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La cruda realidad

Considerando el reciente acuerdo del Brexit en un marco estrictamente económico, referenciado al ámbito empresarial de la pesca como elemento crucial en la economía gallega de zonas costeras, debemos ser claros y dejarnos de posiciones políticamente correctas: El resultado es malo, muy malo, y lo vamos a sufrir, ahora y mucho más a partir de 2026.

Tendremos que conocer la letra pequeña en relación con los stocks de pelágicos –bacaladilla, caballa y jurel– tan necesarios tanto para la flota de Gran Sol como para la de Cantábrico NW, Portugal y Golfo de Cádiz. Lo poco que nos han contado desde el Ministerio a día de hoy está edulcorado. La cruda realidad de disminución de esos stocks colocará a la flota española en situación de extrema complejidad operativa.

Todos: sector, Gobierno de España y oposición, asumen a buen seguro que una negociación de esta naturaleza con un Estado miembro que abandona la UE es no solo compleja, sino trascendente en muchos aspectos, y el sector de la pesca no era, ciertamente, por su peso económico, de los que pueden inclinar el fiel de la balanza hacia el lado de la UE. Lo sabíamos. No obstante, estos días hemos visto cómo el colapso de un túnel supuso una toma de conciencia diferente, que de haberse producido un poco antes, habría anunciado futuros desabastecimientos y habría dejado patente, una vez más, lo interdependiente que es la economía a escala global.

No tendrá otra opción el sector que encajar este primer golpe, no por esperado menos doloroso, pero, a cuatro días de 2021, tendremos que: 1) saber con qué cuotas vamos a contar para todo el año (no solo un trimestre); 2) recibir las autorizaciones para el acceso a las aguas de la otra parte; 3) despejar dudas sobre el tránsito de camiones con pescado por territorio del R.U.; 4) saber si se aplicarán o no aranceles a los productos pesqueros del R.U. y de la U.E. Además, y pensando en un futuro a cinco años y medio –que es mañana– surgirán mil dudas empresariales con respecto a inversiones futuras a partir de 2026. Las empresas armadoras, como las demás, necesitan seguridad económica y jurídica que estará supeditada a un acuerdo anual.

Son todavía unas cuantas las dudas que tenemos que despejar. La forma en la que se actúe a partir de ahora determinará el futuro de la flota gallega y española en aguas de Gran Sol y Caladero Nacional. Cabría citar aquí al mismísimo Churchill, para darnos ánimos, al que se le atribuye la frase “seamos optimistas, guardemos el pesimismo para tiempos mejores”. ¿Podremos esperar de la Comisión Europea, del Consejo, del Parlamento Europeo, que no dejen tirada a la pesca, que no nos conviertan en los nuevos brexiters?

Apostemos porque sea posible, que debe serlo. Actuemos en consecuencia.

*Gerente adjunto de ARVI

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