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Un final feliz para Jonny

El abuelo que encontró un hogar

Después de más de una década en la calle, Jonny ha encontrado un hogar al final del camino. El cuerpo de este abuelo lleva las marcas de su vida. Tiene artritis, asma y bronquitis crónica, sufrió una grave infección de oídos y está casi sin dientes. No era el candidato ideal para una adopción, pero finalmente podrá dejar atrás la soledad.

Jonny ha encontrado un hogar en el que vivir sus últimos años junto a Mía. | FIRMA

Jonny ha encontrado un hogar en el que vivir sus últimos años junto a Mía. | FIRMA

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A Estrada

Jonny ha pasado buena parte de sus entre 11 y 13 años de vida sobreviviendo en la calle, en la colonia felina de la parroquia estradense de Toedo. Hambre, frío, lluvia, enfermedades y el peligro constante formaron parte de su día a día hasta que los voluntarios que cuidaban de la colonia comprendieron que aquel gato, ya anciano, no podía seguir allí.

Su cuerpo lleva las marcas de esa vida. Tiene artritis, asma y bronquitis crónica, sufrió una grave infección de oídos y llegó desnutrido y prácticamente sin dientes. Además, apenas oye y tiene problemas de visión. En una ocasión estuvo a punto de ser atropellado porque no podía escuchar la llegada de los coches. «Menos mal que estábamos pasando y pudimos parar», recuerdan los voluntarios. Aquel episodio fue definitivo. Jonny tenía que salir de la calle. «Si no, iba a morir en malas condiciones. Y por lo menos que tenga una vejez digna», explican. Y la encontró.

Mía Pumar, una de las voluntarias que conoce de cerca a los gatos de las colonias de A Estrada, decidió acogerlo de forma permanente. En su nueva vida, Jonny ha descubierto las camas calentitas, las caricias y también algunos pequeños placeres que antes no conocía: tiene sus latas favoritas, disfruta cuando lo peinan durante largos ratos y ha aprendido incluso a jugar con una pelota y con un palito.

Su salud también ha mejorado. Sigue tratamiento para la bronquitis y la otitis y recibe una inyección mensual para aliviar el dolor de la artritis, con un coste de entre 70 y 100 euros al mes. El cambio es evidente: «Antes tenía las articulaciones de las patitas destrozadas, hinchadas por la artritis. Ahora lo está llevando genial».

Un abuelo que roba corazones

Pero si algo sorprende de Jonny es su carácter. Después de todo lo que ha vivido, sigue siendo un gato tremendamente cariñoso. «Para donde vas tú, va él», cuentan sus cuidadoras, Mía y Susana Camba. Le encanta que lo acaricien y puede pasar hasta 40 minutos dejándose peinar.

Mía lo resume con una sonrisa: tiene unos enormes ojos grises, «es muy parlanchín» y, si le hablas, te contesta. «Y si le lanzas besos, viene corriendo hacia ti. Es un galán que te camela y roba el corazón».

Jonny

Jonny / Cedida

Ahora Jonny ya no busca ese último hogar que durante un tiempo parecía imposible de encontrar. Lo ha encontrado en Mía. Con ella puede dormir tranquilo, recibir sus cuidados y, sobre todo, dejar atrás la soledad.

Después de tantos años luchando por sobrevivir, este abuelo de la colonia de Toedo tiene por fin derecho a algo mucho más sencillo: vivir tranquilo y sentirse querido.

Dos bebés buscan un hogar

Dos pequeños gatitos fueron rescatados de una colonia felinade la feria después de haber sido abandonados de una forma especialmente cruel. Ahora están a salvo en una casa de acogida, donde reciben cuidados y empiezan a descubrir que las manos humanas también pueden proteger. Las voluntarias buscan para ellos una adopción responsable y definitiva, preferiblemente juntos, para que puedan crecer seguros y queridos.

Contacto: 679 993 111.

Una gata embarazada que también necesita ayuda

En esa misma colonia apareció además una gata embarazada que las voluntarias se disponen a retirar y esterilizar con sus propios recursos. Explican que, tras la paralización de las campañas de castración, están asumiendo de su bolsillo las esterilizaciones de los animales nuevos que aparecen en las colonias para evitar que el problema siga creciendo y mantener el control que llevan años realizando.

Una historia con final feliz

No todas las historias terminan con una búsqueda de adoptante. Una gatita blanca apareció el pasado marzo en la colonia de Toledo y, después de que una de las voluntarias lograse ganarse su confianza, pudo ser rescatada. Susana Camba y Mía Pumar se hicieron cargo de sus cuidados y trataron las graves lesiones que presentaba en las orejas, además de asumir el coste de su esterilización. Al comprobar que era una gata dócil y manejable, comenzaron a buscarle una familia. Hoy vive feliz en su nuevo hogar.

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