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De la incredulidad a la ignominia

Después de cuatro años, seis meses y un día llegaba el momento esperado, la rueda de prensa anunciando el final del proceso de retirada del Reino Unido de la Unión Europea. Tomó la palabra la señora Von der Leyen y comenzaba citando a Shakespeare en Romeo y Julieta, “la partida es un dolor tan dulce” para despedir al Reino Unido. Debiera haber terminado la cita, que sigue “que estaría diciendo buenas noches hasta al amanecer”, porque eso fue la historia de esta negociación. En el otro lado del Canal de la Mancha, celebraba con júbilo el Sr. Johnson el acuerdo que tan sombría hacia parecer a la presidenta de la Comisión.

Durante años me he sentido muy orgulloso de como Europa defendía sus tesis, de cómo la gallardía del Sr. Barnier nos representaba, embutido en un pragmatismo solo limitado por los principios de la propia Unión. La salida del Reino Unido se estaba produciendo con un portazo y un claro ataque a las instituciones y políticas comunitarias y eso no se podía permitir. Eso terminó el pasado jueves, cuando definitivamente el control de la negociación pasó a la Sra. Von der Leyen. Ahí acabaron los principios europeos y entró con fuerza el terrible y frío pragmatismo burocrático de la Comisión Europea.

Desde ese momento la pesca dejó de ser la industria amenazada que debía ser defendida, como la había descrito el negociador comunitario, y pasó a ser “una aburrida colección de hojas de cálculo”, como la ha descrito un anónimo funcionario europeo que participó en el maratón de derribo pesquero de los últimos días. Y es que en las últimas semanas todo atisbo de principio moral y democrático desapareció en aras de una necesidad de llegar a un acuerdo a toda costa, permitiendo a los británicos conseguir lo que no habían soñado.

Como resultado solo sabemos que hemos pagado el 25% de las cuotas en aguas británicas y para conseguir unos exiguos 5 años y medio de acceso a las aguas británicas, tras los cuales se avienen las temidas negociaciones anuales, donde cada 12 meses estaremos expuestos a aun mayores reducciones en las posibilidades de pesca.

Y es que es todo lo que sabemos, han pasado ya 24 horas desde el anuncio del acuerdo y ni industria ni Estados Miembros tenemos ninguna comunicación ni resumen del acuerdo por parte del ejecutivo comunitario. Los datos que tenemos los hemos extrapolado de las palabras del Primer Ministro Británico ayer y de un documento resumen que el gobierno del RU que hecho público hoy [por ayer].

Uno se pregunta si en ese ejercicio de empatía de la presidenta, no se está esforzando en hacerles ver a los británicos que no estaban tan equivocados en algunas apreciaciones sobre la Comisión para que no se sientan mal por la despedida. ¿Será consciente de que muchos en la pesca europea están dudando hoy de si no se han quedado en el lado equivocado?

*Miembro de Cepesca/EUFA

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