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El naval gallego retiene la hegemonía nacional en cartera de pedidos con casi 1.200 millones

Capea las crisis de Vulcano y Barreras con siete contratos por importe de 260 millones

Panorámica de los astilleros de Beiramar, en Vigo. // Ricardo Grobas

Panorámica de los astilleros de Beiramar, en Vigo. // Ricardo Grobas

Fueron crisis distintas con un denominador común: su gravedad. Primero fue Factorías Vulcano la que, en su centenario, tras haber entregado el ferri Villa de Teror con un año de retraso y sin haber firmado un solo pedido de cero desde 2007, enfiló la liquidación. Casi al mismo tiempo Hijos de J. Barreras afloró un complejo escenario de sobrecostes, cisma accionarial y controversia con los armadores; esquivó la quiebra sobre la bocina. Ambos astilleros agitaron el pasado ejercicio la actualidad de una industria, la de construcción naval, que ha logrado retener pese a todo su hegemonía nacional con 24 buques en cartera. Según los datos facilitados por la sociedad Pequeños y Medianos Astilleros Sociedad de Reconversión (Pymar), que agrupa al grueso de las atarazanas privadas de España, este volumen de pedidos suma un importe conjunto de 1.170 millones de euros, equivalentes a casi siete millones de horas de trabajo. Es el segundo mejor registro de actividad (medida en CGT, compensated gross tones o arqueo bruto compensado) desde el año 2010, solo superado por el de 2018. En espera de que Barreras reanude la actividad -tras el acuerdo de refinanciación del crucero Evrima-, ningún constructor está en el dique seco.

Pese a la remisión de algunos vientos de cola, los astilleros de Vigo y Marín "continuaron centrando su contratación en segmentos de mercado de alta complejidad constructiva y valor añadido, como buques pesqueros altamente tecnológicos", enfatizan desde Pymar. Fue el caso de Construcciones Navales Paulino Freire (Freire Shipyard), con la adjudicación de un atunero de última generación para la gallega Grupo Calvo. Un buque de 77 metros de eslora y 1.500 metros cúbicos de capacidad, diseñado por la oficina técnica Cintranaval. Vigo no veía el alumbramiento de un atunero desde el año 2006, cuando la propia Freire y Armón Vigo entregaron los buques Draco y Parsian Shila, respectivamente. También de Nodosa, con la construcción del mayor arrastrero proyectado en este último proceso de renovación de flotas en Galicia -el Falcon, para Pescapuerta-, o el gemelo del Monteferro, para Rampesca. En el mismo segmento de pesqueros, Armón Vigo puso en vigor otros dos arrastreros fresqueros para operar en Namibia, y un tangonero para Mozambique, ambos encargo de Nueva Pescanova.

Evolución

De acuerdo a la misma fuente -el Ministerio de Industria no dispone todavía de los datos del cuarto trimestre-, los nuevos contratos formalizados por los astilleros gallegos (los que han entrado en vigor) ascendieron a siete unidades por valor de 260 millones de euros y equivalentes a 1,5 millones de horas de trabajo. Estas magnitudes sí son sustancialmente inferiores a las del ejercicio precedente, cuando se habían formalizado 15 pedidos por 550 millones. Con todo, el sector ha perseverado en cuestiones estratégicas como la diversificación de mercados -el 92% de la cartera es para armadores extranjeros-, de segmentos de producción y alto valor añadido. El minicrucero Evrima será con mayor diferencia -como consecuencia de la desviación presupuestaria- el mayor contrato civil de la historia, valorado en 321,5 millones, y el crucero a vela que construye Metalships para Sea Cloud será el segundo de mayor envergadura de su clase de los que surquen los mares a su entrega, prevista para finales de verano. Hito al que se apunta Freire Shipyard, con el próximo inicio de su construcción C-724, un minicrucero de exploración de 111 metros de eslora, con siete cubiertas y varios espacios VIP.

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