Suscríbete

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

Treinta años de la última botadura en casa Pescanova

El "Sil", arrastrero botado en 1987, costó 1.325 millones de pesetas. A final de año la compañía iniciará la construcción de nuevos pesqueros para Namibia y Mozambique

Arriba, Sousa y Fernández Albor (ambos en el centro) durante la "bendición" del barco. A la derecha, el "Sil". // Archivo Histórico Fernández Albor/ Gonzalo Núñez

Arriba, Sousa y Fernández Albor (ambos en el centro) durante la "bendición" del barco. A la derecha, el "Sil". // Archivo Histórico Fernández Albor/ Gonzalo Núñez

Hay pocos hábitos más embarazosos que los repasos familiares a las hemerotecas fotográficas. Aunque la foto del DNI -de cualquier año- se empeña en ambientarnos en una película de Sergio Leone o Murnau, las pintas en los álbumes viejos resultan mucho más carnavalescas. Por muy a la moda que se fuera. La última foto que tiene Pescanova de cuando estrenó un barco es de los ochenta: estampados en corbatas y vestidos, guatas para todos los hombros y gafas de aviador (para el cura también). Lo único que no ha pasado de moda es la nave, el Sil, un arrastrero de 78 metros de eslora y 14 de manga fabricado por Construcciones Navales Santodomingo. Se botó en agosto de 1987. Tres décadas después la multinacional, renombrada como Nueva Pescanova, prevé empezar a construir barcos nuevos a final de año. Tendrán otro look.

El buque reemplazó a otro del mismo nombre que se había hundido cinco años antes a 26 millas de Sálvora. "Era tan grande que, además de elaborar nuestras propias capturas de merluza, teníamos varios colaboradores: barcos que pescaban para nosotros, allá en Sudáfrica". Es el recuerdo de Carlos Rodríguez, recogido en el libro Por todos los mares del mundo, editado por la Fundación Caixanova y la Cooperativa de Armadores de Vigo (Arvi). "Tuvo mala suerte pues un día, después de descargar y cuando se estaba pertrechando, empezó a arder la bodega, no pudieron sofocar el fuego y el capitán lo llevó hasta fuera de las Cíes, donde se hundió. El Sil era un barco precioso".

El buque de 1987 (costó 1.325 millones de pesetas) se concibió para faenar en Namibia y las Falkland, con un casco capaz de operar en aguas heladas y capacidad para procesar 50 toneladas de pescado al día. Fue "bendecido" con las oraciones de, entre otros, el expresidente de la Xunta Xerardo Fernández Albor y Manuel Fernández de Sousa, este último ya como presidente del grupo. Los coetáneos del pesquero lo recuerdan como una revolución más de la multinacional. Fue dotado con un sistema experimental de sondas, sistema electrónico manejado por ordenador y velocidad máxima de 14,5 nudos. El Sil se integraría después dentro de Lafonia Seafoods, ahora propiedad de Frigoríficos del Morrazo. La apuesta de Pescanova por el caladero argentino, que nunca ha dejado de reivindicar las Malvinas como suyas, obligó a la empresa a deshacerse de la sociedad.

Para Namibia será al menos uno de los nuevos arrastreros que encargará Pescanova, que aumentará al mismo tiempo la flota con la que opera en Mozambique. En ambos países africanos dispone a día de hoy de 14 y 32 buques, respectivamente. "A día de hoy sus barcos son ineficientes en comparación con los de nueva construcción", explica un experto en el sector. "Ahora hay viento de cola por el bajo precio de los combustibles, pero los nuevos son competitivos por el diseño y el equipamiento". En su día la empresa dotó al palangrero Moraleda de motor y vela para ahorrar energía, pero los barcos de las principales armadoras del mundo empezaron hace tiempo su particular revuelta para dejar de ser ochenteros. Pescanova aportará 42,5 millones a la compra de buques hasta 2020; antes, macroconcurso de acreedores mediante, no pudo.

Su consejero delegado, Ignacio González, explicó a FARO que habían pedido presupuesto a "seis o siete astilleros", tanto de Vigo como de fuera, y que el número de buques a construir dependerá de su precio. Solo último encargado por Pereira, un arrastrero de 74 metros para las Malvinas, tendrá un coste de unos veinte millones. Los de Pescanova (si hace más de un arrastrero) no tendrán que adaptar el casco a aguas gélidas, y los tangoneros de Mozambique serán previsiblemente de casco de poliéster e inferiores a 30 metros de eslora. Y adiós a los 80, que estos ya serán buques para millennials.

Compartir el artículo

stats