Está prohibida en Nueva Zelanda y ha desatado enorme controversia en Papúa Nueva Guinea, México y Namibia. La minería submarina de arena fosfática se ha erigido como un gran negocio para compañías extractivas de todo el mundo para abastecer de un recurso imprescindible para la producción de fertilizantes. Es en el fondo del mar donde ahora se busca este material, que llegó a cotizar a 400 dólares la tonelada, lo que supone una amenaza para la flota pesquera por los efectos nocivos que produce en el medio marino. Las reservas de fosfato se concentran en cinco países (China, EE UU, Marruecos, Jordania y Sudáfrica). El Ministerio de Recursos Mineros del último de ellos, comandado por Mosebenzi Zwane, ha concedido tres licencias de exploración para este mineral en un área de 150.000 kilómetros cuadrados, equivalente a cinco veces la superficie de Galicia. En la zona faenan una decena de pesqueros de capital gallego.

Las compañías agraciadas han sido Green Flash Trading 251, Green Flash Trading 257 y Diamond Fields International, según la información divulgada por los diarios locales Times Live y Daily Maverick. La última es una de las principales mineras de diamantes de Namibia, de donde la industria prevé extraer el 95% de piedras preciosas que han de abastecer la demanda global a largo plazo. La minería submarina de diamantes también es invasiva, pero es la de arena de fosfato la que ha revelado a la comunidad científica y pesquera. En Namibia se concedió en septiembre de 2016 el primer permiso de la historia para la extracción del mineral, a escasas 75 millas del puerto de Walvis Bay. La entrega del permiso provocó una profunda crisis en el partido de Gobierno, el Swapo, y una alianza entre todas las armadoras. Llevaron el proceso a la Corte Suprema de Windhoek; participaron en la demanda las subsidiarias de Pescanova, Iberconsa, Pereira o Mascato. El caso no se ha resuelto todavía pero la licencia ambiental -el último paso que necesitaba la empresa Namphos para empezar a taladrar- le fue retirada.

"La minería de fosfato a gran escala es devastadora para la actividad pesquera", expuso a FARO el director del Centro Marino de Recursos Pesqueros Sam Nujoma de Namibia, Edosa Omoregie. "Se dragan enormes cantidades de sedimentos del fondo y se llevan a la superficie. Se distorsiona la productividad biológica con la afectación a la cadena alimentaria", añadió el experto. En su opinión este tipo de actividad debería prohibirse, también la de diamantes, aunque los gobiernos son muy permisivos en este último caso. De hecho el primer presidente de Namibia, Sam Nujoma, que públicamente arremetió contra la minería de fosfato en el fondo del mar, da nombre al mayor barco minero de diamantes del mundo, propiedad de De Beers Group. Compañía cuya filial namibia, por cierto, está participada en un 50% por el Estado que preside Hage Geingob.

En el caso de Sudáfrica no han trascendido de momento los plazos previstos por las empresas para excavar el sedimento, aunque organizaciones como Safeguard our Seabed Coalition ya han iniciado una campaña para anular los permisos. En Sudáfrica operan de forma permanente firmas participadas o asociadas por Nueva Pescanova, Iberconsa, Pereira o Mascato, así como compañías proveedoras de las principales comercializadoras gallegas de productos del mar.