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Historias de empatía

Adoptar, o cómo devolver la confianza a un animal herido

Dos familias adoptivas de Patiñas da Estrada comparten sus experiencias, marcadas por la paciencia, el aprendizaje y la satisfacción

A la izda., Susana y Deza juntas en la Alameda de A Estrada; a la dcha., Lourdes posando con Bombón.

A la izda., Susana y Deza juntas en la Alameda de A Estrada; a la dcha., Lourdes posando con Bombón.

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A Estrada

Cada adopción comienza de una forma distinta, pero casi todas comparten un mismo punto de partida: un animal abandonado, perdido o rescatado que espera una segunda oportunidad. Detrás de ese gesto hay un proceso que va mucho más allá de abrir la puerta de casa. Implica tiempo, paciencia, aprendizaje mutuo y la voluntad de comprender que muchos perros llegan con una mochila cargada de miedo y desconfianza También supone descubrir cómo, poco a poco, esa titubeo inicial va desapareciendo y deja paso a la tranquilidad, al juego y a la creación de nuevos vínculos.

La asociación Patiñas da Estrada gestiona la mayor parte de los casos de abandono, rescate y búsqueda de hogares para perros y gatos del municipio. Su labor no termina cuando un animal sale de la protectora, sino que continúa durante todo el proceso de adaptación, asesorando a las familias y velando por el bienestar de cada caso. Precisamente, las dos historias que protagonizan este reportaje pasaron por sus manos antes de encontrar un hogar definitivo.

La entidad atraviesa, además, un momento especialmente delicado. Hace apenas unos días lanzó un SOS para solicitar más voluntarios que ayuden en el cuidado de los animales, más recursos para sostener su actividad y, sobre todo, nuevas familias de acogida y adoptivas capaces de ofrecer un futuro a los perros y gatos que esperan una oportunidad. Sin ese apoyo, advierten, resulta cada vez más complicado responder al creciente número de avisos que reciben.

Pero ¿qué ocurre cuando un animal cruza por primera vez el umbral de su nueva casa? ¿Cómo se construye la confianza después del abandono? ¿Qué dificultades surgen y qué recompensa encuentran quienes deciden adoptar? Dos familias de la zona que abrieron sus puertas a perros rescatados por Patiñas comparten su experiencia para mostrar la otra cara de la adopción: la que empieza cuando termina el rescate y comienza una nueva vida para ambos.

Susana y Deza, juntas en la Alameda.  | N.C.

Susana y Deza, juntas en la Alameda. / N.C.

«Al principio desconfían, hay que ganarse su confianza»

Susana Espiño

— Fan¡milia adoptiva de Deza

Adoptar un perro es mucho más que abrirle la puerta de casa. También supone respetar sus tiempos, comprender sus miedos y acompañarlo hasta que vuelva a confiar en las personas. Esa es la experiencia de Susana Espiño, que el pasado mes de mayo acogió a una perra encontrada sola y sin dueño conocido. Dos semanas después, una vez descartado que alguien la reclamase, formalizó la adopción y la rebautizó como Deza.

La historia dio un giro inesperado cuando acudieron al veterinario para una revisión. «Pensábamos que ya estaba más tranquila con nosotros y descubrimos que estaba preñada», explica. Poco después, la perra dio a luz a cinco cachorros, para los que ahora buscan un hogar.

No es la primera adopción de Susana. Desde pequeña convivió con perros y, ya independizada, todos los animales que han pasado por su casa llegaron tras ser encontrados abandonados o perdidos. «Buscábamos si aparecían los dueños y, como no aparecían, al final se quedaban», recuerda.

La adaptación, reconoce, requiere paciencia. «Al principio desconfían mucho, imagino que por las malas experiencias que tuvieron. Hay que ir ganando su confianza poco a poco, respetando su espacio y sus ritmos», señala. También recomienda extremar las precauciones durante los primeros días para evitar fugas, ya que los ruidos de la ciudad o situaciones desconocidas pueden asustarlos.

A cambio, asegura que la recompensa merece la pena. «Lo bonito es darle una oportunidad a un animal que necesita un hogar. Es muy reconfortante ver cómo evoluciona, cómo va confiando en ti y cómo pasa de llegar asustado a recibirte contento cuando vuelves a casa», afirma.

Aunque Deza sigue mostrando inseguridad en algunos momentos, Susana destaca su carácter. «Le encantan las personas y los demás animales. Es una perra muy juguetona y alegre, aunque todavía tiene miedo y seguimos avanzando poco a poco», explica.

Su mensaje final es claro. «Yo nunca compraría un perro. Hay muchísimos animales esperando una familia», concluye.

Lourdes, posando con Bombón.  |

Lourdes, posando con Bombón. / FdV

«Todo lo que haces por ellos, te lo devuelven por mil»

Lourdes Suárez

— Familia adoptiva de Bombón

Lourdes Suárez Freire adoptó a Bombón hace nueve meses. Ella y su marido entraron en contacto con la historia de esta perrita a través de los medios de comunicación, y al conocer el grave estado físico en el que se encontraba en seguida se pusieron a disposición de Patiñas da Estrada para su adopción.

Bombón fue hallada cuando todavía era un cachorro de tres meses, con las dos patas delanteras rotas. La causa de su estado se desconoce, pero el trauma que generó en ella fue tal que todavía hoy desconfía de los desconocidos. Tras ser rescatada, tuvo que recibir cirugía y permanecer ingresada en cuidados intensivos durante varias semanas. En ese tiempo, Lourdes y su familia la visitaban con frecuencia para irse conociendo. Finalmente, en noviembre del pasado año Bombón llegó a su casa, y empezó un proceso tan largo como gratificante.

«Al principio no es fácil, son animales que han sufrido abandono, maltrato, olvido... después de todo eso, dejan de confiar, tienen miedo a los extraños y es difícil acercarse a ellos», comparte Suárez, que añade: «Yo llegué a tener dudas, de si al final conseguiría que me quisiera, porque eran días y días sin ninguna respuesta por su parte, pero cuando empiezan a bajar el escudo y se acercan a ti, es una sensación tan gratificante...». Lourdes siempre tuvo mascotas, especialmente perros. Todos ellos fueron recogidos de gente que no los quería o no podía tenerlos. En cambio, esta era la primera vez que adoptaban directamente desde un refugio, y un caso tan complicado como era el de Bombón.

«No me gusta pensar en cómo acabó con las patas rotas, sus huesos estaban totalmente fragmentados. Es mejor no imaginarse que el ser humano puede llegar a mostrar tanta crueldad como para herir conscientemente a un ser indefenso como son los animales», explica la entrevistada.

Después de las operaciones, la larga recuperación y los cuidados en casa, Bombón vive ahora una vida totalmente diferente. Juega, es cariñosa, curiosa y es querida por toda la familia. Lourdes asegura que criar un perro adoptado no puede compararse con ninguna otra experiencia. «Todo lo que haces te lo devuelven por mil, están tan faltos de cariño que lo aprecian mucho más. Para mí, es como si leyesen cuando estoy baja de ánimo, y se acercan para animarme», señala. Por ello, no tiene dudas en recomendar encarecidamente la adopción: «Entiendo que todos quieren un cachorro a su elección, al que moldear desde pequeño, y aunque inicialmente adoptar requiere paciencia y atención, vale la pena cada segundo», concluye.

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