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Pescanova computó ventas ficticias por más de 2.500 millones desde 2007

Diseñaba de antemano la recompra de mercancía "aparente": "¿Cómo se puede hablar de compras de 2009 en 2008?"

El Vega 5, en una imagen de archivo. // FDV

El Vega 5, en una imagen de archivo. // FDV

En la mitología griega, Efialtes fue un pastor que traicionó al rey Leónidas, y probablemente esa sea la única asociación que el público general pueda hacer de este nombre. También en el mundo pesquero, incluso teniendo en cuenta que, 25 siglos después, Efialtes se había convertido en uno de los clientes de referencia de Pescanova, por aquel momento en el top ten de pesqueras del mundo.

Domiciliada en la avenida viguesa de Gran Vía con 3.000 euros de capital social, su actividad desapareció cuando la multinacional pinchó la burbuja de la "facturación aparente". Nunca adquirió la notoriedad que le habría conferido una relación comercial tan fuerte con un operador como el de Chapela. Sencillamente, a tenor de la línea argumental del Ministerio Público en el juicio que se celebra en la Audiencia Nacional, porque solo existió sobre el papel y las hojas de Excel.

Efialtes fue una de la docena de firmas a las que Pescanova, una más de la red de sociedades instrumentales que presuntamente se crearon bajo mandato del propio holding que presidía Manuel Fernández de Sousa.

Efialtes era viguesa, pero compartía auditora con El Gran Sol de Altura, Ventres Fish (Madrid), Pescados Jorfras (Siero, Asturias), así como con las también gallegas Templeton Fish o Sieg. Según el testimonio del exjefe de Contabilidad de Pescanova SA, Ángel González, la decisión de recurrir de forma recurrente a estas empresas obedecía a que "siempre pagaban con pagarés", lo que generaba documentación que después podría usarse para generar descuentos en los bancos. "Son doce clientes de los 400 que teníamos".

El fiscal Juan Pavía centró buena parte de sus preguntas sobre esta red de sociedades, tanto al antiguo responsable de Contabilidad como al exjefe de Auditoría Interna, Joaquín Viña Tamargo. González, subordinado del ex director de Administración Alfredo López Uroz, negó en todo momento que existiese una contabilidad no registrada en los libros. "No había ningún desfase, ninguna discrepancia", si bien no pudo concretar de qué partidas se afloró la deuda no reconocida de inicio en las cuentas de la compañía y que acabaría por superar los 3.650 millones de euros.

En uno de los documentos exhibidos durante el interrogatorio constaba en Pescanova una carpeta de "operaciones especiales", con grandes volúmenes de facturación sobre las empresas de esta red. Incluía un capítulo de compras y recompras, de ahí que esta causa juzgue la posibilidad de que la multinacional volviese a adquirir la mercancía que previamente había dispensado a esta red, y que realmente no se correspondía con pescado real. "¿Cómo puede hablar [ese archivo] de recompras para el año 2009 cuando está fechado en 2008?", preguntó Pavía. Ángel González aseguró no haber sido el autor de ese cuadro. "No lo sé".

En 2007, Pescanova SA creó las dos primeras sociedades calificadas como instrumentales durante la fase de instrucción y en el auto de acusación, y que servían solo para obtener financiación y emitir facturas falsas. Esas dos primeras están en Vigo: Efialtes y Templeton Fish, cada una con un administrador único (Camilo Rodríguez y Francisco Javier Retamar, ambos imputados) y misma auditora (DNA).

En 2008 creó otras tres (el mismo día) en Madrid y Asturias, y en 2010 -también el mismo día- cinco compañías más en Santander, Vigo o la capital española. Tan relevante era la actividad de este entramado de mercantiles que existen correos en los que, desde la matriz de Chapela.

Uno de esos correos era del propio González. "Estábamos en preconcurso, podría haber dicho a alguien que hiciera cualquier cosa. Era un caos absoluto", e indicó que estaría recibiendo "instrucciones", aunque no de quién. Es más, en esas comunicaciones -recogidas en el informe forensic de KPMG- se llegaron a remitir a Pescanova SA los informes de auditoría de la red de instrumentales, que supuestamente eran unos clientes más. El motivo -de haberlo- no quedó aclarado en la sesión, que terminó ayer pasadas las 19 horas y que continuará este miércoles en San Fernando de Henares.

A preguntas de su defensa, Ángel González ratificó que su contabilidad era la correcta, si bien que no podía conocer la operativa diaria de mercancía que después se computaba en los libros. "No había contabilidad B"; "por supuesto que no".

La literalidad del auto de apertura de juicio oral reza así: "Muchos bancos y entidades financieras accedieron en ese período a financiar a Pescanova SA y su grupo de sociedades plenamente confiados en su solvencia reflejada en la información económica consignada en sus cuentas anuales y demás documentos publicados, así como en la realidad de las operaciones comerciales "ficticias" en las que se generaban las facturas y los efectos mercantiles que les presentaban para su descuento y cuyos datos se hacían constar en las remesas que se les remitían periódicamente".

De los 109 bancos atrapados en el colapso del grupo pesquero, por importe de 3.004 millones de euros, uno (Bankia) está personado como acusación particular. Este hecho ha salido a escena en reiteradas ocasiones durante el juicio, en el que distintos encausados acusan a las entidades de haberse aprovechado de Pescanova y ordenado operaciones en su propio beneficio. Durante la declaración de Viña Tamargo se puso en evidencia que al menos un banco conocía el enorme desfase entre la deuda a corto y largo plazo que divulgaba la multinacional y la que constaba en el Cirbe (central de información de riesgos del Banco de España).

Se trata de un mail de -entonces- La Caixa remitió un escrito a Pescanova en el que advertía que la información facilitada era insuficiente, pedía todo el "perímetro de gestión" -que no consolidación, al haber sociedades fuera de éste- y llamaba la atención sobre el pasivo financiero. La pesquera no distinguía entre deudas a corto y largo plazo y, sobre todo, aportaba unas cifras muy distintas a las registradas en el regulador bancario. "No distingue entre corto y largo plazo y difiere del Cirbe". En concreto, en 1.055 millones de euros (Pescanova SA reportó 952 millones, frente a los 2.007 de la central general de riesgos del Banco de España). "Eso no dependía de mí, necesariamente era del departamento financiero. Yo no manejaba el Cirbe", explicó Viña.

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