Incendios forestales
La vida en San Martiño y O Sexo, un año después de las llamas
El Tecor de Dozón sembró centeno para evitar el arrastre de tierras en varias parcelas, y esperará a la próxima primavera para repoblar conejo
Los vecinos de O Sexo temen que la demora en los trabajos de las parcelarias «volva encher todo de maleza en cinco anos»

José Rodríguez señala la zona donde se originó el fuego en el Alto de San Martiño. / Bernabé / Javier Lalín

«O día do lume, a miña nai botou 40 minutos pensando que unha das miñas irmás e o meu sobriño de nove anos quedaran atrapados polo lume. E nos catro meses seguintes ao incendio, espertaba todas as noites sobresaltada e chorando». Es como resume uno de los vecinos de O Sexo, Juan Carlos Sánchez Fuciños, el impacto que generó en su familia aquel incendio del 15 de agosto de 2025 en esta parroquia de Agolada. Las llamas arrasaron más de 522 hectáreas y pusieron en vilo a una aldea que vio cómo el fuego taponaba sus tres salidas. No hubo víctimas personales, pero los daños en el paisaje aún son palpables hoy, un año después. Ocurre lo mismo en otro de los grandes fuegos del pasado verano, el del Alto de San Martiño, en Dozón, en el que ardieron cerca de 500 hectáreas.
En este Alto se unen el Tecor de Dozón y el de Piñor, ya de la provincia de Ourense. Los separa una pista que da acceso a una granja de porcino y a la que las llamas le quemaron el cierre. Si miramos a la izquierda, hacia As Fontes (de Piñor) vemos masas de árboles y prados verdes, mientras que a la derecha, en los terrenos de Dozón, quedan los troncos quemados de los brezos, que es mejor no arrancar para que la tierra no sufra arrastres. Junto a ellos crecen algún que otro tojo, donde antes del incendio la maleza era de tales dimensiones «que che impedía entrar» y se convertía en una zona perfecta para refugio de la caza menor pero también de corzos y jabalíes, como explica el presidente del Tecor de Dozón, José Rodríguez. En Dozón, el fuego comenzó el 12 de agosto pasadas las 14.30 horas, en terrenos de Piñor, pero el viento quiso que las llamas pusiesen en jaque a las aldeas de Mizoite y al casco urbano de O Castro. En un avance casi apocalíptico (hubo que cortar el tráfico por la autopista), el fuego arrasó varias plantaciones de eucalipto y pino.

Troncos quemados de brezo. / Bernabé / Javier Lalín
En el Alto de San Martiño, varias de estas plantaciones forestales ya eliminaron la madera muerta, una asignatura que todavía sigue pendiente en O Sexo. ¿Por qué? Porque las fincas son tan pequeñas que es imposible acceder con la maquinaria, o porque se desconocen sus propietarios. "É necesario retirar esa madeira, porque pode converterse nun transmisor de fungos e plagas para as outras plantacións", explica Juan Carlos Sánchez Fuciños. Uno de sus hermanos, Marcos, cedió en mayo una parcela para que el alumnado del CEIP de Agolada reforestase con especies autóctonas, robles y castaños que, como ocurrió en Dozón, no son pirófitas. Y las sobreiras aquí, en O Sexo, brotan pese a haber sido quemadas, porque la capa de corcho aisló su interior. En O Sexo también se repuebla con eucaliptos (por su rentabilidad y rápido crecimiento), «pero está sen repoboar o 98% do que ardeu, ainda se estivo sacando madeira hai un mes», lamenta Fuciños, a quien el incendio le quemó 93 de los 106 olivos que había plantado meses atrás. La virulencia del fuego en O Sexo fue tal que en una zona de la parcela donde volvió a poblar, la tierra quedó tan seca que unos 30 ejemplares no consiguieron prender.
Tampoco logró germinar el centeno que los cazadores de Dozón sembraron en los montes de San Martiño para asegurar el alimento de la caza menor y frenar la erosión del suelo. La Xunta le concedió una ayuda de 13.400 euros para sembrar este cereal en 7,5 hectáreas y colocar cinco biotopos para la cría de conejo. «Pero de momento non botamos coello, porque hai moi pouco monte rexenerado e non teñen defensa» contra depredadores como el jabalí o las aves de presa. Habrá que esperar a la próxima primavera, cuando los brotes de hierba también sean más abundantes y los helechos, tojos y brezos cubran más el suelo y puedan servir de refugio tanto al conejo como a la perdiz.
Pero en estos montes sí hay vida después del fundido a negro que dejaron las llamas. Mientras la flora va germinando poco a poco y con las altas temperaturas y la sequía del verano en contra, en el Alto de San Martiño pudimos ver un cernícalo, excrementos de liebre y huellas de un ejemplar adulto de lobo, así como de cachorro. «Ao día seguinte de quedar o lume extinguido, esta zona estaba chea de aves de rapiña, porque saben que tralo incendio quedaran mortos non só coellos, senón tamén ratos», explica José Rodríguez.

Huella de un ejemplar adulto de lobo. / Bernabé / Javier Lalín
En estos montes siguen pastando vacas en extensivo, y las granjas mantienen su actividad. Segaron los prados que germinaron y, en el caso de Manuel Viana, al frente de una de las explotaciones amenazadas, pudo seguir adelante con su día a día. Ayer nos contaba por teléfono que «continuamos cos 75 animais, grazas a mercar rolos de herba e a que algúns veciños tamén nolos regalaron. Nos prados que xa estaban segados o lume pasou por riba, sen afectarlle ao chan, e renovaron pronto». Esta granja había perdido casi 300 rollos por culpa del fuego. Los prados repartidos entre las viviendas de O Sexo también fueron los primeros en recuperar su color verde. La parroquia forma parte de uno de los tres procesos parcelarios que afectarán a nueve feligresías y del que la Xunta declaró su utilidad pública en julio, 20 años después del inicio de los trámites. En vista de los tiempos que manejan estos procesos, los vecinos de O Sexo se muestran pesimistas. «É certo que as parcelarias xa axudarían a abrir pistas e, por suposto, a ordenar o territorio. Pero merecemos máis axilidade», reclama Fuciños, que alerta del abandono del rural que dejó su huella de carbón en la Serra do Careón, en Melide, o en el este ourensano, también en el verano de 2025. O Sexo teme que los trámites de la parcelaria se vuelvan a demorar de tal modo que, «dentro de cinco ou dez anos volva ser todo unha selva».
Paso de la Vía de la Plata
Para el Tecor de Dozón, la solución es evidente: quemas controladas y desbroces en invierno. «As queimas controladas non afectan ao chan, porque hai menos temperatura» y permiten adecuar un hábitat para la caza menor: suelos a los que llegue el sol pero también las heladas y la nieve, que matan cualquier plaga. Y de paso, estos desbroces evitan que el jabalí encame. El Alto de San Martiño, zona fronteriza entre Dozón y Piñor, es un área de paso pero también de descanso de jabalíes, hasta el verano pasado. Aquí se abatía en torno al 40% del cupo de cada temporada. Y decimos abatía porque la caza tendrá que esperar hasta el 31 de diciembre de 2028. Podría adelantarse la fecha, en función de cómo regenere el monte. Tras el incendio, la Xunta permitió en este y otros montes ardidos que los tecores realizasen quemas controladas en invierno sin el requisito de la firma de los propietarios porque, como en O Sexo, hay fincas aún a nombre de titulares fallecidos o con dueños difíciles de localizar.

Estudiantes del CEIP de Agolada, en una jornada de repoblación en O Sexo. / Bernabé / Javier Lalín
José Rodríguez le pide a la Xunta quemas y desbroces en invierno, y al Concello de Dozón un uso más eficiente del tractor, de modo que se emplee en limpiar pistas forestales y caminos. Por el Alto de San Martiño discurre un tramo de la Vía de la Plata, que ayer cruzaban un par de caminantes, sumergidos en el tremendo silencio que ofrece este enclave. En la mente de varios vecinos aún pervive la duda de si ardió el monte porque en él se proyectaba la ubicación del parque eólico Coto Frío. La belleza de la naturaleza vuelve poco a poco, pero aún quedan restos que la deslucen: además de la madera muerta, aún permanece sobre el suelo el cable de teléfono sustituido por una nueva red. Sí se mudaron los postes de madera que, a modo de curiosidad, también sirven de particular reclamo para el jabalí: el barniz que se les aplica para soportar el paso del tiempo es un atrayente para el cerdo bravo, que suele restregarse contra estos postes y dejarlos «marcados» con barro.
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