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Pioneros

Hace 27 años, desde A Estrada, ya anunciaban el eclipse que ahora volverá a oscurecer Europa

El eclipse total del próximo 12 de agosto devuelve a la actualidad la historia de la Sociedade Astronómica da Estrada, un colectivo nacido tras el fenómeno de 1999 que convirtió la divulgación científica y la defensa del cielo nocturno en una de sus señas de identidad

Integrantes de la Sociedade Astronómica da Estrada en sus primeros años.

Integrantes de la Sociedade Astronómica da Estrada en sus primeros años. / FDV_Externas

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A Estrada

El próximo 12 de agosto, millones de personas volverán la vista al cielo para contemplar uno de los acontecimientos astronómicos más esperados de las últimas décadas. Muchos recorrerán cientos de kilómetros en busca de la franja de totalidad. Otros seguirán la evolución del fenómeno desde sus ciudades o pueblos. Habrá quienes preparen cámaras, telescopios o filtros especiales. Y también quienes descubran por primera vez la emoción de ver cómo el día se convierte en noche durante unos instantes.

En A Estrada, sin embargo, este eclipse tiene un significado especial. No solo porque será el primero de estas características visible desde Europa desde finales del siglo pasado, sino porque inevitablemente devuelve la memoria a otro 11 de agosto, el de 1999, cuando un pequeño grupo de jóvenes decidió viajar hasta Normandía para contemplar un fenómeno que terminaría cambiando sus vidas.

Aquella expedición fue el origen de la Sociedade Astronómica da Estrada (SAdE), una asociación que durante casi una década desarrolló una intensa labor de divulgación científica y que dejó una huella mucho mayor de lo que hoy muchos recuerdan. Lo más sorprendente es que, cuando todavía ni siquiera existía oficialmente, ya había anunciado el eclipse que ahora está a punto de producirse.

sociedade astronómica da Esrada eclipse normandía 1999

La playa de Fécamp, Francia, destino elegido por los cuatro amigos para observar el eclipse de 1999. / FDV_Externas

Esta historia ha podido reconstruirse gracias a Manuel Andrade Valiño, impulsor de la Sociedade Astronómica da Estrada y profesor del Área de Astronomía y Astrofísica de la Universidade de Santiago de Compostela (USC), que ha conservado durante más de dos décadas la documentación y el material gráfico de la asociación.

Un boletín antes de que existiera la asociación

La historia comienza incluso antes del viaje a Francia. En octubre de 1998, Manuel Andrade Valiño se incorporó al Observatorio Astronómico Ramón María Aller, de la Universidade de Santiago de Compostela. Recién llegado, recibió un encargo muy concreto: desarrollar una aplicación informática capaz de calcular y representar gráficamente las circunstancias de los eclipses solares y, especialmente, del gran eclipse total que atravesaría Europa en agosto de 1999. Mientras trabajaba con aquellos cálculos comenzó a gestarse una idea. Faltaba aproximadamente un mes para el eclipse cuando decidió elaborar un pequeño boletín divulgativo. No existía todavía ninguna asociación, pero el documento ya aparecía firmado por una supuesta Sociedade Astronómica da Estrada.

Aquel «Boletim Informativo nº 0», publicado en julio de 1999 con el sencillo título de Eclipse, explicaba cómo se producía el fenómeno, ofrecía recomendaciones para observarlo con seguridad, incluía los horarios previstos para numerosas localidades gallegas —entre ellas A Estrada— e incluso incorporaba una traducción al gallego del célebre relato El eclipse, de Augusto Monterroso. Lo que en principio no era más que una iniciativa divulgativa terminó convirtiéndose, sin pretenderlo, en el primer paso para crear la asociación.

El viaje que lo cambió todo

Pero la verdadera chispa llegó unas semanas después. Andrade llevaba meses estudiando eclipses. Después de tanto tiempo calculando trayectorias y sombras lunares, tenía claro que no quería conformarse con contemplar un eclipse parcial desde Galicia, donde la Luna ocultaría aproximadamente el 75 % del disco solar. Quería vivir uno total. Junto a su pareja, Marolas Leis de la Calle, decidió recorrer en Interrail la zona por la que pasaría la sombra de la Luna. El plan era sencillo: esperar hasta los últimos días para decidir el lugar de observación en función de las previsiones meteorológicas.

En París se unieron Miguel Ángel Ares Tarrío y Xosé Manuel Valladares Pernas. Entre los cuatro emprendieron viaje hacia Fécamp, en la Alta Normandía, uno de los primeros puntos de la Europa continental donde el eclipse alcanzaría la totalidad. No viajaban con grandes recursos económicos. Sí con una enorme ilusión. Recorrieron buena parte de la costa atlántica francesa pendientes del cielo y de las previsiones meteorológicas. Finalmente, aunque algunas nubes amenazaron durante la espera, la suerte estuvo de su lado. La Luna terminó ocultando completamente el Sol durante 2 minutos y 8 segundos. Para quienes nunca han vivido una totalidad resulta difícil imaginar lo que ocurre en esos instantes. «Unha eclipse parcial e unha total nin sequera se parecen», resume hoy Andrade.

No habla solo de oscuridad. Habla del silencio, del descenso de la temperatura, de la sensación de que el tiempo parece detenerse mientras el Sol desaparece por completo y únicamente permanece visible su corona. Aquella experiencia dejó una huella imborrable.

Una generación con ganas de hacer cosas

El regreso a Galicia coincidió con un momento especialmente fértil para el movimiento asociativo. Durante los años noventa nacían en numerosos municipios gallegos colectivos culturales, sociales y científicos impulsados por jóvenes con inquietudes comunes. A Estrada no era una excepción. Muchos de quienes acabarían fundando la SAdE ya habían coincidido anteriormente en otras iniciativas, como la Sociedade Cultural Marcial Valadares.

El eclipse actuó como el catalizador definitivo. El 20 de diciembre de 1999 se firmó el acta fundacional de la asociación. Los primeros firmantes fueron Manuel Andrade Valiño, Miguel Ángel Ares Tarrío, Marolas Leis de la Calle, Isabel Rei Samartim, Susana Sanches Arins, Iñaki Sánchez Arines y Xosé Manuel Valladares Pernas.

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Logo de la Sociedade Astronómica da Estrada. / FDV_Externas

Pero el proyecto creció muy deprisa. A las primeras reuniones comenzaron a incorporarse decenas de personas interesadas por la astronomía hasta superar el medio centenar de socios.

Cada mes se reunían en el local de la asociación Mistura para preparar nuevas actividades. Y aquellas reuniones casi siempre terminaban igual: alrededor de una mesa. Con el paso del tiempo nació incluso una broma interna. Decían que, visto lo mucho que disfrutaban también de las cenas posteriores, quizá deberían haber bautizado el colectivo como Sociedade (g)astronómica da Estrada. Hasta tenían himno. Uno de los socios propuso adoptar el Canto Moço, de Zeca Afonso, cuya primera frase —"Somos filhos da madrugada..."— terminó acompañando muchas de aquellas reuniones.

Mucho más que mirar las estrellas

La SAdE nunca quiso limitarse a organizar observaciones nocturnas. Su objetivo era mucho más ambicioso.

Entre 1999 y 2007 publicó 36 números del boletín Sargas, organizó cursos de iniciación, conferencias, observaciones del cielo, seguimientos de lluvias de estrellas y de manchas solares, elaboró materiales didácticos y promovió viajes a diferentes enclaves de interés astronómico.

En una época en la que Internet apenas comenzaba a popularizarse, la asociación ya disponía de página web y correo electrónico propios. También editaba un calendario anual de bolsillo con las fases de la Luna y mantenía informados a sus socios de todas las efemérides astronómicas. El nombre Sargas, por cierto, no era un acrónimo. Procedía del nombre sumerio de una estrella de la constelación de Escorpio que estaba saliendo por el horizonte la tarde en que nació la asociación.

Una batalla adelantada a su tiempo

Si hubo una causa que identificó especialmente a la SAdE fue la lucha contra la contaminación lumínica. En 2002, cuando apenas se hablaba del problema, puso en marcha una campaña de sensibilización basada en charlas, informes, trípticos y material divulgativo para explicar cómo el exceso de iluminación artificial no solo dificultaba la observación astronómica, sino que también afectaba al medio natural. Incluso impulsó la elaboración de ordenanzas municipales. En A Estrada, sin embargo, la propuesta no prosperó. La respuesta de uno de los responsables municipales quedó grabada para siempre en la memoria de los socios. «Total, para catro estrelas que hai.» En Caldas de Reis ocurrió justo lo contrario. El Ayuntamiento aprobó una ordenanza pionera en Galicia que convirtió aquel trabajo en una referencia dentro del movimiento contra la contaminación lumínica.

Un letargo... y quizá un nuevo comienzo

La intensa actividad comenzó a disminuir pocos años después. Las obligaciones laborales llevaron a muchos de sus integrantes a distintos puntos de Galicia y de España. Mantener el mismo ritmo de publicaciones, reuniones y actividades dejó de ser posible La asociación entró poco a poco en un largo letargo. Pero nunca desapareció del todo.

Sus integrantes siguen manteniendo el contacto y el eclipse del 12 de agosto ha vuelto a despertar recuerdos que parecían dormidos. «A eclipse do 12 de agosto está a traer moitas e moi boas lembranzas daquela época», reconoce Manuel Andrade. Y quizá exista una última casualidad. O quizá no lo sea. Porque aquel boletín cero publicado en 1999, cuando la Sociedade Astronómica da Estrada todavía ni siquiera existía oficialmente, ya anunciaba el eclipse que ahora volverá a oscurecer Europa. Ni el propio Andrade recordaba aquel detalle hasta que volvió a abrir aquellas páginas casi tres décadas después. Por eso sonríe cuando habla del futuro de la asociación y recupera una imagen que utiliza desde hace años. Siempre pensó que la SAdE era como un oso que dormía durante el invierno. Y quizá, después de todo, las eclipses tengan algo que ver con el momento en que despierta. «Quen sabe?»

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