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Las fórmulas de los centros comerciales gallegos para contrarrestar el auge online

Vista del centro comercial Laxe, en Vigo. | // MARTA G. BREA

Los centros comerciales aprovechan la baza de la fórmula híbrida en una partida contra las circunstancias. En su particular tesitura juegan en contra el auge del canal online, el giro estratégico de las cadenas de distribución por el centro de las ciudades y el doble golpe del coronavirus, que ha dejado muchos alquileres comerciales en vilo y una caída de la afluencia del 38% en 2020 por las restricciones para contener la pandemia, según los datos de la firma MGVM.

Pese a este escenario, Galicia gesta, actualmente, hasta tres grandes instalaciones de este tipo. Una de ellas será la todavía en construcción Vialia en Vigo, con una inversión de 150 millones, una superficie de 43.100 y una gran plaza urbana que se articula como reclamo de un modelo que amparará a 125 tiendas. También la capital ourensana apostó por este formato con un complejo que empezó a construirse el pasado diciembre, con una inversión de 25 millones de euros. Bautizado como Way Ourense, sumará 18.0000

A Coruña, el antiguo Dolce Vita, que cerró sus puertas en 2014, será sustituido por el proyecto comercial Breogán Park, que costará 60 millones de euros y contará con 45.000.

La sexta comunidad con más complejos

Sin considerar todos estos proyectos, Galicia es la sexta comunidad más poblada por centros comerciales de España. Con un total de 39, se sitúa por detrás de Andalucía, Madrid, Valencia, Canarias y Cataluña. Además, el territorio gallego “tiene una densidad de metros cuadrados por habitante similar a la media española”, explica Eduardo Ceballos, presidente de la Asociación Española de Centros Comerciales (AECC).

Durante la crisis financiera se alcanzó el pico de aperturas de estos complejos. Sin embargo, la cifra no ha dejado de aumentar, año tras año, anotando una tendencia contraria a la sobredimensionada red de parques estadounidense. El 2020 cerró con cinco instalaciones comerciales nuevas en España.

Los centros comerciales están sufriendo una gran transformación. “La expresión apocalipsis del retail tiene que ver con centros comerciales mal situados y con oferta pobre”, analiza Alberto Rocha, secretario general de Cointega, clúster textil gallego. “Tienen poco futuro los complejos que venden básicos, en sitios incomodos y que supone esfuerzo ir hasta allí. Parques en los que el incentivo es encontrar un chollo, como los outlets. Eso ya lo ofrece internet”, sentencia.

Los complejos comerciales tendrán que jugar la partida contra un comercio online que no deja de despegar. En este cara a cara, los centros apuestan por convertirse en aliados y crear un modelo híbrido. Escogen posicionarse como el nexo: “Creo que son el mejor formato para combinar el comercio físico y electrónico, porque el consumidor combina ambas opciones”, dice el presidente de AECC. Se refiere a fórmulas como el Click&Collect, la recogida de pedido en el coche y otras sinergias.

Las marcas de ropa

Pese a ello, las cadenas de moda y las de alimentación visionan su futuro en el centro de las ciudades. Las marcas de ropa aceleran para ratificar una tendencia que se venía marcando desde hace tiempo: apuestan por tiendas flagship en las principales arterias comerciales, en detrimento de establecimientos periféricos.

Lo han hecho firmas como la gallega Inditex o H&M, pero también un habitual de los centros comerciales como Primark, que pese a las grandes dimensiones de sus establecimientos busca locales en calles céntricas. “Los complejos comerciales están sustituyendo las tiendas que venden productos por espacios que prestan servicios”, dice Rocha.

En contraposición, los operadores online aterrizan en el mundo físico. No hay más que ver cómo el gigante chino Alibaba subió la persiana de sus dos tiendas de Aliexpress en dos centros comerciales, uno en Madrid y otro en Barcelona.

También los supermercados escogen la proximidad. Los grupos de alimentación adoptan un modelo de gran número de tiendas, de tamaño más reducido y cerca del consumidor, en los núcleos urbanos. Ejemplo de ello es Carrefour o el hard discounter alemán Aldi.

Aun así, las tiendas más céntricas han estado más expuestas a la caída del turismo y han visto como sus ventas llegaban a desplomes del 80% frente al 20% de descenso de los centros comerciales, anota Ceballos. “En zonas como Madrid o Barcelona, estas instalaciones han sido claves para mantener la vida de las compañías”, reflexiona.

Con todo, Ceballos subraya el buen comportamiento de estas instalaciones en Galicia en los meses de verano, antes de que se impusieran nuevas medidas por la pandemia. “Desde el sector vemos el COVID como un paréntesis. Creemos que los hábitos de consumo volverán a como estaban”, concluye el presidente de AECC.

El pastel gallego de complejos: entre Pontevedra y A Coruña

La red de centros comerciales gallega tiene una densidad de 338 m² por cada 1.000 habitantes, algo inferior a los 352 m² por cada 1.000 habitantes de la media española, a su vez, parecida a la europea. Los cinco complejos muy grandes o grandes concentran nada menos que el 40% de la superficie bruta alquilable de Galicia. La lista la encabeza el coruñés Marineda City, con 176.000 m² e Ikea como motor. La provincia de A Coruña tiene tan sólo dos centros comerciales más que la de Pontevedra, 18 y 16 respectivamente. Sin embargo, la primera casi duplica en superficie bruta alquilable a la segunda, 527.508 m² frente a 249.233 m². De hecho, la provincia coruñesa aglutina el 57,8% de la superficie bruta alquilable, según datos actualizados de AECC. Ya por detrás, Lugo con tres centros comerciales suma una superficie bruta alquilable de 96.799 m² y Ourense 39.190 m², con dos complejos. Lo que refleja la apuesta por un modelo comercial distinto en cada región.


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