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Sandra Ortega acaricia el “eco-paraíso” portugués

Su complejo sostenible con un hotel y cinco aldeas en Comporta finaliza el trámite medioambiental entre críticas por su impacto

Foto aérea península de Troia

Foto aérea península de Troia

Sin el clima no se entendería del todo la rutilante popularidad de la minúscula freguesía de Comporta, donde viven solo unas 1.300 personas. El mar y las bajas altitudes funcionan de termostato en la zona, promocionada como “Los Hamptons de Portugal”, sin apenas temperaturas extremas y poca lluvia concentrada en los meses de invierno. Lo que viene siendo un tiempo agradable para cualquier visitante, “ameno” como dirían allí, y perfecto para cultivar arroz e ir a su enorme playa de más de 60 kilómetros, una de las mejores del mundo en opinión del New York Times.

De las bondades climáticas habla la promotora lusa de Sandra Ortega en el plan para la construcción de un complejo turístico sostenible en la Península de Troia, la desembocadura natural de Comporta sobre el océano Atlántico. De eso y de las emblemáticas dunas, las especies arbóreas, la flora y hasta el tipo de suelo. Y no es literatura de relleno para el documento.

Plano panorámico de la zona de restauración.

Plano panorámico de la zona de restauración. FdV

Desde que se conoció y, sobre todo, tras recibir hace justo un año el visto bueno del Gobierno luso para beneficiarse de las deducciones fiscales a nuevas inversiones en el país, el proyecto está rodeado de polémica por su impacto medioambiental. “Un complejo turístico de baja intensidad”, destacan sus impulsores en la descripción del proyecto a modo de defensa.

“Se asienta en un concepto de turismo que busca la menor intrusión posible en el paisaje, intentando respetar al máximo los hábitats dunares existentes –añaden–, en contraposición con las dinámicas de un turismo de masas”.

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El Conjunto Turístico “Na praia” está a nombre de Ferrado Na Comporta, una de las sociedades del holding Rosp Corunha que Sandra Ortega lleva desde el fallecimiento de su madre, Rosalía Mera, en agosto de 2013. La también hija del fundador de Inditex, Amancio Ortega, se asoció con un empresario local, Antonio Sousa Uva, para desarrollar el “eco-resort” en dos parcelas de 172,2 hectáreas, aunque la intervención afectará únicamente a 98.

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    El complejo ubicado en Setúbal prevé la creación de 318 empleos y se beneficiará de las deducciones fiscales impulsadas por el Gobierno luso para la captación de inversiones

El 8 de agosto de 2019 recibió una decisión favorable “condicionada” de las autoridades en la fase de estudio previo de la Declaración de Impacto Ambiental, lo que obligó a los promotores a incluir varias mejoras impuestas para mitigar el golpe en el entorno y someter a consulta el proyecto de ejecución definitivo. El proceso estuvo abierto desde finales de enero a mediados de febrero del actual 2020 y acaba de cerrarse definitivamente con la publicación a finales del mes pasado del relatorio con los cambios y las alegaciones. Se presentaron 39, de las que 37 fueron de particulares y dos de la organización ecologista Amigos de Troia y la Sociedad Portuguesa de Botánica. Todas, en mayor o menor medida, contrarias a las obras en la zona.

Alzado de los planos del tipo de viviendas previstas de la aldea FdV

El PAN, el partido ecologista y animalista con cuatro escaños en el Parlamento luso, metió el proyecto de la empresaria gallega en el debate público. En una sesión de control al Ejecutivo en junio, su portavoz, Adré Silva, exigió información directamente al primer ministro sobre “la devastación de un área protegida” con “playas vírgenes en riesgo de destrucción”. “La ejecución del complejo turístico no se ajusta a la Declaración de Impacto Ambiental, por lo que no merece aprobación, siendo esta la información que se desprende de las decisiones del Ministerio de Medio Ambiente”, respondió António Costa, que obvió que la decisión inicial fue realmente favorable con condiciones. La última palabra ahora es de la Comisión de Coordinación y Desarrollo Regional de Alentejo, responsable de la evaluación de impacto medioambiental.

Una de las aldeas turísticas del resort FdV

El complejo “Na Praia” suma un hotel de cinco estrellas, tres aldeas turísticas, un centro de spa y ocio con restaurante y puerto. Según la información del Gobierno portugués, la inversión asciende a 164 millones de euros. Entre los cambios en el proyecto destacan la eliminación de casi 80 plazas –hasta 506, medidas en número de camas–, cinco casas menos y una reducción del 30% de las piscinas. Figura ahora el helipuerto que la empresa de Ortega desechó y las autoridades le obligaron a colocar para emergencias.

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