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La opa que duró cuatro días

La reconciliación con Unicaja aleja un tercer intento de Abanca por Liberbank

Juan Carlos Escotet en la presentación de Abanca.

Juan Carlos Escotet en la presentación de Abanca. // Xoán Álvarez

Ninguna de las dos partes ha querido dar hasta ahora demasiados detalles de lo que sucedió en esos cuatro días en los que parecía que el refrán de primos hermanos valía también para el sector financiero. Como vino, de la noche a la mañana también se fue el interés de Abanca por integrar a Liberbank y formar la entidad de referencia en el noroeste del país. Hubo reproches mutuos más o menos disimulados, la intervención de la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV) y una opa frustrada que realmente nunca llegó a ser una oferta en firme porque el equipo de José Carlos Escotet quería revisar antes los libros.

La condición fue, precisamente, la causa por la que el supervisor del mercado bursátil salió a escena. Casi en paralelo al comunicado con la decisión "por unanimidad" de los accionistas de Liberbank de seguir adelante con las negociaciones con Unicaja en aquel primer intento de casarse, la CNMV mandó un ultimátum al banco gallego para que notificase en un plazo "improrrogable" de 10 días si lanzaba o no una opa. La ley, le recordó, no permitía vincular la oferta a un estudio previo de las cuentas como pretendía. Y Abanca anunció ese mismo día, el 26 de febrero del pasado año, que renunciaba.

Solo tres días antes, el viernes, se había despertado con una filtración en el periódico Expansión con su interés por la operación. "Abanca y su accionista de control confirman que han existido conversaciones con los principales accionistas de Liberbank al objeto de promover una eventual operación corporativa entre ambas entidades", notificó entonces la entidad con sede en Betanzos a la CNMV, identificando incluso los asesores que estaban participando en esas conversaciones y el precio acordado: 0,56 euros por acción, un 44% por encima de la cotización de las acciones de Liberbank, que quedaba valorada en casi 1.700 millones de euros. La propuesta iba dirigida al 75% del capital con la puerta abierta a un canje por títulos de Abanca para los socios históricos de Liberbank.

Ahí estuvo, según admitieron varias fuentes, la causa del varapalo. A una parte relevante de los accionistas les tardaba vender. Todos los caminos llevaban a Oceanwood, el fondo cazaopas conocido de Abanca porque le traspasó un paquete del 7,9% del capital de Pescanova y su representante en el máximo órgano de decisión de Liberbank es un antiguo trabajador de Caixa Galicia. Pero en el grupo de socios fundadores de las antiguas cajas del grupo asturiano no había el mismo interés, especialmente en Cajastur.

Abanca esgrimió hasta el final la "buena fe" y la "totalmente legítima" condición previa de una due diligence. Fue el segundo intento tras un acercamiento meses atrás a la dirección de Liberbank. Después, Escotet nunca cerró la puerta del todo a explorar una tercera que se difumina ahora con Unicaja de por medio.

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