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Tradición familiar

Tres generaciones entre cuchillos

Anxo Carbia Vigo, de 38 años, representa el tercer relevo de una carnicería familiar abierta por su abuelo, Tino Carbia, y heredada por su padre. La apertura de una central en Cuntis y la creación de su propia marca de carne de ternera y vaca suponen el salto hacia nuevos mercados de un negocio tradicional con más de 40 años a sus espaldas

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Cuntis

Primero fue Francisco Celestino Carbia Barreiro. Después tomó el relevo su hijo, Francisco Celestino Carbia Magariños. Y ahora Anxo Carbia Vigo representa la tercera generación de una familia que lleva más de cuatro décadas detrás del mostrador de «Tino Carbia Carnicerías». Tres etapas de un mismo negocio que empezó como una carnicería tradicional en Padrón hace más de 40 años y que hoy tiene en Cuntis su principal centro de operaciones, desde donde abastece también a restaurantes, colectivos, comedores, caterings y eventos.

A sus 38 años, Anxo Carbia se ha convertido en una pieza cada vez más importante de la empresa, aunque su padre sigue en activo. «Todavía está trabajando, pero ya está delegando un poco», explica.

Su incorporación al negocio tampoco fue automática. «Yo llevo siete años», cuenta. Antes había estudiado Informática, una formación aparentemente alejada del oficio familiar. «No tenía nada que ver con esto, pero sí que era lo que había vivido siempre en casa. Siempre iba a ayudar», recuerda.

Fue precisamente el crecimiento de la empresa el que terminó por incorporarlo plenamente. Actualmente se ocupa sobre todo «del tema comercial y administrativo», mientras ha ido especializándose «un poquito más en vaca y en cortes gourmet».

Con Anxo han cobrado peso áreas que hace décadas resultaban impensables para una pequeña carnicería: tienda online, redes sociales o venta a profesionales. «Abrimos a la restauración también, a colectivos, colegios...», explica.

Pero atribuye la evolución del negocio a una filosofía que viene de antes. «Haciendo las cosas bien», responde cuando se le pregunta cómo una carnicería familiar consigue ampliar tanto su radio de acción.

En ese recorrido concede un papel fundamental a su padre. «Desde siempre apostó por un producto prémium. Era la típica carnicería que era la más cara de toda la redonda, pero al final la calidad se diferencia», asegura.

El origen está en Padrón, donde sus abuelos comenzaron la actividad. Posteriormente, la segunda generación abrió también en Pontecesures, en su plaza de abastos. «Había un proyecto muy bonito para renovar toda la plaza y nosotros fuimos de los primeros que pusimos allí un puesto un poco de diseño. Después fueron renovando toda la plaza, que es pequeñita, pero muy bonita», relata.

El punto de inflexión, sin embargo, llegó en Cuntis. La familia necesitaba más espacio porque estaba creciendo la demanda de sus propios elaborados, sobre todo hamburguesas, criollos...

La primera intención era ampliar las instalaciones que ya tenían, pero apareció una oportunidad en Cuntis: un espacio prácticamente nuevo que reunía una sala de despiece y una pequeña fábrica de elaborados. En la parte delantera podían instalar, además, otra carnicería.

«Nos apareció esta oportunidad, que estaba todo junto, todo hecho, todo nuevo», recuerda.

La decisión cambió la dimensión del negocio. «A partir de ahí, de tener los medios, fuimos abriendo mercado y cada vez que nos fue conociendo más gente fuimos ganando clientes».

Cuntis terminó convirtiéndose así en la central desde la que la empresa pudo incrementar la producción y atender pedidos que iban más allá del comercio de proximidad.

Pequeñas explotaciones

Si la forma de vender se ha modernizado, Anxo insiste en que el criterio para comprar la carne mantiene una línea mucho más ligada a la tradición. La materia prima procede principalmente de la provincia de Lugo y, en especial, del entorno de Sarria.

«Tenemos una persona en Lugo que nos escoge entre pequeñas explotaciones, pequeñas granjas», explica.

La elección de este modelo no es casual. «Siempre escapamos de granjas grandes o de ferias porque los animales se ponen más nerviosos, se dan golpes y eso al final sí que afecta mucho», sostiene.

La selección llega incluso a explotaciones familiares de dimensiones muy reducidas.

La empresa afronta ahora una etapa en la que conviven dos generaciones. El padre continúa presente y el hijo va asumiendo responsabilidades mientras incorpora nuevas formas de comercialización. «Es lo que viví siempre en casa», resume Anxo Carbia.

La diversificación del negocio incluye ahora Ruviña Suprema, una marca específica centrada en la selección de ternera y vaca gallegas y orientada tanto al consumidor particular como a la restauración.

La nueva línea se apoya en el sistema de compra que la familia lleva años utilizando, con animales seleccionados principalmente en pequeñas explotaciones gallegas.

«Después de tantos años trabajando con carne sabemos lo importante que es seleccionar bien la materia prima», señala Anxo Carbia.

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