La campaña proBrexit encontró en el sector pesquero un vergel de defensores. Un sector que, pese a su limitado peso en la economía británica, vertebra comunidades locales y está arraigado a nivel mediático y social. El colectivo Fishing for Leave asumió el ruido; el ministro Michael Gove, con la típica flema british, el estandarte diplomático. El acuerdo que acaban de alcanzar Unión Europea y Reino Unido probablemente no satisfaga a los brexiters pesqueros -que querían mucho más-, pero desde luego tendrán más motivos para superar la resaca que los armadores gallegos.

Porque se ha consumado la debacle temida por la pesca extractiva, con una única voz en las últimas semanas. Bruselas cederá a los británicos el 25% de las cuotas de sus aguas territoriales durante cinco años y medio. Solo en primera venta, el impacto para el sector en Galicia rondará los 190 millones, teniendo en cuenta la escasa información disponible hasta el momento. No se conoce la letra pequeña. “Será muy asimétrico entre stocks”, advierten fuentes del sector.

Este cálculo tiene como base los precios de primera venta de 2019 en Galicia y el reparto de cuotas para 2021 que Bruselas adoptó este mes en forma de prórroga para aquellos stocks afectados por la desconexión de Reino Unido. Serían unos 33 millones anuales, que se corresponden a las toneladas de posibilidades de pesca que España dejará de recibir de las especies de mayor interés para Galicia, como son merluza, rape, rapante, cigala, raya, bacaladilla, caballa y jurel. Solo en el caso de la merluza, el pescado que mayor facturación deja en las lonjas de la comunidad (112,1 millones el año pasado) España perdería casi 6.000 toneladas.

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Sin embargo, las cifras se amplían con otros stocks que también serían cercenados con la propuesta de Barnier y su equipo, como son maruca, besugo, sable negro, granadero, brosmio, mielga o abadejo, especies para los que España cuenta con una cuota más escasa por el reparto del –mal llamado– principio de estabilidad relativa.

Los acuerdos que constituyeron la avanzadilla de la Política Pesquera Común, a principios de los 80, son buena muestra de las distintas ligas que hay en Europa en materia de pesca (en aguas comunitarias). El reconocimiento de los llamados derechos históricos erigió a Francia, Bélgica, Países Bajos, Dinamarca, Alemania (RFA) y Reino Unido como los equipos de la primera división, respaldados por un criterio de reparto que tenía como referencia las capturas de los seis años anteriores.