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La eclosión de casos COVID en tripulantes amenaza la campaña de pesca en Malvinas

El “Venturer”, en Vigo y antes de salir rumbo a caladero. | // FRIOYA

Uno de los congeladores de Pesmar, en Marín, arranchando para partir. | // TECNOPESCA GROUP

Fueron ellos los que, desde las Seychelles, Namibia, Uruguay, Mauritania o Perú, con grandes carteles de cartón en cubierta, empezaron a mandar ánimos a casa en los meses de marzo y abril. En el cerrojazo profundo, al que están acostumbrados y padecen muchos meses al año. A la extrema dificultad de su trabajo, las tripulaciones de los buques de altura y gran altura tuvieron que lidiar con las trabas logísticas, a los relevos y aprovisionamientos. Pero mantuvieron la cadena en todo momento, como recuerda la industria en pleno. La situación ha cambiado de forma drástica: en plena tercera ola en España, la flota experimenta una vez más el impacto de la pandemia. O impide la salida de buques por el aislamiento de marineros o fuerza su amarre o fondeo por brotes a bordo. “Es extremadamente complejo. Hay barcos que no han salido todavía y, a estas alturas, ya dan por perdida la primera marea [del año]”, explican fuentes del sector en relación a Malvinas (Falkland Islands). Al menos seis buques están en esta situación, todos de capital gallego, con tripulantes confinados en hoteles y sometidos, en ocasiones, a PCR que continúan dando positivo semanas después.

El arrastrero Venturer, de la compañía malvina Petrel Fishing y operado desde el puerto de Vigo, salió rumbo a caladero el 14 de enero. Son tres semanas de travesía. Pero no pudo completarla, como confirmaron ayer a FARO fuentes de la compañía. Se vio obligado a parar en la dársena brasileña de Salvador de Bahía por un brote masivo de COVID entre sus marineros. “Durante la travesía, en los controles rutinarios de temperatura previstos en el protocolo, uno de los tripulantes mostró síntomas” compatibles con coronavirus. El test de antígenos dio positivo. “Se procedió a su aislamiento, según lo establecido y con seguimiento en coordinación con el servicio radio-médico de Madrid competente”. El buque, de 84 metros de eslora, permanece fondeado en la Bahía de Todos os Santos, a unas diez millas de la terminal portuaria de la ciudad carioca. Al menos dos de los embarcados, como apuntaron a este periódico fuentes próximas a marineros, han sido evacuados a un hospital.

El protocolo

Se da la circunstancia de que Petrel Fishing había procedido a un completo control antes de salir de Vigo “para asegurar que todos estaban libres” de la enfermedad. Se les realizó un primer PCR, “para descartar a los eventuales positivos”, y a continuación fueron sometidos a “seis días de confinamiento controlado en hoteles”. La armadora realizó una segunda prueba PCR, con pleno de negativos. Antes de embarcar, fueron sometidos a un test de antígenos “como garantía final del proceso”. La empresa no se explica cómo ha podido generarse un brote de COVID a bordo del Venturer. Los demás tripulantes que han dado positivo están asintomáticos, de acuerdo a la compañía. Tendrán que guardar cuarentena. Pero este caso no es el único. Al menos otro buque que opera en las Falkland, participado por capital vigués, ha tenido que desviar su trayectoria hacia las Canarias por el mismo motivo y tras haber aplicado el protocolo antiCOVID. “Entre los barcos que no han salido, los que tienen este problema y la demanda, la campaña va a ser complicadísima”, apuntan desde el sector.

Las complicaciones por la expansión del virus se extiende por prácticamente todos los caladeros donde operan buques gallegos y pese a los estrictos controles. Todas las tripulaciones gallegas –para Malvinas, NAFO o pesquerías de atún– pasan un aislamiento preventivo en hoteles, paralelo a la realización de los test, que también se efectúan a bordo.

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