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El norte luso también se lanza a competir en el naval: amplía su astillero

West Sea, en Viana, invierte 15 millones en construir un nuevo dique y prevé contratar a 120 personas

El tercero de los siete cruceros que construye el astillero West Sea, en Viana do Castelo, para Mystic Cruises.

El tercero de los siete cruceros que construye el astillero West Sea, en Viana do Castelo, para Mystic Cruises. // Martifer

El naval es una de las muchas industrias de Galicia que sufre los efectos de la pandemia del Covid-19. Pese a que en general todavía hay carga de trabajo por los barcos firmados antes del estallido de la crisis sanitaria, 2021 se presenta lleno de dificultades para algunos astilleros que rematarán sus encargos en los próximos meses. Con la incertidumbre que trae consigo el coronavirus y la posibilidad de que salga o no una vacuna, el sector se encomienda a los proyectos de inversión pública, con todas las atarazanas pendientes de pescar alguno de los buques oceanográficos o de salvamento impulsados por España y otros países (también de fuera de la UE), y de las reparaciones. Aunque la competencia no para de crecer. El norte luso es un ejemplo, con el astillero de Viana do Castelo, habitual socio del naval gallego, acumulando pedidos desde que el grupo Martifer se hizo con las instalaciones. Ahora proyecta dar un salto cualitativo: en el primer trimestre del próximo año iniciará la construcción de un tercer dique por 15 millones de euros, que llevará aparejada la contratación de 120 personas.

Portugal tiene entre Setúbal y Viana (con Aveiro en el medio) sus principales focos de acción naval. Martifer cuenta con Navalria, especializado en reparación y desguace, y con el astillero de la localidad más al norte del país. Con sus 250.000 metros cuadrados (más del doble que lo que ocupa Navalria e Hijos de J. Barreras, el más grande de carácter privado en España), la atarazana fue reflotada por el grupo industrial cuando se hizo con la concesión de Estaleiros Navais de Viana do Castelo (ENVC). En aquel momento nació West Sea Shipyard, iniciando operaciones con la construcción de dos patrulleras oceánicas de 81,1 metros para la Marinha del país.

Sin embargo, su despegue definitivo llegó de la mano del armador luso Mário Ferreira. El empresario confió en Martifer para la expansión de su ya de por sí amplia flota de cruceros de río y para el lanzamiento de un nuevo producto en su haber: los cruceros oceánicos de exploración. Tras firmar tres primeras unidades de 126 metros, a comienzos de año firmó otras cuatro casi gemelas (por 290 millones), impulsando así la cartera de pedidos de la factoría.

Estos algo más de quince años de West Sea en Viana sirvieron para recuperar e impulsar la colaboración con el naval vigués. Una sociedad que, por ejemplo, supuso que el flotel construido por Barreras en 2016, el Reforma Pemex, fuese pintado allí. O que auxiliares como Emenasa recalara en la localidad para trabajar en pedidos de la atarazana, algo que ya están pensando otras empresas como la habilitadora Navaliber. Allí también tienen pedidos otras firmas del área olívica como Regenasa o, antes, Panelships.

Competencia

La antigua ENVC, sin embargo, no para de crecer. Carlos Martins, administrador de Martifer, dijo la semana pasada que 2020 es "el mejor año de la historia" para West Sea al alcanzar los 100 millones de euros en ventas. Y aprovechando la visita del ministro de Mar del país, Ricardo Serrão, anunció también la construcción de un nuevo dique de 230 metros de eslora por 15 millones de euros, que estará listo a principios de 2022 y permitirá crear 120 empleos. En la actualidad cuentan con una media de 1.200 trabajadores.

"En cuanto a reparaciones, la cartera está llena hasta mediados de 2021", indicó Martins a los medios congregados por la visita, "es un desafío que se nos plantea todos los días y estamos respondiendo de manera positiva".

West Sea espera potenciar así su capacidad de construcción, con "barcos de mayor calidad y tecnológicamente más avanzados", y de reparación, algo que coincidirá en el tiempo con el gran centro proyectado por Metalships & Docks. El astillero vigués anunció este año la compra de un nuevo dique por 10 millones de euros para doblar su capacidad en este nicho, en el que también destacan otros astilleros como Nodosa Shipyard, Freire Shipyard o Astilleros Cardama. Este último, además, también quiere potenciar el desguace de barcos, tal y como solicitó a Medio Ambiente.

Junto a estos también está el proyecto de reparación naval que aspira a levantar el empresario José Alberto Barreras y Marina Meridional con la compra de las instalaciones de Factorías Vulcano (algo complicado tras la última negativa del Fogasa a la subrogación de la deuda).

Aunque desde el naval gallego trasladan que "no es oro todo lo que reluce" en Viana, lo cierto es que el astillero va a ganar tamaño y, de confirmarse el pedido de seis buques de la Marinha, mantendrá su buena senda. Y si ya antes acogía proyectos por su mayor capacidad (como el ferri Regina Baltica, que se remozó en 2017 a medias entre Vigo y la localidad portuguesa) el nuevo dique se prevé como un nuevo impulso.

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