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El COVID cerca a proveedores lusos de la planta de Balaídos

Producción en la factoría viguesa de PSA.

Producción en la factoría viguesa de PSA.

La tercera ola de COVID que golpea la península ibérica cerca a los proveedores de la planta del grupo Stellantis en Vigo. Especialmente a aquellos que se encuentran en suelo luso. La irrupción de casos en el país vecino está afectando a las empresas que envían sus componentes a Balaídos, que por el momento mantiene la producción “con normalidad”. Solo en Ponte de Lima (al norte del país) una firma tiene 50 casos activos.

La población portuguesa está siendo duramente golpeada por la pandemia. El país tiene casi 17.000 contagios y 340 muertes por millón de habitantes, lo que llevó al Gobierno a imponer un nuevo confinamiento. Los malos resultados derivados de las reuniones permitidas por Navidad –como en el caso español– están afectando a su economía, entre la que se encuentra la automoción, un sector con mucha fuerza en el norte del país.

Esta semana el medio digital O Minho desveló que las dos factorías que tiene ZF en Ponte de Lima registraron desde el inicio de la pandemia un total de 192 casos de COVID, que hace unas semanas eran 50 y que en la actualidad cuenta con 35 positivos tras las últimas pruebas realizadas con fondos propios (debido al colapso del sistema de salud en estos momentos). El director de la planta, el redondelano José Castro, asegura a FARO que la producción se mantuvo este tiempo “sin problemas” gracias a un aumento de horas extras en fines de semana. “A lo largo de las últimas semanas ya notamos un descenso de los casos”, explica Castro, que liga la evolución de los casos del país con los de la empresa tras el pico alcanzado el pasado mes.

ZF, que también está presente en Vigo y O Porriño, tiene allí 1.800 trabajadores. El brote de positivos choca con los que se dan al otro lado de la raia. La planta de Balaídos, con más de 7.000 trabajadores en plantilla, “solo” registró 20 positivos en el mes de enero, lo que da muestra de la situación de urgencia que vive Portugal. Fuentes del sector de componentes explican también que el caso de ZF no es el único en suelo luso tras la expansión del virus en las últimas semanas, aunque por el momento medios del país no se hicieron eco de más brotes.

Microchips

Por otro lado, Stellantis sigue lidiando como puede con la escasez global de microchips que está poniendo en jaque a todo el sector de la automoción. Si bien Vigo consigue escapar por el momento a las paradas que causa la falta de este componente, a la planta de Figueruelas (Zaragoza), que reportó paros durante el último fin de semana, le sigue ahora la de Eisenach (Alemania). Fuentes del sector explican a este periódico que la factoría de Opel está empezando a reportar los primeros problemas por la escasez de los microchips.

Paros en la factoría de Kénitra tras una huelga de la plantilla, que reclama un alza salarial

La era Stellantis empieza con problemas en la factoría que el grupo tiene en Kénitra. A la lucha por evitar los paros derivados de la escasez de microchips global y de los casos de COVID, la plantilla de la fábrica de Marruecos provocó una interrupción de la producción con una huelga para demandar un alza salarial y una serie de mejoras que recogieron en un documento de 26 puntos. La protesta coincide con el aumento de la carga de trabajo después de que el grupo derivase parte de la producción del Peugeot 208 Allure desde la planta de Trnava, en Eslovaquia.

Diversos medios apuntan a que los trabajadores, que denuncian una congelación salarial, provocaron un bloqueo de la producción al menos el pasado 27 de enero. De las reivindicaciones de la plantilla se hizo eco tanto el sindicato CGT desde Francia como la CUT de la planta de Balaídos. En ambos casos mostraron su apoyo a las protestas en Kénitra y denunciaron que la plantilla marroquí solo percibe sueldos de 2.400 dirhams al mes (unos 220 euros al cambio actual), en algunos casos no tienen cobertura médica ni compensación por trabajos peligrosos, una alta temporalidad y también falta de compensaciones por las horas extra. “Fábricas del siglo XXI con condiciones del siglo XIX”, denunciaron desde la CUT.

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