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OPINIÓN | Nada que perder, mucho que ganar

OPINIÓN | Nada que perder, mucho que ganar

OPINIÓN | Nada que perder, mucho que ganar

Consciente de que la amenaza de repatriar producciones ya asignadas no tiene sentido en la organización de cualquier multinacional automovilística por muy chovinista que sea, París ha cambiado de estrategia para, a cambio de ayudas públicas con las que mitigar los efectos del Covid-19, atar en Francia el desarrollo del vehículo eléctrico. Y en esto PSA-Vigo no tiene nada que perder, pero sí mucho que ganar.

Como no podía ser de otra forma, la corporación que preside Carlos Tavares ha bendecido el plan de apoyo al sector que Emmanuel Macron, con mucha parafernalia, presentó esta semana a la opinión pública francesa como salvaguarda de sus principales OEM, el Grupo PSA y Renault, y de toda la industria de componentes gala, que no es poca, y que tan conocida es en Vigo.

El plácet de Tavares estuvo acompañado por un recordatorio de todas las inversiones relacionadas con los coches eléctricos e híbridos enchufables que PSA acometerá en Francia en el próximo bienio, donde concentrará la producción de motores, transmisiones, carcasas, baterías y demás de componentes de la cadena de tracción eléctrica, así como con los nuevos modelos 100% eléctricos o plug-in hybrid que se lanzarán en Sochaux, Mulhouse, Rennes o Poissy, en especial la nueva generación de Peugeot 3008.

Hasta ahí nada nuevo, nada que no estuviese contemplado en el plan de organización industrial del consorcio galo. Con una salvedad, que puede dejar a Vigo fuera de juego: PSA concentrará en Francia la fabricación de baterías, módulos y demás elementos del coche eléctrico que ahora importa directamente de China, aspiración que compartía la automoción gallega en alianza con administraciones como la Xunta, la Zona Franca y el Concello de Vigo.

¿Peligra la producción de coches eléctricos en Vigo? No. La planta de Balaídos ya está fabricando el Peugeot e-2008 y el próximo año lanzará los K9 eléctricos. En esto no hay vuelta atrás. No tendría sentido desde un punto de vista económico ni industrial. Y tampoco habrá problemas en el futuro siempre que se adjudiquen nuevos lanzamientos, para los que la principal amenaza no será Francia, sino los países low-cost, en especial, la competencia de Marruecos.

Lo que sí está en riesgo es el deseo compartido del sector y las administraciones de completar la cadena de valor del coche eléctrico en Galicia. España, por falta de previsión, ya quedó fuera del proyecto europeo que lideran precisamente Francia (con PSA y Saft como referentes) y Alemania para crear un gigante europeo de baterías, siguiendo el modelo de Airbus en aeronaves. Y con los compromisos adquiridos ahora por PSA y Renault con Macron, Francia se asegura no solo el desarrollo y fabricación de baterías, sino de todos los elementos de la cadena de tracción eléctrica del automóvil, reduciendo así su dependencia de China y tomando el control de una tecnología que será estratégica en las próximas décadas.

Ante este giro proteccionista, la reacción gallega no puede demorarse. No hay nada que perder, pero sí mucho que ganar.

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