Agricultura
Proteger una hectárea de maíz contra el gusano soldado cuesta 500 euros, el doble que sembrarla
La plaga afectó a fincas de Rodeiro, Lalín y Silleda en primavera
Puede volver a atacar si regresan las noches con temperaturas elevadas

Una plantación de maíz en Lalín. / Bernabé

Días atrás, la Consellería do Medio Rural alertó a los ganaderos de la provincia de A Coruña de la alta actividad de vuelo de los ejemplares adultos de gusano soldado, una larva que durante el día permanece pegada a la raíz del maíz y de cereales pero que por la noche devora sus hojas. Y, sin las hojas, la planta de maíz no puede realizar la fotosíntesis ni favorecer, por tanto, el crecimiento de la espiga, de modo que la cosecha de ensilado puede ser menor y encima sin proteína ni almidón. Medio Rural colocó 159 trampas de feromonas en las comarcas de mayor producción, repartidas entre A Coruña y Lugo. No hay ninguna de Pontevedra, pero la plaga está cerca de Deza, con presencia de larvas en plantaciones en Palas de Rei, Antas de Ulla y Chantada.
Ayuda que las temperaturas nocturnas en tierras dezana sean ya bajas, en comparación con otras zonas como Santa Comba o Zas, «de maneira que aos adultos lles custa reproducirse», explica José Rodríguez, al frente del despacho de Agrobotica en Silleda. Pero con las olas de calor que se esperan para esta semana «poden ter máis fácil ese aumento de poboación».
El gusano soldado procede de Estados Unidos y ya está presente en casi todo el mundo. Comienza su ciclo en pastizales y después pasa a los cultivos de maíz, cebada, avena o incluso tomates y pimientos. La crisálida pasa el invierno bajo tierra y en su fase de adulta (entre mayo y octubre) se alimenta de polen y flores. La hembra puede poner en su ciclo entre 500 y 1.500 huevos, en grupos de hasta 100 que coloca en el envés de las hojas de la planta y los cubre con escamas. En solo 30 días, las larvas que nacen de esos huevos pasan a crisálidas, de modo que en un verano podemos tener hasta tres generaciones.
Y si el verano es largo y comienza antes de tiempo, peor. Fue lo que ocurrió en Deza: la escasez de lluvias desde marzo obligó a muchos ganaderos a adelantar la siega de hierba para forraje y sembrar maíz. «Atacounos varias fincas entre maio e xuño, cando o millo era aínda pequeno», con solo cuatro o cinco hojas en el tallo, recuerda el presidente de la cooperativa O Rodo, Jesús Montes. El destrozo de algunas parcelas fue tal que solo quedó el tallo. Hubo quien optó por realizar una segunda siembra, como algunos ganaderos de Rodeiro y también de Cobideza, que concentra socios de Lalín y Silleda, sobre todo. Fue también en Trasdeza, como en Rodeiro, donde el gusano soldado causó severos daños en las plantas recién germinadas. La otra opción fue (y sigue siendo) fumigar. «Ao mesmo tempo que aplicas o sulfato, debes usar un abono foliar, que é un abono líquido moi concentrado que favorece a recuperación da planta. Emprégase tamén un insecticida residual, que queda pegado á folla» y que frena esos ataques, explica José Rodríguez.
Añade que el problema del gusano soldado, de momento, está solventado en Deza, «pero leva consigo un gasto bestial. Hai xente que gastou máis en insecticidas e abono foliares que na propia semente do millo». Calcula que, de media, entre el herbicida, el insecticida y ese abono el gasto fue de unos 500 euros por hectárea, mientras que la siembra puede salir en 240 euros, «xa que precisas entre 50.000 e 90.000 plantas por hectárea, dependendo da máquina, e un saco trae 50.000 plantas e custa entre os 120 e os 140 euros. Necesitarías case saco e medio por hectárea». Hace hincapié en el elevado precio del abono foliar, entre 80 y 100 euros un frasco de 200 mililitros. Es el mismo precio de un insecticida, cuyo bote no cubre más allá de hectárea y media.
Prohibido fumigar con drones
¿Se puede fumigar ahora, con las plantas con casi 1,80 metros de altura? Días atrás, el gobierno estatal denegó a Galicia la posibilidad de aplicar fitosanitarios con drones, de forma excepcional, en las zonas afectadas por este defoliador del maíz así como en la Ribeira Sacra, donde hay problemas de hongos en las viñas. La normativa estatal contempla el usos de insecticidas desde aeronaves tripuladas y no desde drones, de momento, y a pesar de que con drones resultaría más barato y dañaría menos el cultivo. De hecho, «agora xa non podes sulfatar con tractor ou camión e sulfatadora», por las dimensiones de la maquinaria en una finca con la plantación ya muy avanzada, indica Rodríguez.
Si bajan las temperaturas y llueve con cierta frecuencia durante el próximo mes, podría salvarse la cosecha, confía el presidente de Cobideza, Jesús Manteiga. Pero el maíz tiene que enfrentarse durante las próximas semanas a las incursiones de jabalí y a la citada sequía. El presidente de O Rodo apunta que la situación no es diferente a la del resto de Europa. "Fai tres semanas estiven en Nantes, en Francia, e vin millo morto pola seca. Hai zonas nas que lle teñen cañóns de rego, pero algunhas explotacións xa están optando por picar xa o millo, ou reducir o número de vacas".
Si las granjas recortan su número de reses de ordeño para minimizar costes, producirán menos leche, y es posible que así suba el precio de la leche cruda. O no. "Deberían subir os prezos dos contratos de leite en orixe", indica Montes, "pero é que en Francia o prezo medio por litro está entre 45 céntimos por litro para unha explotación dun millón de litros, e o normal en Galicia é que unha granxa produza 20.000". En Estados Unidos y Australia la media por debajo de los 40 céntimos.

Cedido
La cosecha de una finca de Palio, destrozada
La Sociedade de Caza e Pesca de Lalín tiene permiso, desde mediados de primavera, para realizar batidas disuasorias de jabalí sin denuncias previas por daños. Este tecor, como los vecinos, ha completado su cupo de precintos en la temporada de caza anterior. La de este año comenzará el 15 de agosto y ya tiene deberes pendientes: este animal realizó ya sus primeras incursiones en una finca de Palio, en Lalín, donde tiró al suelo buena parte de las plantas, ya espigadas. La falta de comida (fruta, sobre todo, en los últimos meses) invita al jabalí a adentrarse en plantaciones que después quedan inservibles para cualquier labor de ensilado. El que acompaña esta información es un vídeo de una finca de Román Santalla, pero podría ser cualquier otra de tierras dezanas.
Pese a medidas como esas batidas disuasorias que obligan al animal a desplazarse o el empleo de pastores eléctricos para que no entren en las fincas, la capacidad de reproducción de este animal, sumado a su movilidad, explica que cada verano se repita la misma situación: la declaración de emergencia cinegética por parte de la Xunta para que los cazadores puedan abatir piezas todos los días de la semana. Pero tanto desde el campo como del propio sector de la caza urgen a la administración otro tipo de medidas que frenen el avance de un animal que, además, puede portar enfermedades como la peste porcina africana.
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