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Las cartas de despido en Pili Carrera

Una empleada de Pili Carrera en las instalaciones de Mos Ricardo Grobas

Pili Carrera rescinde la relación laboral que mantiene con parte de su plantilla, como parte del proceso de liquidación en el que está inmersa la firma. Medio centenar de empleadas de la marca de moda infantil recibieron sus cartas de despido y dejan de formar parte de la compañía. La jueza del proceso concursal ha dado luz verde al auto de liquidación en el que figuran el nombre de los trabajadores afectados y la indemnización que le corresponde a cada uno. La mayor parte de estos empleados se encontraba actualmente en un ERTE, bien fuera parcial o total.

El administrador concursal ha decidido mantener a otras quince empleadas en el centro de producción de la compañía en Mos, donde realizan labores de gestión de inventario en el almacén así como de venta al público de las prendas en su tienda outlet. De hecho, la comercialización del stock de la marca con “grandes descuentos”, que arrancó la pasada semana, está cosechando un gran éxito, según revelaron fuentes cercanas a la empresa.

La compañía gallega avanza también en la resolución de sus deudas. En estas últimas semanas procedió a abonar a sus empleadas las nóminas de los meses de enero y febrero. Deja pendiente, como excepción, alguna paga extra. Precisamente, la venta de los excedentes de producción en su tienda de Mos y en córner del centro madrileño de El Corte Inglés, se destinará a reducir el pasivo de la marca.

Durante estas últimas semanas, las empleadas acudieron al centro de producción de Pili Carrera para rematar parte de las prendas a las que sólo le quedaban detalles como botones o bastillas. La previsión es que, a medida que se avance en las labores del almacén, tan sólo se mantengan tres o cuatro trabajadoras dedicadas a la venta en el outlet.

Pili Carrera busca un comprador interesado en dar una nueva vida a su unidad productiva completa. El administrador del proceso de liquidación propuso conceder un plazo de dos meses para dar con un inversor que de continuidad al negocio mediante la transmisión de la unidad productiva, que exime al comprador de las deudas de la enseña (que rondan los cinco millones de euros).

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