Medio ambiente
El abandono persiste en el Monte de Coteimil en Agolada
Las antiguas instalaciones recreativas y el terreno de ocio juvenil se encuentran inutilizados debido a la maleza, el cierre de la caseta y la falta de mantenimiento

Estado de abandono de las infraestructuras en el Monte de Coteimil, en Agolada. / Ángel Utrera
El patrimonio natural y los espacios de uso público se enfrentan en ocasiones a graves problemas de conservación derivados tanto de la falta de mantenimiento institucional como de conductas incívicas. Un claro ejemplo de esta problemática se sitúa en el Monte de Coteimil, en Agolada, un espacio estratégico y de gran valor para los vecinos que en la actualidad presenta un evidente estado de degradación y abandono.
Hace años, la cumbre de este monte albergó un vertedero municipal de residuos donde los camiones del Concello descargaban los desperdicios de la zona. Con el paso del tiempo y la implantación de sistemas centralizados de gestión a través de Sogama, aquel vertedero fue clausurado y limpiado, un hito fundamental para la salubridad y la protección medioambiental.
Sin embargo, los avances logrados se ven hoy ensombrecidos por la proliferación de un vertedero incontrolado que se extiende por la cumbre. A pesar de las reiteradas denuncias públicas realizadas por parte de los vecinos, la acumulación de basura no ha dejado de crecer. En la actualidad, la zona alberga todo tipo de desechos: desde residuos domésticos y restos de obras hasta materiales de construcción y restos de poda, habiéndose llegado a localizar incluso enciclopedias y enseres abandonados.

Enseres acumulados por el enclave agoladés. / Ángel Utrera
Esta situación trasciende el plano estético para convertirse en un problema de salubridad. Cabe recordar que en la propia cumbre del Monte de Coteimil se ubica el depósito municipal de suministro de agua potable para los vecinos de Agolada, así como las antenas de telefonía que prestan servicio a una parte importante de los usuarios de telefonía móvil de la zona. La presencia de este foco de suciedad en un área dotada de infraestructuras tan sensibles genera un clima de inquietud y malestar en el municipio.
El deterioro del enclave no se limita únicamente al ámbito medioambiental, sino que afecta también a las infraestructuras de uso social y lúdico que en su día dinamizaron la zona. La memoria colectiva de Agolada recuerda etapas muy diferentes para este monte, que en el pasado albergó un campo de prácticas de tiro utilizado por la Guardia Civil.
Tras su desuso por parte de las fuerzas de seguridad, el Concello habilitó una caseta en el lugar, que con el paso del tiempo se convirtió en un punto de encuentro habitual para la juventud y las familias. Los vecinos empleaban estas instalaciones para celebrar cumpleaños y actividades recreativas en un entorno de convivencia vecinal, solicitando previamente la llave en el ayuntamiento. Asimismo, el entorno contaba con una zona habilitada como campo donde los jóvenes practicaban deporte y juegos al aire libre.
Hoy en día, la realidad del lugar es radicalmente distinta. El caseto municipal permanece cerrado y muestra claros síntomas de deterioro, mientras que el terreno destinado al esparcimiento y disfrute de los jóvenes resulta impracticable debido a la invasión de maleza, zarzas, o tojos. Según apuntan los vecinos, el seto protector que delimitaba el espacio fue cortado de raíz, y los cambios recientes en la zona han dejado un paisaje muy alejado del que disfrutaban en el pasado.
El caso del Monte de Coteimil evidencia una doble problemática: por un lado, la persistencia de conductas incívicas individuales que convierten los espacios naturales en vertederos y, por otro, la falta de mantenimiento y dinamización de unos equipamientos públicos que en su día fueron útiles para la comunidad.
La situación actual genera un sentimiento de tristeza entre los habitantes que conocieron el lugar en su plenitud. La recuperación de este espacio natural y social exige tanto actuaciones de limpieza y saneamiento por parte de la administración local como un llamamiento a la responsabilidad cívica para preservar un entorno que pertenece al conjunto de la ciudadanía.
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