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«La creciente obsesión por el sueño perfecto que miden las apps, al final lo dificultan»

En vacaciones, aconseja mantener horarios regulares

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Koro martínez

Santiago

El término ortosomnia se usa cada vez más, pero ¿qué significa?

Es un concepto relativamente reciente, de en torno a 2017, y es una obsesión literal por conseguir un sueño correcto. Traducido a la medicina, significa que estamos empezando a ver personas que se preocupan mucho por conseguir un sueño perfecto. Pero el sueño es una actividad pasiva, para que el sueño aparezca por sí solo primero es necesario relajarse, no se puede intentar conseguir de otra forma.

¿Qué entienden los especialistas por sueño perfecto?

No hay algo concreto que diga que el sueño es perfecto. Un sueño correcto, entre comillas, es aquel tras el que la persona se levanta al día siguiente descansada, sintiendo que ha tenido un sueño reparador y que puede realizar sus actividades habituales sin presentar un cansancio excesivo. Y eso no implica que tengamos que dormir ocho horas de reloj como marcan muchas aplicaciones. Prima que sea reparador por encima de la duración.

¿Llegan al CHUS personas con problemas de ortosomnia?

Todavía no he tenido ningún paciente que consulte específicamente por este problema. Sin embargo, sí que es un tema del que se habla cada vez más en medicina del sueño por todo el bum que ha habido de acceso a la información y a la tecnología. No tenemos todavía muchos datos sobre su incidencia, pero sí hemos tenido casos de gente con otros problemas para dormir que nos trasladan que tener estos dispositivos les ha afectado porque están constantemente revisando si los parámetros que les indican son los de un buen sueño, y al final les ha generado mayor ansiedad.

¿Es atribuible esta reciente obsesión por dormir bien con la digitalización del sueño?

Hoy en día disponemos de muchísima información digital a través de aplicaciones y dispositivos sobre tres pilares fundamentales para un estilo de vida saludable, como son la alimentación, el ejercicio físico y el sueño. Cada vez más personas utilizan esas aplicaciones que registran constantemente y les avisan de diferentes métricas sobre cómo dormimos. En principio, puede ser útil, pero si interpretamos esos datos de forma demasiado rígida y nos obsesionamos por conseguir puntuaciones perfectas, esa preocupación puede acabar generando ansiedad y, paradójicamente, dificultando el sueño.

Un medidor del sueño perfecto que acaba por ahuyentarlo...

Hay que tener muy claro que estos dispositivos pueden ser útiles siempre y cuando entendamos sus limitaciones. Nos ayudan a conocer nuestros hábitos e incluso si hay alguna sospecha de algún trastorno, pero no hacen un diagnóstico. El problema no es el dispositivo, sin el uso que hacemos de él. Es una buena herramienta para conocer mejor nuestros hábitos, pero si estamos pendientes de su puntuación, puede convertirse en un problema.

¿Cómo influye en el sueño esa ansiedad que se genera por los datos de la aplicación?

Ansiedad y sueño son incompatibles porque la ansiedad va a suponer mayor dificultad para conseguir dormir y el estado de hiperalerta va a dificultar también que se mantenga ese sueño. El sueño tiene diferentes fases y las profundas son fundamentales para sentir que el sueño ha sido reparador.

¿Qué tipo de personas muestran mayor obsesión?

En general son personas con tendencias perfeccionistas, con ansiedad o que se preocupan mucho por su salud. Y luego también hay un grupo de personas con rasgos de trastorno obsesivo compulsivo. Pero realmente cualquiera puede caer en esa dinámica de empezar a interpretar de forma excesivamente estricta los datos de una aplicación.

¿Las vacaciones son un buen momento para intentar recuperar una buena higiene del sueño?

Pueden ser una buena oportunidad para descansar y recuperar parte de ese sueño que se pierde durante el año. Pero también pueden representar un problema cuando cambiamos completamente nuestros horarios durante varias semanas. Y eso es lo que se tiende a hacer en vacaciones y, sobre todo en España, tenemos la particularidad de que nuestro horario está adelantado con respecto a nuestra posición geográfica. Eso hace que anochezca más tarde de lo que cabría por nuestra situación. Y ese efecto es aún más acusado en Galicia por encontrarse en el extremo occidental peninsular. Esa mayor exposición a la luz al final del día retrasa de forma natural la sensación del sueño, favorece que nos acostemos más tarde, y si le añadimos las cenas tardías y la mayor vida social en verano, resulta fácil desajustar los horarios.

¿De qué forma repercute la siesta en la calidad del sueño?

Una siesta corta de unos veinte o treinta minutos puede resultar beneficiosa. Se sabe que mejora el rendimiento y ayuda a recuperarse. Pero si es muy larga o se hace en las últimas horas de la tarde, puede dificultar el sueño, especialmente en aquellas personas que padecen insomnio.

¿Qué pautas daría para minimizar los problemas en verano?

Mantener unos horarios relativamente regulares, sobre todo al despertarse, así como evitar cenas copiosas y alcohol antes de acostarse, pero también reducir el uso de pantallas durante la última hora del día y procurar que la habitación sea fresca, silenciosa, oscura y con un ambiente propicio para conseguir un sueño muy adecuado. Y algo muy importante, si una noche dormimos mal, no debemos entrar en pánico porque es algo que entra dentro de lo normal. En vacaciones, se trata de intentar mantener cierta regularidad, pero sin ser excesivamente estricto.

Y al regreso, ¿cómo retomamos la normalidad?

Siempre es recomendable empezar a ajustar los horarios unos días antes del regreso a la rutina de forma progresiva, tanto al acostarse como al levantarse.

¿A qué grupo poblacional le cuesta más?

A los adolescentes, son los que necesitan mayor período de adaptación.

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