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La resiliencia del autónomo

El sector reclama que se sustituya el pago de la cuota fija por una proporcional a lo que ingresa cada empresario

Un trabajador autónomo

Un trabajador autónomo EFE

El colectivo de autónomos afronta las consencuencias de la pandemia con el agua al cuello. Su rostro es de la peluquera del barrio, el dueño del bar del pueblo y del comercio de la esquina. Es el músico que amenizaba las noches de los miércoles y el técnico de la piscina. Pero, sobre todo, son las vidas de las familias que trabajan en y para estos pequeños negocios. Sin importar elsector, adolecen de una caída de ventas que ronda el 50% a cierre del año 2020. Diez meses más tarde volvemos a hablar con seis emprendedores que nos cuentan el impacto de la pandemia en su negocio y cuáles son sus reivindicaciones

Nunca tanto se ha repetido la palabra resiliencia. Ha sido apellido de unos cuantos planes del Gobierno. Para el colectivo de autónomos ha devenido en exigencia. Para resiliencia la de peluqueros, pequeños comercios, bares o músicos.

No sorprende que, el 2020, se saldara con dos sectores especialmente castigados: el del comercio y la hostelería. Así lo reflejan los datos de la Unión de Profesionales y Trabajadores Autónomos (UPTA) en Galicia. “Lo cual no quiere decir que no haya sectores al borde de ruina. Por ejemplo, el del ocio. Su cadena de valor está destrozada”, explica el presidente de UPTA, Eduardo Abad Sabarís.

La factura del descenso de la capacidad económica de la población la pagan los negocios. Aún así, el ejercicio 2020 se ha saldado con un balance de casi 1.400 autónomos menos en Galicia. Una cifra que, lejos de lo que cabe esperar, se sitúa en línea de años anteriores, de los más de 2.000 de 2019, o los 1.600 en 2018, según los datos de la Asociación de Trabajadores Autónomos de Galicia (ATA).

“La situación es ficticia”, analiza Álvaro Viqueira, secretario general de ATA. “Perdemos menos autónomos que otros años. Esto puede ser derivado de que hay gente que pasándolo mal pero que no se da de baja porque tienen carreras de cotización largas y están próximos a la edad de jubilación”.

“El tejido productivo autónomo en Galicia está muy envejecido, el 70% tiene más de 58 años”, complementa Sabarís. “Hay otro dato más preocupante. De esos 1.400 autónomos, 1.100 fueron mujeres”, subraya Viqueira.

Entre otras reivindicaciones de UPTA hay una reiterada entre los autónomos: que la cuota se pague en función de sus ingresos reales. “Un sistema que esperamos que se ponga en marcha a lo largo de 2021”, señala Sabarís. “El 87% de los autónomos en Galicia cotizan por la base mínima”, destaca.

Sobre la mesa de negociaciones de la Xunta hay un segundo plan de rescate para autónomos, microempresas y hosteleros que estará dotado, como mínimo con 50 millones de euros y está previsto que sea aprobado el próximo febrero.

SIMÓN ESPINOSA | Pincha en en la imagen para ampliar

“A quien más tengo que agradecer es a la gente. A mí me rescató la gente”

Lourdes - El tocador de Lu

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Lourdes describe su cabina de estética como el psicólogo. Un lugar seguro donde los clientes arrojan su desasosiego. A su parecer, es porque la gente necesita verse mejor y ciudarse. En buena medida será, también, por el optimismo que ella desprende.

“Estoy en un sector que es de los menos afectados” dice la dueña del centro de estética El tocador de Lu. “Como tengo cabina siempre se trata a las personas de uno en uno y funciona bien”. Comenta, no sin cierta cautela, que ella es positiva: “a mí me fue bastante bien”, reconoce.

El coronavirus ha agudizado los problemas de stock de los negocios. A algunos, por que no les llegaba la mercancía. A otros, por la combinación: excedente de inventario y clientes confinados que no iban a comprar. Lourdes es de las segundas, pero su gran baza fue tener la digitalización de su negocio a punto.

El centro de estética de Lourdes recibió una ayuda por cierre para autónomos que sirvió para salvaguardar el negocio. Pero lo que más útil le resultó fue el préstamo del ICO, según confiesa esta emprendedora. En un momento en que arrastraba la deuda de una mercancía que acababa de comprar antes del Estado de alarma, Lourdes vio en este préstamo un apoyo para su negocio.

Y ciertamente, los meses de verano se dejaron notar. “Si soy sincera a quien más tengo que agradecer es a la gente”. Se envuelve agradecimientos a su clientela: “a mí me rescató la gente”, enfatiza. No sin recordar la suerte de tener un casero que le condonó el alquiler.

Así es que para todo hay múltiples lecturas. La que hace Lourdes es de precaución hacia el futuro. “Me da miedo pensar en dentro de un año. Cuando venga la repercusión de la crisis. Me da miedo no tener más manicura para hacer o que la gente no pueda pagar, porque la gente quiere”.

Su gran baza, según relata ella misma, fue la digitalización de su negocio. Las redes supusieron un revulsivo para que vendiera productos. “Para mí ha subido el trabajo, pero es una excepción”, dice tratando de acallar ese pensamiento que le recuerda que puede venir “una crisis como nunca”.

“Yo también soy un trabajador. Arriesgo capital para ganar dinero”

Álvaro - Mobu Deportes

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Álvaro

Álvaro

Álvaro es autónomo, dueño de una tienda multimarca de moda deportiva en Villagarcía. A sus espaldas suma 40 años trabajados y con un negocio castigado por la pandemia que arrastra un 30% de caída en las ventas. “Estamos completamente descapitalizados”, confiesa.

Parecía una suerte que, con el confinamiento, la gente le cogiera el gusto a la ropa deportiva pero al final, se impuso la contención del gasto. Mientras, “los autónomos seguimos pagando”, dice en relación a la subida de los tipos.

Su negocio, Mobu Deportes, cuenta con cinco empleados. Él es el sexto. De ello dan fe las jornadas interminables que lo tienen en la tienda hasta entradas las 11 de la noche. También las noches en vela haciendo encaje de bolillos con los números: “yo también soy un trabajador. Arriesgo capital para ganar dinero”.

Reconoce que tiene suerte por no tener que pagar el alquiler. Una inversión que jamás pensó podría salirle tan rentable. El empresario va cogiendo fuerza: “yo tributo todos los meses como autónomo. Pago cada mes una cuota de 596 euros para tener una cotización”. Y en un suspiro ahogado dice: “Me parece que me jubilaré a los 71 años. Cuando no pueda con el alma”.

Su historia es de resiliencia. Porque, interpela, “¿si yo voy a concurso mis hijos qué comen?”. Ellos, los autónomos, son “la base de la industria española”, reivindica Álvaro. Y mira a Alemania en busca de referencia de un sistema de ayudas. Los préstamos ICO, incide, han sido el agosto de los bancos.

A Álvaro le sobrecoge la impotencia. Lo hace cada día que sube la persiana de su negocio. “Yo no soy Amancio Ortega”, ironiza. Y no ve otra opción que seguir trabajando. “Levantarse al día siguiente, sonreír. Pagar impuestos y así el resto de nuestra vida”. Y deja una pregunta en el aire:”¿En dónde está mi parte proporcional del pastel’”.

“Ya que somos esenciales, que nos dejen hacer un justificante para las clientas”

Elbi - Elbi Peluquería

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Elbi

Cuando las persianas de los negocios subieron, tras el primer confinamiento, las peluquerías corrieron a ganarse el pan. Tras meses sin salir de casa, unos clientes ávidos de un retoque se disputaban un hueco en la concurrida agenda de Elbi. Y con la regla de un usuario por vez, sus cuentas comenzaron a gotear.

Así es que redujo sus apoyos de tres a una peluquera. El caso era, tan sólo, subsistir. Lo que no ha podido evitar es la sangría de ventas del 60%. La pandemia les ha dejado sin bodas, ni comuniones. Les ha dejado sin bares, sin socialización. Y el do it yourself de clientes con un agujero en el bolsillo nunca supuso tal afrenta para su oficio.

Ella cuenta hasta 18 años regentando su negocio en Poio. Y resulta que muchos de los habituales de su peluquería no pueden disponer de sus servicios. La incoherencia, de la que aún poco se habla, radica en ser servicio esencial y, a la vez, no ser justificación suficiente de un desplazamiento entre ayuntamientos.

“Tengo muchas clientas que no son de Poio. Los cierres perimetrales nos perjudican. Ya que somos esenciales, que nos dejen hacer un justificante para que las clientas puedan venir”, espeta Elbi.

Hoy, estos profesionales salen a la calle a denunciar otra contradicción: se los considera servicios esenciales, pero se les aplica un IVA del 21%. “Con la bajada del IVA salvarían muchos puestos de trabajo”, reflexiona.

La puntilla, en la vorágine de una tercera ola del coronavirus, le llegó a Elbi con el contacto estrecho con un positivo. Para evitar cerrar, ha contratado a otra peluquera. “No puedo cerrar porque la baja no me da para comer”.

Aún considerando perdidos los tres primeros meses del año, Elbi mantiene cierta ilusión en un el segundo semestre. “Necesitamos que se mueva la situación económicamente, que la gente salga y haga vida normal”.

“No hay suficientes ingresos en las empresas para hacer inversión”

Marga - Pontevedra Digital

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Marga

Marga

Los eventos están paralizados. Tampoco hay licitaciones de ningún organismo. El negocio de Marga depende de ambos. Cuando todo iba “cada vez peor”, una ayuda a autónomos en el segundo trimestre alivió un poco el impacto. “Para mí no fue un consuelo. Es pan para hoy y hambre para mañana”, dice. “Creo que tienes que estar con el agua al cuello para que te la den”.

Y la vía para sobrevivir no fue otra que diversificar hacia otros sectores. Un parche temporal con el que salvar un poco la situación.

Marga cree, aún con todo, que la situación irá a peor. La hostelería, recuerda, mueve muchos sectores. El comercio a penas tienen ventas. La consecuencia es clara para ella: “no hay suficientes ingresos en las empresas para hacer inversión”.

Esta empresaria reivindica que los autónomos son el eslabón más débil de la cadena. “Nos toca directamente cualquier problema que exista y nos toca los primeros”. La base fundamental de la economía del país y los más débiles, coge fuerza la emprendedora.

Porque ahora se les llama así. Aunque arrastre una caída de las ventas de casi el 50%. La tendencia se ha estabilizado y, al menos, el negocio no continúa arrastrando una curva descendente. Al final, explica,. “nos hemos adaptado a la situación”.

Trabaja en un local arrendado, con su portátil y una trabajadora al frente de la división de diseño bajo su paraguas.

Y ya puestos, esta empresaria pide un lugar más privilegiado para el autónomo , pero, especialmente, para la mujer autónoma. “Creo que la mujer está más perjudicada por el hecho de ser mujer”.

Su horizonte de optimismo no empieza hasta julio, cuando espera contar con una mayoría de la población vacunada que, de paso, pueda convertirse en salvoconducto de una situación que parece como “una película de terror”.

“Es mi pan, el de mi familia y el de dos familias más”

Manuel - Bar La Baldosa

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Manuel

Manuel

Con justificación para unos y sin ella para otros, al final, el de la hostelería está siendo uno de los sectores más castigados por la pandemia. “Me parece demonizar a un sector que, al mismo tiempo, es uno de los que está manteniendo la economía local y estatal”, reflexiona Manuel.

Su negocio, a medio camino entre una vinoteca y una tapería se debate entre una apertura nada prolífica económicamente en estos días de restricciones y lluvia, o un cierre que podría darle el golpe de gracia al negocio.

Así fue como dueños de bares y camareros se convirtieron en una suerte de policías de la distancia social, señalando mascarillas bajadas y fumadores cercanos en tiempos de pandemia. De paso, más unión entre hosteleros. “Considero que el problema no somos nosotros. Se socializa en los bares, hasta ahí estoy de acuerdo, pero en los bares los clientes están más controlados que en las casas”.

Sea como fuere, lo de bajar la persiana no entra en los planes de Manuel, más por obligación que por decisión propia. “Es mi pan, el de mi familia y el de dos familias más”, pone sobre la mesa.

En lo que va de año la caída de ingresos alcanza el 40%. “Estamos tirando de ahorros continuamente”; recuerda el empresario. Las ayudas, insiste, no llegan. “Si somos el problema que nos cierren y nos den ayudas de verdad para tener a flote el negocio. No queremos limosnas. Necesitamos ayudas urgentemente, sino muchos locales no abrirán”.

Manuel reclama que, al menos, se les exonere del pago de impuestos. “No pueden tenerlo todo: que nos cierren, que paguemos impuestos, que no destruyamos empleo, que seamos felices y con una sonrisa”; ironiza.

Si bien este autónomo aplicó un ERTE a algunos de sus empleados, no llegó a solicitar ningún crédito ICO. El motivo, como el de muchos otros autónomos: “creo que es pan para hoy y hambre para mañana porque se juntarán las pérdidas de antes, las de ahora y la devolución del crédito”.

Y como decisión personal, opta por ser optimista. “Creo que saldremos de esta porque somos muy trabajadores”.

En su pronóstico, la segunda mitad del año será más positiva. Espera que acompañada de un verano con buen tiempo. “Gracias a Dios mis clientes me apoyan en todo momento”.

“No hubo plan para la cultura. Se subvencionó pero no directamente”

Miguel - Cataragua

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La pandemia ha dado alas a unos pocos negocios y ha arrasado con muchos otros. Miguel es la cara de ambos casos: como dueño de una empresa de piscinas y músico. Y en un delicado balance, le ha tocado jugar a equilibrar los números.

No deja de resultar, como mínimo, curioso que el negocio de piscinas creciera en plena pandemia. “En general todo el gremio trabajó más de lo normal este verano”, apunta este trabajador autónomo. “La gente no podía hacer actividades fuera y se dedicó al ocio en casa. El que no tenía piscina se la hizo y el que tenía dedico más recursos”.

Miguel se encuentra en un delicado limbo. Tiene tanto trabajo como para pensar en contratar a otra persona pero no el suficiente como para que le resulte rentable.

El otro negocio, el de la música, no fue, ni de lejos, tan próspero. Ayudas insuficientes, restricciones de aforo, conciertos cancelados...

“No hubo plan para la cultura. Se subvencionó pero no directamente. Salieron algunas ayudas, pero no sirvieron para nada”, relata el Miguel músico. “La sensación es que no estás trabajando. Es como si te estuvieran dando el dinero y tú no quieres que te den el dinero así”. Y por no esperar cuando estás esperando, más vale que el negocio de las piscinas se mantenga a flote.

Si la costumbre era despreocuparse de la piscina, este verano,el último grito fue que estuviera perfecta. Es un trabaj de medio año de duración. Durante el invierno los chapuzones son ocasionales y la música que solía dar vida a las ciudades dejó de sonar. Así éstos se han convertido en meses de pérdidas para Miguel.

Este empresario reclama que el sistema de autónomos sea equipare al de otros países de Europa. Que cada uno pague en función de lo que gana. “Si no trabajas no pagas. Si trabajas mucho, pagas en función de tus beneficios”, desvela su lógica. 

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