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La industria sucumbe al COVID en Galicia tras perder un 20% del empleo desde 2008

La industria sucumbe al COVID en Galicia tras perder un 20% del empleo desde 2008 | HUGO BARREIRO

La hipótesis de partida parece sencilla, evidente incluso: “las medidas de contención de la pandemia tienen un efecto negativo directo sobre la movilidad, lo que, a su vez, incide adversamente sobre los niveles de actividad a través de un menor consumo o una menor producción”. Pero, ¿cómo de grande fue el impacto? ¿Qué parte de la histórica merma del Producto Interior Bruto (PIB) se debió a las restricciones?

El sector supera a los servicios en caída de afiliados en la pandemia, arrastrado por textil, naval y artes gráficas | Alimentación, motor y metal reúnen casi la mitad de los ocupados

Pues un 70%, según el Banco de España, que acaba de publicar un novedoso estudio a partir de los datos de Google con los movimientos de la población y una decena de indicadores –empleo, ventas del comercio, producción industrial, exportaciones, matriculaciones y pernoctaciones hoteleras, principalmente– en todas las autonomías entre abril y diciembre de 2020. El análisis muestra un retroceso de la economía “más intenso” de lo que en principio se podría esperar por la movilidad que, a su vez, bajó más de lo previsto en las restricciones por “cierta reducción de carácter voluntario” hasta la primera desescalada.

Hasta que administraciones, empresas y ciudadanos iniciaron “un proceso de aprendizaje” para convivir con el coronavirus y “las distorsiones asociadas”, según el regulador, hubo que, entre otras decisiones, cerrar todo lo que no era esencial. Muchas ramas de la industria de Galicia podían seguir operando y, de hecho, eso suavizó el golpe de la crisis en el PIB regional. Pero el sector no está inmunizado al COVID-19.

La industria empezó el nuevo ejercicio como acabó el anterior. La producción en enero descendió un 6,6% en comparación con el mismo mes de 2020. Como el resto de la economía, el confinamiento de abril y mayo provocó un desplome inédito del 43,8% y el 33,1%, respectivamente, aunque en su caso con una clara tendencia a la recuperación después entre los principales pilares de las manufacturas.

Dos, sobre todo. La industria de la alimentación redujo su actividad tan solo un 1% y la producción del motor esquivó los números rojos de vértigo en los polos de la automoción del resto del país –un 18% menos– con un incremento del 5,5%.

“Todas las comunidades se vieron afectadas por una contracción sin precedentes, si bien cabe mencionar la heterogeneidad del impacto atendiendo fundamentalmente a la estructura productiva de cada territorio”

Foro Económico de Galicia - Último informe de coyuntura

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A mayor exposición a sectores afectados por las limitaciones, como turismo en general y hostelería en particular, mayor descenso del PIB. En Galicia fue del 7,6%, casi dos puntos menos que el conjunto del Estado (9,1%). “Además, las actividades industriales con mayor impacto fueron la de automoción, bienes de equipo y bienes de consumo duradero, y en menor medida la construcción –añade el documento–. El impacto fue menor en la industria de alimentación y el sector primario, mientras que en los servicios públicos, la industria farmacéutica y en mayor medida la sanidad, la actividad aumentó”.

Convertida en la despensa de Europa por el récord de exportaciones de conservas y leche –las ventas de carne al exterior se redujeron un 0,9% y un 14% las de pescado– y en la excepción de España en la languidez de la fabricación de coches, Galicia contuvo la sangría laboral en la industria. Porque ni la pandemia respetó al sector con mejores condiciones laborales y al que todos los expertos apuntan como salvaguarda en crisis económicas. El número de afiliados a último día de febrero rondó los 143.000. Son 3.420 menos que los que tenía la industria al cierre del mismo mes de 2020, justo antes de que el COVID-19 pusiese todo patas arriba. La actividad destruyó proporcionalmente más empleo, el 2,3%, que el sector servicios (1,9%), poniendo fin a los cinco años al alza tras la anterior doble recesión.

No se había recuperado de ella todavía. Ni mucho menos. Con el mazazo ahora por la pandemia, la ocupación en la industria gallega vuelve al terreno negativo y acumula desde 2008 la pérdida de dos de cada diez puestos de trabajo, un total de 33.874.

¿Qué sucedió en el año que acaba de cumplirse con el COVID-19 a cuestas? Tres comportamientos muy distintos. Ramas industriales que aguantan más o menos la situación, algunas con subidones importantes de cotizantes y otras sumidas en una pesadilla. Alimentación y motor están, junto con la fabricación de productos metálicos, en el primer grupo. Las tres concentran casi la mitad de todo el empleo del sector de la región.

La industria alimentaria tenía a finales de febrero 30.080 trabajadores, un 1,6% menos (494) que hace un año. Redujo personal en los meses de restricciones más duras y la recuperación posterior fue rápida, con un pico de 31.100 en octubre. Como cada diciembre, las empresas pasaron la tijera (27.385), aliviada en parte en enero (30.536). En febrero descendió en cerca de 500 puestos, según las cifras de la Seguridad Social recopiladas por el Instituto Galego de Estatística (IGE). No ocurre lo mismo con su hermana, la industria de las bebidas, lastrada por los cierres intermitentes y limitaciones en la hostelería. La cifra de altas en la Seguridad Social disminuyó en 187, un 6,3%.

La evolución en la industria gallega del motor es mucho más estable. Pese a la bajada del 1,1% (183 cotizantes) respecto a febrero de 2020, en los dos primeros meses del año el empleo en la automoción apenas varió, alrededor de los 16.600. En ese tiempo, la fabricación de productos metálicos sumó 400 trabajadores. Tiene en nómina a unos 16.400, prácticamente los mismos que antes de la pandemia.

La caída en la industria de la madera es algo más intensa, un 1,8% –160 empleados menos, hasta los 8.891–, pero no tanto como para no pasarle por encima a la confección de ropa. Es la actividad manufacturera peor parada de la nueva crisis en Galicia ante el desplome de las ventas de moda: 769 trabajadores menos, uno de cada diez. En esa misma proporción se mueve también las artes gráficas (384 empleos destruidos). La particular crisis que vive una parte del naval por la falta de pedidos, agravada por todo el culebrón protagonizado por Barreras, pasa factura al empleo. En el último año se esfumaron 371 puestos, el 6,2%.

La elaboración de productos farmacéuticos sobresale entre las pocas ramas industriales en Galicia con empleo al alza. Incorporó 87 efectivos, lo que supone un incremento del 8,5%. En la categoría de “otras industrias extractivas”, donde se incluyen los primeros eslabones de la cadena de la piedra, hay 40 afilados más (2,2%).

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