Vivienda y alquileres
A Estrada se perfila como nueva alternativa para universitarios ante la subida de alquileres en Santiago
Los elevados precios de la capital gallega los llevan a buscar opciones fuera incluso de la provincia | Los propietarios, reticentes debido a la falta de costumbre de este tipo de inquilino

A Estrada se postula como una opción más asequible para los universitarios de Santiago. | BERNABÉ
Eladio Ríos
A Estrada está en otra provincia y a unos 25 kilómetros de Santiago, pero cada vez parece menos lejos. Su núcleo urbano cuenta con comercio, supermercados, hostelería, centros educativos, servicios sanitarios e instalaciones deportivas, suficientes para resolver el día a día sin depender de Compostela. Es precisamente eso lo que distingue al municipio de otros núcleos residenciales de la periferia: no es únicamente un lugar desde el que desplazarse a trabajar o estudiar, sino una localidad con actividad y servicios propios. Y, además, conserva una vivienda significativamente más asequible que la capital gallega.
La distancia también está cambiando. Desde el pasado 22 de julio están abiertos los 3,5 nuevos kilómetros de la AG-59 entre A Ramallosa y Pontevea. Queda el último tramo, de cuatro kilómetros, hasta O Rollo, ya en A Estrada, cuya finalización está prevista para 2028. Cuando se complete, la Xunta calcula que los 14 kilómetros de autovía permitirán conectar ambos municipios en unos diez minutos.
Ese nuevo escenario empieza a producir una consecuencia hasta hace poco impensable. Los elevados precios del alquiler compostelano fueron empujando primero a universitarios hacia O Milladoiro, Bertamiráns o Sigüeiro. Ahora la búsqueda comienza a ensancharse todavía más y llega incluso a A Estrada. No se trata de una oleada ni de decenas de contratos, sino de una señal todavía incipiente: las primeras llamadas ya están llegando a las inmobiliarias del municipio.
«Antes no llamaba ningún universitario, pero ahora empezamos a recibir algunas consultas», resume Javier Ribadavia, responsable de Kóbel Inmobiliaria. Su oficina, en el municipio pontevedrés, ha recibido durante este verano alrededor de una decena de consultas de estudiantes que se forman en Santiago y se plantean alquilar en la capital de la comarca de Tabeirós.
Sin embargo, ninguna de las seis inmobiliarias estradenses ha cerrado una operación con estudiantes. Entre otras cosas porque la oferta es reducida y muchos propietarios «no están habituados al alquiler universitario».
El fenómeno prolonga una tendencia que las inmobiliarias conocen bien. Hace apenas unos años resultaba extraño que estudiantes compostelanos buscasen vivienda en Bertamiráns o en O Milladoiro. Hoy está completamente normalizado. «La gente se va alejando cada vez más», señala Ribadavia.
Pero esa primera corona también se ha encarecido. En julio, el precio anunciado del alquiler alcanzaba los 10,8 euros por metro cuadrado en Santiago, frente a los 8,8 de Ames; Bertamiráns estaba en 8,6 y O Milladoiro, en 9. La diferencia continúa existiendo, pero se ha estrechado. Por tanto, algunos pisos de dos habitaciones en Bertamiráns rondan ya los 600 o 650 euros, de modo que el ahorro frente a Santiago comienza a resultar insuficiente para determinados inquilinos.
A Estrada parte todavía de otro nivel. Según la experiencia de Kóbel, un piso de dos habitaciones puede moverse alrededor de los 400 o 450 euros mensuales y uno de tres, sobre 450 o 470. También allí, sin embargo, los precios están subiendo y aparecen propietarios que pretenden ya 500 o incluso 600 euros. «Los sueldos son los que son. Si se empiezan a inflar los precios, llega un punto en que la gente no alcanza», sostienen.
La paradoja es que encontrar precios inferiores a Santiago no significa encontrar fácilmente vivienda. «Hay muchísima demanda de alquiler, pero oferta hay muy poquita», apuntan. Muchas propiedades ni siquiera llegan a publicarse porque las agencias trabajan con listas de interesados. Y los estudiantes encuentran una dificultad añadida: algunos propietarios prefieren familias y rechazan expresamente este perfil, por lo que esa nueva demanda ha aparecido antes de que el mercado local se haya adaptado a ella.
Segunda opción
No todas las inmobiliarias han detectado todavía el mismo movimiento. Alejandro García, de Habita, asegura que por ahora no tienen constancia de ninguna consulta que puedan identificar con seguridad como procedente de universitarios de Santiago. Admite, eso sí, que alguno podría haberse interesado por una vivienda sin mencionar su condición de estudiante. Su lectura sobre el futuro es clara: el encarecimiento de Compostela y la mejora de las comunicaciones pueden convertir A Estrada en una alternativa cada vez más evidente.
García establece una diferencia entre simplemente instalarse en una localidad dormitorio y escoger un lugar con vida propia. «La diferencia está entre dormir cerca del trabajo y vivir cerca del trabajo», resume. A su juicio, A Estrada ofrece precisamente esa segunda posibilidad porque «tenemos todos los servicios» y la nueva conexión reducirá todavía más la distancia con Santiago. Incluso considera que la llegada de nuevos residentes podría contribuir a elevar los precios lo suficiente como para hacer viable nueva construcción, en un contexto condicionado por el fuerte aumento de los costes de obra.
En Bamarti, una empresa principalmente constructora que también opera como inmobiliaria, la tendencia se percibe igualmente de manera limitada. Han recibido una sola petición vinculada al curso y creen que el interés puede aumentar cuando esté terminada toda la autovía. Allí introducen, sin embargo, una limitación importante: para un estudiante sin coche, el transporte público puede seguir siendo un obstáculo si las frecuencias no encajan con los horarios de las facultades, como es el caso actual.
La autovía lo cambia todo
La mejora de la carretera ya había empezado a alterar el mercado antes de que apareciesen estas consultas universitarias. Ribadavia recuerda que, cuando se hizo pública la prolongación de la AG-59, varios pisos en venta de la avenida de Santiago (A Estrada) que llevaban tiempo costando colocar despertaron el interés de personas que vivían o trabajaban en Compostela. «En cuestión de un mes o mes y medio salieron cinco o seis», relata. La explicación, a su juicio, estaba en combinar una vivienda más nueva y barata con una conexión mucho mejor con la capital.
Ahora esa misma lógica comienza a trasladarse, todavía tímidamente, al alquiler universitario. A Estrada continúa estando más lejos que Ames u Oroso y disponer de coche marca una diferencia, pero combina precios más bajos, un núcleo con servicios propios y una conexión que ya ha mejorado y todavía lo hará más. La frontera de lo que un estudiante considera suficientemente cerca de Santiago empieza, una vez más, a desplazarse.
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