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La entidad redimensionará para hacer sostenible su proyecto de centro de educación financiera para el Teatro Fraga

Después de muchos dimes y diretes, hace justo dos años Juan Carlos Escotet desveló que la intención de Abanca era aprovechar el mítico Teatro Fraga de Vigo para un proyecto bajo su gestión. Nada de ceder el uso, alquilarlo o venderlo, a pesar de los considerables costes derivados del mantenimiento de un edificio que lleva casi dos décadas clausurado. "Será uno de los grandes anuncios para este año", comentaba el presidente de Abanca en su comparecencia en enero de 2018 para presentar los resultados del ejercicio anterior. No quiso desvelar nada más. Se disculpó por ser "tan conciso", pero la entidad quería acabar de madurar la idea definitiva.

De ella habló en enero de 2019. "Tenemos entre manos un proyecto francamente ilusionante", dijo, esta vez con un poco más de luz, dejando entrever que el edificio se dedicaría a proyectos de educación financiera donde "hay un vacío que cubrir". El reto era "asegurar la rentabilidad y sostenibilidad". Y en eso sigue todavía.

"Efectivamente habíamos encargado un estudio a Ernst & Young para llevar adelante un proyecto de educación financiera con un fuerte componente tecnológico y cultural", aseguraba ayer Escotet. Los resultados del análisis sobre las inversiones necesarias fueron "considerablemente superiores a las estimadas", por lo que la hoja de ruta a seguir con el Teatro Fraga tuvo que ser "reconsiderada". "No está en absoluto descartado, pero sí hay que redimensionarlo -asegura el máximo responsable de Abanca-. Todo proyecto debe ser sustentable y sostenible".

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