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Historias de peregrinación

El Camiño da Geira, un reto para toda la familia

La familia Alves, de Braga, recorre uno de los itinerarios de peregrinación más duros y exigentes con sus tres hijas, de siete a diez años, que desmontan el mito de que viajar con pequeños es más difícil

La familia Alves pisa ante la escultura del peregrino en la Praza da Constitución.  | BERNABÉ/ JAVIER LALÍN

La familia Alves pisa ante la escultura del peregrino en la Praza da Constitución. | BERNABÉ/ JAVIER LALÍN

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A Estrada

Viajar con niños no es fácil, según dicen muchos padres. A veces son impacientes, se cansan pronto o requieren una mayor atención. Si ir de vacaciones puede resultar un reto, hacer el Camino de Santiago todavía lo es más. No obstante, la familia Alves desmonta este prejuicio. Desde hace tres días realizan el Camiño da Geira e dos Arrieiros, uno de los más exigentes y menos acondicionados para llegar a Compostela. Sus rutas, mayoritariamente por tramos forestales, son duras incluso para los adultos, pero las tres pequeñas Alves no solo las han disfrutado, sino que consideran este itinerario su favorito.

Ana Moreira y Renato Alves son un matrimonio natural de un pueblo próximo a Braga. Junto a sus tres hijas —Julieta (7), Isabel (9) y Clara (10)— suelen hacer escapadas a la naturaleza, ya que toda la familia disfruta de la desconexión en entornos naturales. Hace un par de años realizaron el Camiño Portugués, una experiencia que les dejó un buen sabor de boca, aunque no acabó de colmar sus expectativas. «Las niñas disfrutan mucho de los paisajes naturales y, en este itinerario, había muchos tramos por carretera, así que para esta ocasión buscábamos algo diferente», dice Moreira, que recibe la aprobación de sus hijas a través de varios asentimientos de cabeza.

Buscando entre las diferentes opciones, decidieron apostar por el Camiño da Geira e dos Arrieiros. Después de tres días caminando, el jueves llegaron a Codeseda, y lo que más les llamó la atención, además de la cantidad de paisajes silvestres y animales salvajes que encontraron a su paso, fue la amabilidad de la gente. «Debe de ser la primera vez que ven a niños pequeños hacer este camino, porque allá donde íbamos a ellas les regalaban caramelos, piruletas... Les daban de todo», nos cuenta la madre.

Su experiencia con otras rutas de peregrinación les permite comparar y afirman, tanto Ana como Renato, que A Geira cuenta con una enorme belleza. «Se lo recomendamos a todo el mundo; es difícil, pero precioso», señala el padre.

Eso sí, cuando se escoge emprender esta ruta —especialmente con niños— es muy importante llevar todo planeado al milímetro. «Una cosa que tiene A Geira es que hay muchos kilómetros sin restaurantes, albergues o lugares donde hospedarse. Es importante que lleves todo muy bien mirado; si no, puedes tener problemas», sostiene Moreira. De hecho, la falta de establecimientos para descansar y comer supuso que tuviesen que llevar su almuerzo preparado en alguna de las etapas. «La más complicada quizá sea la de Beariz. No hay ninguna señal, tuvimos que mirar todo por el GPS, el camino está menos cuidado y tampoco hay restaurantes ni bares para descansar», añade la peregrina.

En esta línea comparten una anécdota: «El miércoles nos encontramos con un chico de la República Checa. Nos dijo que se había aventurado a hacer este camino, pero que no había mirado albergues con antelación, pensando que sería como otros más transitados, en los que con seguridad acabas encontrando algo. Llegó la noche y no tenía dónde quedarse, así que lo acogimos en nuestro alojamiento».

Estos gestos son, al fin y al cabo, los que hacen de la peregrinación una experiencia transformadora, que aporta unos valores que Julieta, Isabel y Clara ya reciben desde pequeñas.

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