Habitualmente las cartas de renuncia optan por vías diplomáticas. Agradecen la confianza, exponen motivos personales, desean suerte a los que se quedan y cierran ciclos. En la de José Manuel Díaz Barreiros –vía comunicado de prensa– se evidencia más bien una estrategia de contraataque, aunque ninguna organización integrada en la Confederación de Empresarios de Galicia (CEG) ha impugnado el proceso electoral ni ha reclamado una repetición del mismo. El ourensano abandona una presidencia que había ganado dos días atrás “para proteger la buena imagen de la institución”, señalando culpables: la patronal metalúrgica Asime, la de centros de ensino privado (CECE), la de centros especiales de empleo (Cegasal) y la provincial de Pontevedra (CEP). Particularmente, a sus presidentes o portavoces: Enrique Mallón, Antonio Dieter Moure, José Antonio Vázquez y Jorge Cebreiros, respectivamente. Los principales exponentes de la facción crítica del coruñés Antonio Fontenla, baluarte y defensor –ahora Dieter es enemigo– de los tres últimos patronos de la CEG. Las cuatro asociaciones solicitaron por escrito los resultados telemáticos de la asamblea; para Díaz Barreiros, “poniendo en duda su correcta celebración”.

Poco más de 50 horas ha durado su singladura como máximo representante de la mayor organización empresarial gallega, que vuelve a la interinidad y que deberá repetir comicios. “Díaz Barreiros [...] presenta su renuncia al cargo de presidente con la finalidad de que se proceda a la convocatoria de un nuevo proceso electoral”. Es probable, apuntan fuentes de la organización, que vuelva a presentarse. En la misma nota ha defendido la “legalidad” de su nombramiento por aclamación, avalada por los presidentes de las cuatro provinciales tras la renuncia a última hora del vigués Pedro Rey. “El proceso fue democrático en todo momento”.

En la misma nota de prensa, Díaz Barreiros ha desvelado precisamente buena parte de los datos que exigieron conocer las organizaciones críticas, y que no se le habían facilitado. Éstas reclamaron los resultados de la votación telemática –arrancó el viernes y culminó el lunes por la tarde–, con unos sufragios que no sirvieron para nada porque no se tuvieron en cuenta en la asamblea. El ourensano recabó, según expuso ayer, 21 actas por vía remota, de las en t orno a 50 emitidas (no se conocen las cifras exactas). Y, en una junta con solo media docena de asistentes presenciales, recibió el aval de 116 vocales. Confirma así la criticada carretaxe de votos por delegación, cuyos detalles también exigió conocer la CEP. De los 179 vocales con derecho a voto, A Coruña cuenta con 40, Pontevedra y Lugo con 32 cada una, por los 30 de Ourense. Díaz Barreiros habría vencido, aun en caso de haber proseguido el proceso con normalidad, por amplísima mayoría, pero la CEG trató, sin éxito, mostrar una imagen de unidad y consenso con la mayor caducidad de la historia de la organización. El penúltimo presidente, Antón Arias, duró un año; Dieter Moure, su predecesor, diez meses.