Movilidad urbana
Rúa da Ponte también quiere un lavado de cara
Rampas demasiado elevadas para moverse en silla de ruedas en las aceras, restos de comida en varias esquinas y baldosas rotas dificultan el día a día de los vecinos

Hueco de un árbol talado, sin rellenar. / Bernabé / Javier Lalín

En su momento, las calles Areal y da Ponte fueron dos hervideros de la circulación rodada en el casco urbano de Lalín porque una encauzaba la circulación procedente de la N-640 y la otra encarrilaba la circulación de la N-525, la principal conexión entre Santiago y Ourense. Sesenta años atrás, a mediados de la década de los 70, la planificación urbanística ya contemplaba resolver el cruce de estas dos nacionales fuera del núcleo. Fue así como con el tiempo se materializaron la Rolda Leste, la Avenida Xosé Cuiña y la Avenida de Madrid. Pero esta decisión derivó también en cierto abandono de estas dos calles, que se quedaron lejos de los actuales estándares de aceras más accesibles y más zonas verdes. Es más, incluso su actividad empresarial fue a menos y son numerosos los bajos que han perdido su actividad comercial.

Rampa de una acera, en mal estado. / Bernabé / Javier Lalín
La Rúa Areal se sometió a un profundo lavado de cara en 2023, y ahora puede presumir de espacios más humanos y, sobre todo, orientados a quien vive en ella. Pero Rúa da Ponte sigue pendiente de una reforma que mejore su aspecto, pero también su movilidad. Es cierto que las aceras cumplen con los estándares para que una persona pueda desplazarse en silla de ruedas, pero la ruta se complica si intenta subir por el margen derecho hasta la Fonte dos Cabalos: el acceso a los garajes impide que las aceras sean continuas, de modo que debe bajar hasta la plataforma de circulación empleando rampas que o bien son un tanto elevadas o que bien están destrozadas en algunas de sus esquinas. En el margen izquierdo la situación tampoco es boyante: algún que otro adoquín cerca del hotel Pontiñas está roto.
Es precisamente en este entorno donde encontramos dos bancos en los que descansar tras un paseo por la calle, por el Pontiñas o simplemente mientras esperamos a que nos recojan en coche. No hay dónde sentarse en el resto de la calle, y estos dos bien merecen una mano de pintura y un repaso, como la base de un árbol cortado que debería rellenarse para que ningún niño se lleve un susto.

Uno de los dos bancos disponibles en toda la calle. / Bernabé / Javier Lalín
Días atrás, este periódico se hacía eco de las quejas de los vecinos por la presencia de ratas. Los roedores pueden proceder del río, que el Concello tardó meses en desbrozar a la espera del permiso de Augas de Galicia, pero en todo caso es necesario controlar esta plaga, igual que las de palomas que ya invaden otras zonas, como el barrio de O Regueiriño. En el caso de las ratas, la presencia de restos de comida como pan e incluso pimientos en alguna esquina de la calle también contribuye a que acaben convirtiéndose en un peatón más, para desgracia de los residentes.

Restos de comida en la calle. / Bernabé / Javier Lalín
Es cierto que algunas de las parcelas inmediatas al paseo fluvial son privadas, pero los vecinos urgían, y urgen, a la administración local a que desbroce toda la zona para minimizar el riesgo de incendios. Aunque, por ejemplo, en la zona trasera del aparcamiento que emplea el personal de la Oficina de Medio Rural sí se han talado árboles, los que quedan no están más allá de los 50 metros de este edificio.

Árboles en la zona trasera del aparcamiento de la Oficina de Medio Rural. / Bernabé / Javier Lalín
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