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La Navidad más insólita para la pesca gallega

Es la campaña más importante del año para el sector. Sin restauración y con limitaciones de reunión, la industria extiende los pequeños formatos y apuesta por el “salvavidas” del retail

Barcos atracados en el puerto pesquero de O Berbés

Barcos atracados en el puerto pesquero de O Berbés Marta G. Brea

En 1977 una Pescanova SA en plena adolescencia lanzaba una campaña publicitaria que nunca abandonó del todo los hogares españoles. El Lleváme a casa de Rodolfo Langostino anticipaba, como hacían antes los alumbrados de las calles –cada vez más prematuros–, la llegada de la Navidad. Pese a los intentos de la industria por desestacionalizar algunos productos, las ventas de gambas y langostinos se sextuplican en diciembre en Galicia, con el tirón de los encuentros familiares, las cenas de empresa y celebraciones como fin de año o Reyes. Este año todo es distinto. La industria viguesa es mejor: líder, con Iberconsa, de capturas globales de gambón argentino; responsable, con el mayor ecosistema empresarial de Europa en compañías de proteína marina, de más de 12.000 empleos directos, mayoritariamente femeninos. Factura más de 4.500 millones de euros al año, cuando el mercado funciona. El sector teme un “derrumbe” en los precios del marisco y anticipa una apuesta insólita por el canal retail (súpers, tiendas e hipermercados) como consecuencia del Covid. “Se van a llevar el pez gordo. Pero hay productos que van al barranco”. Es un mensaje unívoco que comparten las principales compañías de pesca de Galicia.

“En retail, que siempre ha sido nuestra apuesta, no creo que la campaña de Navidad sea de grandes alegrías. Si hay restricciones entre convivientes no habrá tantas ganas de consumir mucho”, lamenta a FARO el máximo directivo de una de ellas. El consumidor gallego es absolutamente permeable a la proteína marina, y en la práctica totalidad de los hogares entra una pieza de pescado en el menú cada mes. Pero la Navidad es tan excepcional que el consumo de marisco casi triplica, en diciembre, al de la merluza, por ejemplo. “Va a ser totalmente diferente, sin grandes celebraciones en hostelería, con reuniones más pequeñas en casa y con un entorno económico complicado”, indican fuentes de Nueva Pescanova. No hay precedentes, coinciden casi todas, para un reto así. Frente a las incógnitas que se ciernen sobre el producto fresco, sin compras impulsivas o de última hora, “el congelado puede ser el gran beneficiado”. La profunda internacionalización de las empresas evita una excesiva dependencia del mercado español, pero las restricciones se están apuntalando por toda Europa. Asia puede ser una válvula de escape, pero no excepcional. “Suena a cliché, pero también se generan oportunidades”.

“Si hay restricciones entre convivientes no habrá ganas de consumir mucho”

Por ejemplo, con los nuevos formatos que han incorporado las empresas a su portfolio de productos. Menos cajas grandes, más gama para pequeños grupos o familias. “Es una tendencia que ya se venía generando antes de la pandemia: familias reducidas, viviendas pequeñas, tiendas de cercanía... La pandemia, como con otras muchas cosas, aceleró el proceso, pero en este sentido creo que ya estábamos preparados”, apunta el socio-director de Lanzal, Jacobo Fontán. En la industria añaden, como una de esas oportunidades, la capacidad de “ponernos en los zapatos de nuestro consumidor, con dificultades, con más tiempo para cocinar, más digital y que premia a las marcas que se preocupan por él y que le dan seguridad”. En los últimos años la apuesta de la industria de transformación pesquera de Vigo y su área se ha apuntalado sobre estos dos pilares: formatos pequeños -para hogares unipersonales o monoparentales, y para controlar el gasto y reducir desperdicio- y un mayor esfuerzo didáctico. La pesca es sostenible y sana, y el consumidor lo premia. “Estamos en una posición más favorable”. En las empresas se trabaja “para ofrecer soluciones: están creciendo las tapas y aperitivos, el retail va a tirar fuerte y la cesta de la compra será austera”. Hay que adaptarse, “sabemos hacerlo”.

Las dificultades, creen, serán mucho mayores para aquellas compañías más dependientes del canal horeca. Esto es, de hostelería, restauración y cátering. “Está muy mal. No habrá cenas, encuentros, celebraciones… La gente tiene miedo y no parece que vaya a ser momento de juntarse para comer. Sin hablar de los hoteles, sin movimiento de gente”, teme el máximo directivo de Congelados Maravilla, Giuseppe Mellino, exportador neto con Italia como uno de sus principales clientes. La distopía que ha creado el Covid mantendrá en una situación precaria la comercialización de productos conocidos como de cuero (pez espada, marrajo…), muy vinculados a grandes reuniones y acontecimientos festivos. Pero la pesca y la hostelería son aliados naturales.

Cartel de apoyo a la campaña para adelantar la cena a las 20 horas

Cartel de apoyo a la campaña para adelantar la cena a las 20 horas

Campaña a favor

“Cena a las 20” arrancó entre los hosteleros de Madrid y se ha extendido ahora por todo el país de mano de la organización Hostelería de España. “A muerte con ellos”, ejemplifican desde otra de las empresas consultadas. Pase lo que pase estas Navidades, el canal horeca es fundamental para las pesqueras, y se siente “perseguido” por las administraciones. Numerosos directivos del sector, a través de la red social Linkedin, se han sumado a esta iniciativa. Se trata de adelantar la hora de las cenas para adaptarse al toque de queda, y propiciar una mejor digestión de la pandemia para los hosteleros. “Entendemos que la medida de cerrar antes se toma para reducir el contacto, no para eliminarlo. Como en todo, en el equilibrio está la virtud. Por eso creemos que es importante apoyar esta campaña y que gran parte del consumo se mantenga en este nuevo horario”, enfatiza Fontán. “La hostelería se merece nuestro esfuerzo y, por otro lado, España es uno de los países con menos horas de sueño semanales de Europa por culpa de los horarios extensos que tenemos. No veo por qué no aprovechar esta situación para cambiar hábitos y mejorarlos”, zanja otro directivo. Juntos, resumen, se funciona mejor.

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