Buzo estradense
Juan Manuel Blanco, el buzo que siempre acudía
Empresario, submarinista y vecino de A Estrada, convirtió su pasión por el agua en una ayuda desinteresada para quienes necesitaban ser rescatados. Durante años puso sus conocimientos y su propio equipo al servicio de familias y servicios de emergencia, cuando apenas existían medios especializados para buscar bajo el agua. Su historia, marcada por la generosidad, quedó además reconocida oficialmente en 1980 por su labor en varios rescates.

Juan Manuel Blanco Gestoso. / Bernabé / FDV
Hay personas que convierten una afición en una forma de ayudar a los demás. Juan Manuel Blanco Gestoso fue una de ellas. Empresario de A Estrada y propietario de Confecciones Blanco, encontró en el buceo una pasión que acabaría llevándole a intervenir, sin esperar nada a cambio, en rescates de personas ahogadas. Tenía su propio equipo y, cuando alguien necesitaba ayuda, acudía.
La otra gran faceta de Juan Manuel fue la empresarial. Se puso al frente de Confecciones Blanco en los años cincuenta, la fábrica familiar fundada por sus padres en la década de 1920. Desde A Estrada salían gabanes, gabardinas y pantalones que se distribuían por Galicia, Cantabria, Castilla y el País Vasco. En su etapa de mayor actividad, durante los años sesenta y setenta, la empresa llegó a contar con 60 trabajadoras. La fábrica cerró en 1986, aunque Blanco continuó vinculado al sector hasta su jubilación a comienzos de los noventa.
En los años en los que desarrolló esta actividad de rescatista, la Guardia Civil apenas contaba con especialistas y medios para estas intervenciones. Blanco se convirtió así en un apoyo para quienes buscaban a personas desaparecidas en el agua. La prensa recordó en 2022 sus rescates en Pontevea y su intervención en el accidente de 1979.
Aquel accidente ocurrió en la madrugada del 28 de febrero de 1979, cuando un Seat 124 con nueve ocupantes se precipitó desde el puente medieval de Pontevea al río Ulla. Ocho jóvenes, de entre 11 y 27 años, murieron y solo uno logró salvarse. El coche quedó en el fondo y, para recuperarlo, fue necesaria una grúa y la ayuda del buzo estradense. Cinco cuerpos estaban en el vehículo; los demás fueron apareciendo después en distintos puntos del cauce.
Pero aquel no fue el único rescate de Juan Manuel en Pontevea. En otra ocasión, un joven se lanzó al Ulla para salvar a su hermano después de que este cayera al agua y ambos terminaron ahogados. Isabel Lino Álvarez Quiñones, su esposa, recuerda la impresión que le causó a Juan Manuel encontrar a los dos hermanos bajo el agua. “Él me dijo que aquello fue una impresión horrible”, cuenta. Después de sacar los cuerpos, daba por terminada su labor: “Yo ya hice lo mío”, explicaba, antes de que llegasen otros servicios.

El 4 de enero de 1980 el Ministerio de Sanidad y Seguridad Social le concedió la Cruz de Tercera Clase de la Orden Civil de Beneficencia por “el rescate de varias víctimas en los ríos Ulla, Liñares y Gallo” / FDV_Externas
Otro de los episodios que Isabel recuerda tuvo como escenario el río Gallo. Una vecina de Cuntis, según recuerda, dejó su ropa en la orilla y se arrojó al agua a la altura de la parroquia de Arcos de Furcos. Su familia comenzó a buscarla y acudió a Juan Manuel. Aquel día hacía muy mal tiempo y él salió con su equipo para intentar localizarla. No apareció entonces, pero el cuerpo fue encontrado días después en Caldas de Reis, arrastrado por el cauce.
La escena que siguió quedó grabada en la memoria familiar. Juan Manuel llegó a casa con los pies congelados y terminó metido en una bañera de agua caliente. Era algo excepcional: se había bañado toda la vida en agua fría, desde niño, y también acostumbraba a sus hijos a hacerlo. “La primera vez que papá se bañó en agua caliente” fue precisamente aquella, recuerda Isabel, porque regresó de la búsqueda con los pies helados.
Su disposición a ayudar también apareció en otros episodios. En otra ocasión, una joven cayó al agua desde unas rocas, en el mar, y sufrió una grave lesión. Juan Manuel consiguió sacarla y colaboró en su traslado para recibir atención médica. Aquellas intervenciones formaban parte de su carácter: no buscaba protagonismo ni recompensa alguna por ayudar a otros.
Su labor recibió reconocimiento oficial el 4 de enero de 1980. El documento que conserva la familia acredita la concesión de la Cruz de Tercera Clase de la Orden Civil de Beneficencia por “el rescate de varias víctimas en los ríos Ulla, Linares y Gallo”, destacando que en algunos casos actuó con gran peligrosidad y de forma totalmente desinteresada. Isabel lamenta que la medalla física no llegara, pero conserva con orgullo el diploma.
Juan Manuel falleció en 2022, y dejó una historia de afición y compromiso. Isabel lo recuerda sin grandilocuencia, pero con admiración: “Él siempre acudía a lo que hiciera falta”. Y añade una frase que quizá explique mejor que cualquier condecoración quién fue aquel hombre: “Era fuera de serie”.
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