaría en marcha. Es un barco pequeño pero interesante, porque es un crucero solo para 16 pasajeros. Quizá también nos metamos con algún proyecto de algún barco híbrido.

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