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El comercio cerró seis establecimientos cada día en Galicia antes ya del COVID-19

El sector perdió 2.100 negocios a pie de calle y 1.073 empresas en 2019, la mayoría de autónomos | Las ventas, sin la alimentación, acumulan la mayor caída en siete años

El futuro del comercio se parece cada vez más a la lotería. No le vendrá mal un poco de buena suerte y hay números para todos los gustos. Con permiso de la previsible tercera ola del coronavirus a la vuelta de las fiestas navideñas, los más optimistas confían en que la demanda embalsada estos meses por culpa del confinamiento y el temor a una larga crisis económica fluya a medida que se extienda la vacunación y mejore la situación sanitaria. En el otro extremo, la Federación Galega de Comercio estima que “entre el 20% y el 25% de los negocios” podría cerrar a lo largo de este 2021, especialmente cuando llegue el momento de devolver las ayudas concedidas y finalicen los Expedientes de Regulación Temporal de Empleo (ERTE), a pesar de que Gobierno y agentes sociales volverán en breve a negociar la prórroga, convencidas las dos partes de que es necesario mantenerlos. Sin duda, el sector es uno de los grandes damnificados de la pandemia. Las imágenes de las verjas bajadas en los establecimientos pasarán a la historia. Pero también es cierto que su delicada situación no es nueva, víctima de una tormenta perfecta que nada tiene que ver con el COVID-19. Antes de que el virus lo cambiase casi todo, el comercio ya clausuraba en Galicia una media de seis establecimientos diarios –unos 2.100– por falta de relevo generacional, el exceso de oferta, la atomización en las grandes cadenas y el auge del comercio electrónico. El colectivo admite sin tapujos que hace falta dinamizar las áreas comerciales a pie de calle y buenas ideas.

Basta un paseo por cualquier concello para comprender su peso en el tejido económico regional. Hay 62.500 tiendas y al comercio se dedican dos de cada diez compañías ubicadas en Galicia. Un total de 50.744 de las 248.245 sociedades operativas en 2019, según la última actualización del directorio de empresas y unidades locales del Instituto Galego de Estatística (IGE). Ese año previo al coronavirus Galicia ganó 614 compañías por el tirón de las actividades profesionales, científicas y técnicas, que incorporaron 402; y sanidad y educación, ambas ligeramente por encima de las 300 nuevas empresas. El comercio no solo no sumó. Restó y mucho. Desaparecieron 1.073 empresas de comercio en Galicia en solo un año. Casi tantas como las perdidas entre 2009 y 2011, en el arranque de la doble recesión financiera.

Con las primeras señales de la atonía del mercado automovilístico, Galicia se quedó sin 36 concesionarios y con 49 talleres de reparación menos. Destaca el centenar de cierres de intermediarios de comercio al por mayor y en el segmento minorista se clausuraron 261 empresas con establecimientos sin especialización concreta, 161 de artículos de uso doméstico (textiles, ferretería, electrodomésticos e iluminación) y 171 firmas de farmacia, joyería y otros productos, sobre todo ropa y calzado.

  • “El COVID aceleró los problemas de producto y formato que había”

    Alberto Rocha - Cointega-Clúster textil

“El sector está muy mal, no ha mejorado absolutamente nada. Las Navidades no están siendo la salvación”, avanza Alberto Rocha, secretario general de Cointega-Clúster Textil Moda de Galicia, convencido de que el COVID-19 “simplemente aceleró las cosas que antes iban ya mal”. Sin contar la alimentación, la facturación del comercio acumula una caída hasta noviembre del 4,3%, el peor dato desde 2013. Ni el Back Friday pudo con las ventas de la moda, que se desplomaron ese mes otro 40%.

Una parte del problema está en la oferta. “Producto poco atractivo, sin incentivos ahora mismo para la compra”, señala Alberto Rocha. El relevo generacional brilla por su ausencia y cuando lo hay “generalmente es para más de lo mismo, formatos tradicionales, salvo algunos proyectos novedosos que están funcionando sin espacio físico”. “No está habiendo ideas nuevas”, lamenta Rocha, que advierte del lugar en el que han quedado pequeñas empresas competidoras en bajos precios, “en tierra de nadie ahora frente a las que sí pueden hacerlo”. “Creo que hay un nicho claro en producto de más calidad y es muy posible que exista un revulsivo para las tiendas multimarca que piensen en el consumidor alejado del uniforme de una misma marca”, asegura.

El sector se desangra en los pequeños concellos rurales del interior de la región

La inmensa mayoría de las empresas gallegas de comercio, cerca de 42.900, no pasa de dos empleados. Y es precisamente ahí donde se contabiliza la cantidad más alta de cierres antes de la crisis del coronavirus: 998. En 2019 hubo también 85 firmas menos en el sector de entre tres y cinco asalariados y 33 en el caso de las de seis a nueve. Aumentaron, en cambio, las de 10 a 19 efectivos y las de 20 a 49, en ambas horquillas con una veintena de compañías a mayores. Que la sangría se está llevando por delante los negocios más pequeños es más que evidente. El 70% de las empresas de comercio desaparecidas en la comunidad ese ejercicio estaban en manos de personas físicas. Lo que también encaja con la trayectoria de la afiliación a la Seguridad Social en el régimen de autónomos en el sector, con una caída de 1.223 cotizantes en 2019.

  • “Administraciones, el sector y dueños de locales deben dinamizar las zonas”

    Enrique Núñez - Centro Príncipe

“Comercio electrónico, grandes superficies, falta de apoyo de la administración... el difícil panorama viene desde hace muchos años”, se queja Enrique Núñez, gerente de Centro Príncipe y secretario general de la Confederación Provincial de Comercio, Turismo y Mercados de Pontevedra. Echa en falta las líneas de ayuda a la Rede de dinamización comercial (Redic). “Hace poco se me acercó una comerciante con una floristería que llevaba tiempo intentando conseguir una subvención para climatizar. Le habían negado varias veces la ayuda que tramitó con una asesoría. Un carilla de folio le hacían y pagó 300 euros. Se la hicimos nosotros y se la concedieron”, pone como ejemplo Núñez. “Abrir un comercio se ha convertido en un golpe de suerte, en dar con una buena asesoría”, critica.

El secretario general de los comerciantes pontevedreses habla de “un problema colectivo” que también tiene que resolverse de la mano entre administraciones, comerciantes “y los dueños de los locales, que son los grandes perdedores”. “Crear pactos entre los tres para destinar una parte del presupuesto, un 1% por ejemplo, a la dinamización de las zonas comerciales. Es una cantidad ínfima, pero en un barrio toda junta se puede hacer mucho”, defiende. Enrique Núñez recuerda los tiempos en los que el sector asumía de su bolsillo el coste íntegro de las luces de Navidad. “Eso no tenía ningún sentido”, señala. “Para que las ciudades estén vivas –continúa–, no puede tirar cada uno por su lado”.

Las más de 1.000 empresas y los 2.000 establecimientos comerciales que se esfumaron durante 2019 muestran, además, el imparable fenómeno de la Galicia vaciada. En el concello de Quintela de Leirado quedan dos negocios de los tres que había. En A Mezquita cerraron 5 de 15. Otros dos en Paderne de Allariz, tres en Punxín, dos en Melón, 5 en Irixoa, otros 5 en Pedrafita... Los mayores recortes de superficie comercial en comparación con el número de tiendas –hasta un 33%– están en los ayuntamientos líderes del envejecimiento y la despoblación.

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