XXXII Romaría Interxeracional
Lalín rinde homenaje a la veteranía y al esfuerzo
Manuel Portos, Concepción Vila, Dorinda Gómez y Luis González serán reconocidos este sábado por el Concello por ser las personas con más edad del municipio y el hombre y mujer que pasó más años en la emigración. Los cuatro comparten trayectorias vitales marcadas por el trabajo duro y el amor duradero

Concepción Vila Barrio recibirá el reconocimiento a Mujer con más edad de Lalín. / Bernabé / Javier Lalín
La XXXII Romaría Interxeracional de Lalín rinde homenaje este sábado a los vecinos más longevos del Concello. Entre ellos destacan Manuel Portos Cadavid, de 93 años, y Concepción Vila Barrio, de 96, dos trayectorias vitales marcadas por la emigración, el esfuerzo constante y el arraigo a su tierra natal.
Manuel Portos, natural de Cerdedo, lleva grabada en la mirada la inmensidad de los océanos y la nostalgia de los atardeceres lejos de casa. Su travesía vital comenzó muy joven, cuando en Galicia apenas existían oportunidades laborales. «Yo me fui con 17 años a Brasil. Allá estuve 13 años y me fue bien, tuve un colectivo de 24 puestos, pero después me fui para Venezuela porque la moneda de Brasil no tenía valor ninguno», recuerda. Su llegada marcó el inicio de más de medio siglo de sacrificios y logros construidos con sudor y esperanza. «Llegué a Venezuela con mi mujer y una hija de un año. Es un gran país que tiene de todo, cuando llegamos dejaban el pan, la leche y el periódico en la puerta de las pensiones, y nadie robaba nada, y el primero que se despertaba metía las cosas para dentro», rememora Portos.

Manuel Portos Cadavid recibirá la distinción al Hombre de más edad de Lalín. / Bernabé / Javier Lalín
Sin embargo, el destino guardaba un amargo revés que rompió la tranquilidad de su vida. «Con la llegada del chavismo todo se echó a perder. Más de ocho millones de personas tuvimos que abandonar el país, dejando todo atrás. Estuve 53 años en Venezuela y tuvimos que escapar con mis dos nietos. Mi hija se quedó allí un tiempo para vender tres apartamentos que teníamos». Lejos de rendirse, aquel mecánico que llegó a tener un taller con nueve empleados decidió cruzar el Atlántico de vuelta para encontrar la paz en su hogar adoptivo. «Llevamos nueve años en Lalín y desde entonces estamos en el mismo apartamento. Estamos muy contentos de estar aquí. Escogimos vivir en Lalín porque aquí tenemos a los consuegros y tenemos a una hija que vive en Antas de Ulla y nos queda más cerca, son 20 minutos de coche». Hoy, arropado por los suyos, Manuel respira la calma que tanto merecía: «Aquí no nos ata nada, vivimos tranquilos, nos alimentamos bien, salimos todos los días a caminar y vivimos contentos. Recibir este reconocimiento por parte del Concello es una alegría para mí, y asisto y lo seguiré haciendo todos los años mientras tenga salud». .
A pocos kilómetros de esa vivencia se encuentra Concepción Vila, una mujer que ha desafiado al calendario con una sonrisa perenne y una actividad desbordante. Nacida en Vila de Cruces, donde forjó una juventud marcada por el trabajo duro en un bar que ofrecía camas y sustento, Concepción se trasladó a Lalín hace aproximadamente sesenta años. Al perder a su marido hace doce años, la vida le impuso un reto silencioso, pero ella decidió que la tristeza no tendría la última palabra. «No sé cuál es mi secreto para tener 96 años. Lo que hice siempre fue trabajar mucho, porque siempre tuve un negocio y lo atendía a la vez que atendía la casa. Soy una persona que busca salir, voy a gimnasia, al baile, a andar. No me gusta estar en el sillón sentada. Y también comer lo más sano que se pueda. Yo me hago mis propias comidas, y otro secreto no tengo, hay que levantarse y ser positivos», confiesa con la ilusión intacta de una adolescente.
Rodeada de cuatro hijos, cinco nietos y una bisnieta nacida hace apenas unos días, Concepción contempla los cambios del mundo con una ternura infinita. «Yo me adapto al momento, porque la vida de ahora no es la de antes, es muy distinta. Antes no nos dejaban salir de casa y ahora hay más libertad, la educación no es la misma, cambian muchas cosas. El pueblo cambió porque cuando me vine para Lalín casi todo eran caminos, no había carreteras, y nos conocíamos todos porque eran cuatro casas». Para ella, la felicidad nunca dependió de lo material, sino de la actitud: «En mi juventud en Cruces era muy feliz, tenía muchas amigas y con cuatro cosas éramos muy felices». Con 96 años cuenta con una energía desbordante, tal y como ella misma reconoce. «Yo soy de salir, me gusta estar con la gente, no me gusta hablar de enfermedades, quiero ir a fiestas. Ya me dicen mis hijos que soy muy fiestera y que nunca estoy en casa. Tengo la misma ilusión que cuando era joven».
Más de seis décadas de amor
La jornada festiva en el Lalín Arena también reserva un espacio para celebrar la consagración del amor eterno. Dorinda Gómez y Luis González recibirán el homenaje como el matrimonio con más años de casados, un total de 67, tras haber entregado 68 y 69 años de sus vidas a la emigración en Brasil. Su historia se fundamenta en la lealtad, memoria y morriña.
Luis González partió hacia São Paulo el 8 de septiembre de 1956, con apenas 18 años, subido a un barco con el que dejaba atrás la aldea de Barcia. «Cuando llegué a Brasil, mi hermana me estaba esperando en Santos y vivimos juntos hasta que cada uno empezó a hacer su vida», recuerda. Tras tres años de esfuerzo en tierras brasileñas, el destino hizo que se cruzara en su camino Dorinda, en el centro gallego del lugar. «La conocí con 20 años. Ella llegó con su hermano, al que yo ya conocía porque éramos amigos». Y juntos llevan ya casi siete décadas. «El secreto no existe, es mucho amor y estar al lado de nuestros hijos, nos unió más», explica González. A base de levantar chalets con su propia carpintería, Luis salió adelante, pero su corazón nunca dejó de latir al compás de Galicia. Hoy, en su hogar en Lalín, el matrimonio disfruta de una gran tranquilidad: «Vamos al centro de la tercera edad. Mi mujer va a clases de memoria, bailamos y vamos a gimnasia dos veces por semana y nos mantenemos muy activos gracias a Dios».

Dorinda Gómez y Luis González llevan 67 años casados y ambos emigraron a Brasil de jóvenes. / Bernabé / Javier Lalín
Por su parte, Dorinda guarda en su memoria el eco doloroso y tierno de una despedida que marcó su infancia. Tenía tan solo 15 años cuando emprendió el viaje hacia Brasil tras recibir una «carta llamada» de su hermano mediano. «Mi madre no quería que nos marcháramos, pero nos fuimos con ilusión. Ya sabía coser algo y cuando llegué a Brasil mi hermano me buscó una oficina de camisas, donde empecé a trabajar». Aquella niña valiente encontró en Luis al compañero perfecto para sobrellevar la distancia. «Nos casamos muy jóvenes. Él con 21 y yo con 16, pero era otra vida. Fuimos viviendo con mucho amor y respeto, que creo que es el motivo de que llevemos tantos años juntos».
Sin embargo, el sentimiento de pertenencia a su tierra natal jamás se desvaneció. «Nos entraban ganas de volver a casa, por sentir nuestra tierra, de estar en casa otra vez. Me quedé con muchas ganas de estar aquí, de nuestra tierra. Es muy triste tener que irse». Su memoria más profunda sigue anclada en el puerto de partida: «Creo que todos los que emigramos, nos sentimos muy tristes por dejar todo esto atrás. Yo lo sentí con mis padres, especialmente. Hoy ya no los tengo, pero recuerdo que mi madre se quedó en el puerto, escondida llorando y tengo esa imagen grabada».
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