Medio Ambiente
El rastro de los viajeros incívicos: plásticos, latas y neumáticos cubren las áreas de descanso
Los microplásticos terminan en el cauce de los ríos o se degradan sobre el suelo
Llegan al organismo humano y pueden provocar daños en riñones, hígado y cerebro

Basura en un tramo de la antigua carretera de Callobre, junto a la N-640. / Bernabé / Javier Lalín

El suelo no se lo come todo, no. Cualquier tierra de cultivo precisa abono, pero en su justa medida y aplicado a ser posible mediante inyección para evitar su arrastre hacia cauces de agua cada vez que llueve. Y dentro de esa categoría de «abono» no figuran ni los plásticos de silo, ni los cordeles, ni ropa vieja. Desde hace años, los concellos ponen en marcha una campaña de recogida de estos enseres de las explotaciones agroganaderas para poder reciclarlos, del mismo modo que habilitan puntos limpios para mobiliario que no puede tener una segunda vida. A esta labor de los gobiernos municipales se suma la de colectivos que recogen ropa y calzado para donarlos a personas que puedan necesitarlo y empresas que tratan residuos de la construcción o material industrial. Y aún así, rara es la vez que no encontramos ruedas en el cauce de un río, un bidé junto a una cuneta o la omnipresente lata de Coca-Cola a escasos metros de una papelera, en lugar de dentro de ella.
El volumen de viajeros y turistas incívicos aumenta siempre durante los meses de verano. Un paseo por dos de las áreas de descanso de la N-640 entre la localidad silledense de Chapa y la de A Estrada así nos lo confirma. En una de ellas, cerca de A Rocha, podemos ver restos de plásticos, cristales, papeles y un par de neumáticos. Ya cerca de Callobre, en un tramo de la carretera vieja y que los viajeros también suelen emplear para hacer una pausa antes de continuar viaje, la estampa es casi idéntica.
Esta basura suele salir a la luz cada vez que se desbroza y, si hablamos de los cauces de ríos, aunque colectivos como las sociedades de pesca o el Proxecto Ríos organicen sesiones simultáneas de limpieza al inicio de temporada o a finales de verano, meses después vuelven a aparecer vertidos similares en las mismas zonas. Y su presencia no solo afea el paisaje, sino que lo contamina y pone en un serio riesgo la salud de la fauna y del ser humano. Entre los desbroces y la degradación por efecto del sol y la lluvia, estos plásticos, latas y neumáticos acaban destrozándose hasta convertirse en microplásticos, partículas inferiores a los 5 milímetros que, según un estudio de Greenpeace de mayo del año pasado, ya están presentes en alimentos como la sal de mesa, los pescados, los chicles, el marisco, el agua embotellada o incluso en leche, miel y refrescos. Por estar, hasta se encuentran en la atmósfera: en México, cada habitante ingiere una cantidad de microplásticos equivalente a la que se emplea para una tarjeta de transporte público.

Neumáticos en un área de descanso de la N-640. / Bernabé / Javier Lalín
Al llegar al cauce de los ríos, los peces pueden ingerir estos microplásticos. No pasan de su estómago (que es una parte que no consume el ser humano), pero pueden transferir a sus tejidos comestibles ftalatos, metales pesados y bisfenol A. Los ftalatos son compuestos químicos que se emplean para dar flexibilidad a los plásticos en productos como guantes o las cajas para comida preparada. El bisfenol A se emplea en, por ejemplo, las botellas de agua y, por el calor, puede transferirse al líquido. Los primeros pueden afectar al sistema endrocrino y el segundo, al cerebro, según indica la web Portal Clínic, de Clínica Barcelona.
Pero no hay que consultar con especialistas foráneos para estar alerta ante la basura en los enclaves naturales. La enfermera Natalí González Cacho, de la Asociación Amigos de Ponte Ledesma, indica que «da igual por qué carretera viaxes, sexa comarcal ou nacional. Por exemplo, entre a de Santiago e Vila de Cruces, cánsome de retirar lixo nas cunetas. Hai colectivos que organizan quedadas para recoller determinado tipo de lixo, que acaba sendo un problema de saúde pública». Con los aguaceros, estos plásticos acaban en los riachuelos, y de aquí pasan a los ríos y de aquí, al mar. Los que quedan en las cunetas, como decíamos, se degradan con el agua y la luz «ou evapóranse cara a atmósfera ou pasan aos cauces de auga dos que nos alimentamos nós ou outros animais. Agora mesmo, todos temos microplásticos no noso corpo, a nivel renal, hepático e incluso cerebral». Estos microplásticos pueden causar inflamaciones crónicas en los órganos y afectar a su funcionamiento.
¿Qué hacer, al margen de no dejar nunca basura en los sitios que visitamos? Sobre todo, evitar alimentos envasados con plásticos o evitar calentarlos con el plástico en el microondas, reducir la ingesta de agua embotellada y, también, evitar productos cosméticos con microesferas.
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