Algunos bateeiros cuentan que al llegar a su batea allá por los años 80 para extraer el mejillón se encontraban enganchados uno o varios fardos de droga de una descarga probablemente fallida en la noche anterior. La escena, que figura en el libro sobre el que se basó la popular serie FariñaFariña, se vivió estos días al otro lado del Atlántico, en Argentina. Con matices, claro. En lugar de mejillones, eran langostinos. Y en lugar de un paquete, fueron ocho. Un barco de la firma Conarpesa, que provee a la industria gallega, capturó en sus redes unos 10 kilos de cocaína y las autoridades investigan cómo fue a parar allí, a 180 millas de tierra.

El tangonero Conarpesa 1 se encontraba faenando a esa distancia (unos 250 kilómetros mar adentro a la altura de Bahía Camarones, en el centro del litoral argentino) cuando, al levantar las redes, los marineros se toparon con la sorpresa. Según informan los medios del país sudamericano, una vez analizada la sustancia empaquetada las autoridades concluyeron que se trataba de "droga de máxima pureza" y que, por el aspecto de los paquetes, podrían llevar mucho tiempo en el mar.

Ante el escepticismo inicial, el juzgado de la localidad de Rawson se encargó del caso y ordenó a la Prefectura Naval del país investigar la sustancia y el barco, que fue inspeccionado por un perro adiestrado. No encontró nada más y el pesquero pudo retornar a la faena. Eso sí, la curiosa historia ya ha llegado a todos los rincones del país.