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El veto a la movilidad desploma el consumo de combustibles en Galicia al mínimo en dos décadas

El consumo de carburantes cae a mínimos de hace dos décadas por la menor movilidad

Algunas de las estaciones de servicio más grandes de los alrededores de la ciudad de Madrid sirvieron de aparcamiento improvisado para cientos de coches que en la tarde del pasado viernes quedaron atrapados por el colapso de la capital del país con la histórica nevada provocada por la borrasca Filomena. Fueron los más afortunados. Los conductores tenían a mano combustible y provisiones. Después de lo mucho que los transportistas echaron de menos las áreas de descanso y sus servicios de hostelería para reponer fuerzas en el momento más duro del confinamiento por el coronavirus, el sector saca otra vez pecho y vuelve a reivindicarse. “Dado el panorama que nos está dejando la borrasca Filomena, lo más sensato es pasar un sábado de mantita y peli. No obstante, si tienes que desplazarte no olvides seguir los consejos de la Guardia Civil –tuiteaba su patronal el pasado sábado–. En nuestras estaciones de servicio atendidas y seguras podrás abastecerte de carburante, encontrar cadenas, cargadores de móviles y, por supuesto, bebida bien caliente. Gracias a nuestros empleados y a todos los que trabajan para normalizar la situación”. El suyo es uno de los negocios más azotados por la pandemia. Con tantas limitaciones a la movilidad, directamente no hay margen para mover mucho el coche y la demanda de carburantes en Galicia se ha desplomado. Y de qué forma. El consumo se redujo al mínimo de los últimos 23 años.

La curva del suministro de combustibles en la comunidad es un calco de lo sucedido con la actividad económica. El confinamiento total de abril, cuando el Gobierno paralizó todo sector que no fuera esencial para contener los contagios del COVID-19 en la primera ola, dejó las ventas de gasolina en tan solo 5.819 toneladas, un 71,6% por debajo del mismo mes de 2019. La caída anual en el caso del gasóleo fue del 54,6%, hasta las 54.361 toneladas, según los datos recopilados por la Corporación de Reservas Estratégicas de Productos Petrolíferos (Cores). ¿Por qué esta notable diferencia entre los dos combustibles más usados? Porque el tirón del transporte profesional por la presión en el mercado alimentario, otros productos básicos como los farmacéuticos y el resto de industrias básicas contuvo en parte la sangría en el diésel.

La demanda se fue recuperando paulatinamente, a medida que las administraciones abrieron la mano a la movilidad en la desescalada. Aún así, el acumulado hasta octubre, el último mes del que hay información oficial, arroja un descenso del 18% en el consumo de gasóleo en Galicia y del 19,9% en gasolina. Todos, absolutamente todos los meses desde el arranque de la pandemia están en números rojos en comparación con los niveles de un año antes. La menor merma se registró en septiembre, un 6,1% menos en gasolina y un 6,7% en el diésel. Los rebrotes se notaron ya en octubre. El consumo de gasóleo retrocedió más de un 12,5% y un 11,4% la gasolina.

“En los meses de verano y ahora en Navidad se fueron recuperando las ventas, pero la movilidad sigue siendo muy reducida”

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“En los meses de verano y ahora en Navidad se fueron recuperando las ventas, pero la movilidad sigue siendo muy reducida”, explica Benigno Redondo, presidente de la presidente de la Federación Gallega de Estaciones de Servicio (Fegaes), que estima que en el conjunto del año la caída del negocio minorista a pie de gasolinera –“sin contar los grandes suministros directos a las empresas de transporte”– es mayor, “entre un 30% y un 40%”. “La gente ya no tiene que coger tanto el coche, es evidente –añade–. Entre una cosa y otra, el consumo bajó mucho”. ¿Y cuál es la situación financiera del sector? La cosa va por barrios. “Claro que hay algunas que están pensando en cerrar porque no hay demanda suficiente”, señala Redondo. Los efectos del veto a los movimientos se acentúan en zonas donde ya era muy complicado exprimir el negocio. “Las ubicadas en zonas urbanas no son de las peor paradas porque todavía hay algo de tránsito, pero en áreas rurales no”, detalla.

Los gastos, según el responsable de la patronal gallega de gasolineras, “son prácticamente los mismos” y los precios “cayeron en picado” en ese periodo de más restricciones. La gasolina rondaba en enero en Galicia los 1,343 euros por litro en Galicia. En mayo se situó en los 1,094, un 18,5% menos, como recogen los balances de la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC). El gasóleo se abarató esos meses un 19,8% tras pasar de 1,269 euros por litro de media en la región a 1,017. “Entre los servicios de lavado y las tiendas se han intentado cubrir gastos”, cuenta Redondo. Porque en alimentación y otros artículos en venta en las estaciones de servicio sí notaron “un aumento”.

Los precios actuales de los carburantes en la comunidad están lejos de los mínimos alcanzados durante la primera ola del COVID-19. El gasóleo supera los 1,1 euros por litros en las cuatro provincias gallegas y la gasolina saltó la barrera de los 1,2 euros, con el habitual pico de los 1,23 euros en Lugo y Ourense, entre los valores más altos de toda la Península, según recoge la actualización diaria del Ministerio para la Transición Ecológica.

Una refinería en Portugal tras el cierre de Galp en Matosinhos

Con el debate sobre la futura movilidad, más allá de pandemias, en la acelerada transición energética de fondo, la principal compañía del sector en Portugal tiene muy claro que lo fósil tiene los días contados. Galp cerrará este año su refinería de Matosinhos, en la entrada de Oporto, y dejará al país con una única planta de tratamiento y elaboración de combustibles, la de Sines, donde se enfocará “en aumentar la resiliencia y competitividad”, además de “la integración de la producción de biocombustibles avanzados y otros productos con bajo contenido en carbono y mayor valor agregado”. En su comunicación a la CNMV lusa a finales de 2020, el grupo defiende que el pasado año “se produjo una clara consolidación de un contexto favorable para la transición energética, que contribuyó a acelerar la migración de la demanda de combustibles fósiles hacia soluciones energéticas de menor intensidad de carbono”.

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