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La flota se atasca en Montevideo

Buques gallegos se retiran de Uruguay ante la falta de espacio y los altos costes

El buque “Manuel Ángel Nores” a su llegada 
al puerto de Montevideo.   | // ANP

El buque “Manuel Ángel Nores” a su llegada al puerto de Montevideo. | // ANP

Unos 40 buques gallegos faenan habitualmente en el Atlántico sudocciental. Algunos lo hacen dentro de aguas de Malvinas, la conocida como flota del calamar cuya base está en la ría de Vigo. Otros, lo hacen fuera, en las aguas internacionales situadas al norte del archipiélago. Sin embargo, todos ellos comparten un emplazamiento clave: Montevideo. La capital de Uruguay es el principal puerto base para estos arrastreros y también para aquellos palangreros que trabajan en la zona sur de ese océano y del Pacífico. Allí aprovechan para repostar combustible, realizan labores logísticas, descargan pescado, hacen relevos de tripulaciones, reparaciones o recogen pertrechos. Unas tareas que se complican cada año más con la abundancia de flota asiática que faena sin control en el mismo caladero y que también aprovecha el puerto para amarrar y fondear abarloados. “El de la falta de espacio es un mal endémico de la zona”, señala el presidente de la Cooperativa de Armadores de Vigo (ARVI), Javier Touza, que recuerda que en ocasiones incluso toca “amarrar de popa” por este motivo. A ello se suman los altos costes de tener un barco allí, todavía más ahora con el Covid-19, que no ha hecho otra cosa que complicar la situación. Por este motivo, barcos gallegos “se fugan” de Montevideo buscando mejores condiciones en otros puertos o regresando a casa. “En nuestro caso mandamos tres barcos para Cabo Verde”, explica el veterano armador Manuel Nores.

Como indica el propio Touza, Montevideo “es el puerto de referencia” para la flota de Vigo y Marín que trabaja en esa parte del globo, sobre todo para aquellos de bandera española. Solo en el caso de ARVI son 23 grandes arrastreros, que se suman a los que tienen bandera malvina pescando calamar Loligo (16) en aguas del archipiélago y que principalmente aprovechan el puerto para los relevos de tripulantes. “Aquello está lleno de barcos asiáticos, que realizaron importantes inversiones en la zona y cada vez van acaparando más espacio”, resume el también armador.

El diario local El País publicó esta misma semana que los barcos de pesca extranjeros tenían “dificultades para lograr amarre o fondeo” en el puerto. Algo que corrobora el armador Manuel Nores, de Marín. Su grupo cuenta en la actualidad con tres buques en Montevideo: el Manuel Ángel Nores, el Villa Nores y el Jose Antonio Nores. Los dos primeros están en una zona destinada a los buques graneleros y, como indica, la situación es insostenible también por los altos costes. “Si fondeas tienes que pagar remolcador y son 5.000 euros diarios; con la cosa como está, que no se vende pescado... Hay que tomar medidas”, resume. Con el Patricia Nores también trabajando en el caladero, Nores avanza que tres barcos se desplazarán a Cabo Verde, con la consiguiente pérdida de días de trabajo y aumento de los gastos.

Y si la situación ya era difícil, el Covid-19 la complicó aún más. “Yo ahora mismo tengo sobre 4.000 toneladas en frigorífico, no salen a ningún sitio”, lamenta el armador, que recuerda que de momento “se está aguantando”, pero que de prolongarse esta situación “todo se irá a la quiebra”.

También amarrados ayer en el muelle estaban otros barcos gallegos como el vigués Loitador o el Playa de Galicia, además del Festeiro y Farruco. Antes también estuvieron otros como el marinés Playa Pesmar Uno.

Importancia

Durante el mandato de José Alberto Mujica como presidente de Uruguay (entre 2010 y 2015) la flota también vivió momentos difíciles. En 2011 el país se alineó con la reclamación argentina sobre las Malvinas e impidió que barcos con bandera de las islas recalaran en su puerto. La flota gallega esta inquiera y finalmente una delegación de representantes del sector viajaron al país para explicar la importancia de Montevideo para los buques y viceversa. En la reunión con el propio Mujica y el Ministerio responsable de Puertos se puso sobre la mesa una evaluación económica de lo que aportan los pesqueros de la comunidad al puerto y la capital uruguaya, que cuenta con más de 1.300.000 habitantes. “Se valoró en unos 100 millones de dólares anuales [más de 85 millones de euros al cambio actual] solo de la flota gallega”, comenta Touza, presente en el encuentro.

Las importantes operaciones económicas desarrolladas por la flota en el puerto podrían ser mayores si las condiciones también lo fueran. Pero la flota china, que a punto estuvo de tener su propia megabase pesquera en la zona (frustrada por las quejas vecinales y de las asociaciones conservacionistas), lo acapara casi todo. “Allí solo puedes amarrar donde te toque, a veces rodeado de barcos asiáticos”, resalta el presidente de ARVI.

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